“Debemos pensar una izquierda posprogresista, antipatriarcal y profundamente ecológica”

“No hay nada que festejar con el fin del ciclo progresista en América latina”. Con esas palabras inició su exposición la socióloga Maristella Svampa. No obstante, remarcó: “No podemos dejar de hacer un balance desde las perspectivas críticas”. Investigadora del Conicet e integrante del Grupo Permanente de Alternativas al Desarrollo, Svampa acaba de publicar ‘Del cambio de época al fin de ciclo. Gobiernos progresistas, extractivismo y movimientos sociales en América Latina’.

Por Leonardo Rossi

Durante más de una hora, la intelectual punteó los principales ejes de su último trabajo e intercambió algunos análisis coyunturales con el auditorio. “Sabiendo que el escenario actual empeora ese fin de ciclo, donde se intensifica el extractivismo, el cercenamiento de derechos sociales y la represión de la protesta, tenemos que analizar el ciclo progresista y ver cómo algunas narrativas políticas nos sirven para tender puentes”.
En esa línea, Svampa retomó una idea que dejó plasmada en el libro: “No sabemos hasta dónde el giro conservador que hoy se opera en América Latina permitirá abrir una nueva conversación con aquellos otros colegas y activistas que hasta hace poco promovieron activamente a los progresismos realmente existentes, afirmando que ésta era ‘la única izquierda posible’. Si acaso ese diálogo fuera posible, la tarea que nos aguarda es sumamente compleja y difícil, pues se trata de pensar colectivamente una izquierda posprogresista, que conjugue a la vez justicia social y antipatriarcal, con justicia ecológica. Sin la intersección de esos tres ejes en un único horizonte, creo humilde y sinceramente que hay escasas posibilidades de reformular las izquierdas, en un sentido verdaderamente democrático, plural y emancipatorio”.
La crítica al extractivismo
Un planteo central del nuevo libro se centra en destacar el rol de los movimientos sociales como el actor clave en abrir un nuevo escenario de cara al cambio de época que finalmente decantaría en una serie de gobiernos progresistas en la región. Fueron la Guerra del Agua en Bolivia (2000) y las luchas, encabezadas por los movimientos piqueteros, entre fin de 2001 y 2002 en Argentina, entre otros, los antecedentes que marcaron la agenda crítica al neoliberalismo.
Svampa describe la aparición de los progresismos (Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay, Nicaragua y etapas en Paraguay y Chile) como eje central de la política, caracterizados –más allá de los matices—por tener una lengua común (lingua franca): cuestionamiento al neoliberalismo, políticas heterodoxas, políticas sociales de inclusión y creación de espacios regionales. Estas narrativas, plantea, muchas veces apuntaladas desde los movimientos “colisionaron al calor del ‘boom de los commodities’” para dar paso a “modelos en clave desarrollistas extractivista”, que van desde el impulso a la megaminería y el agronegocios hasta la instalación de mega-represas, pasteras e intensificación de la matriz petrolera ahora bajo la cuestionada modalidad de fractura hidráulica. “El cierre de los debates sobre modelos de desarrollos alternativos fue una de las características de estos gobiernos”.
La autora ubica el periodo 2007-2009 como el momento donde se marca claramente “una grieta crítica al extractivismo”. En ese sentido, desde los gobiernos “se redobló la apuesta”, bajo lo que denominó ‘consenso de los commodities’. “En Argentina con el Plan Estratégico Agroalimentario (2010), en Bolivia con la carretera del TIPNIS (2011), en Venezuela el proyecto del Arco Minero en el Orinoco (2012), y el avance con la hidroeléctrica de Belo Monte en Brasil pese a las advertencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”. En esta línea, enfatizó que esta conflictividad se traduce en que “América Latina es la región del mundo con más asesinatos de activistas ambientales en los últimos años, según relevó OXFAM”.
Límites del ciclo
Otro eje crítico se centra en los aspectos socio-económicas que dejaron los progresismos.
En otra línea, aborda la crítica a los denominados ‘populismos infinitos’. Svampa aclaró que lejos está su crítica del “vampirismo” del término que “ha hecho la derecha política y mediática, que lo liga al despilfarro y al autoritarismo”. “Tampoco comparto las versiones apologéticas”, agregó. “Es algo mucho más complejo que tiene que ver con aspectos democratizadores y otros que no; con la inclusión de los excluidos y la intolerancia a otras temáticas; con la reducción del espacio político al ellos/nosotros que empobrece y expulsa otras miradas; y con una alianza de clases más allá de la retórica que incluyó pactos con el gran capital”.
En este apartado, la investigadora diferenció casos como el de Argentina y Ecuador, a los que calificó como “populismos de clases medias que hablan en nombre de las clases populares”, en tanto que Bolivia representaría un caso más típicamente encabezado por sectores populares; y Venezuela que ha experimentado en torno a la democracia participativa. Como lugar común, remarcó que pese a las expectativas iniciales, “no hubo gobierno de los movimientos sociales” sino que “siempre se buscó el control o la tutela de los mismos”.
La última crítica abarcó aspectos que atraviesan el “’Fin de ciclo’: la caída de precios de los commodities, el fracaso del regionalismo y la dependencia con China”. A la luz de estos hechos, sostuvo: “No podemos olvidar el momento histórico del ‘No al Alca’ en Mar del Plata construido por los movimientos sociales en articulación con los presidentes”. A su entender, “UNASUR terminó siendo un espacio de consolidación del IIRSA (COSIPLAN)”, que tiene por objeto principal diseñar una infraestructura regional atada a los interesas extractivistas, y ahí “hay que tener en cuenta el rol de Brasil, que juega en otras ligas”. “Nadie dice no negociar con China, sino que hay que ver cómo se da ese vínculo, con qué intereses, y si es como bloque o cada uno por separado”.
El presente, resistencia y esperanza

Tras un punteo por los temas del libro, Svampa dio lugar a algunas preguntas. Consultada por el actual escenario en Argentina, Svampa caracterizó al gobierno de Macri como “una derecha aperturista neo-empresarial que no es repetición de los noventa”. “Es una derecha que hace política social, pos-política, ligada a las ONGS y a la Iglesia que disputa territorio”. Además remarcó “la ceguera de clase” que presentan los funcionarios. “Hay cosas que no pueden comprender, y esa mirada de clase es muy violenta: se vio con el tema Desaparecidos, o el ejemplo de Esteban Bullrich hablando de la Campaña del Desierto, algo que para él está bien”. Desde su óptica, este gobierno “no ve derechos, ve abusos” cuando los sectores populares son beneficiarios de políticas públicas. “Es un gobierno no consolidado, que tiene cada vez menos margen, pero ciertamente hay estabilidad. Aún aprovecha bien el esquema binario (con el kirchnerismo) para sacar ventaja, por lo que quedan pocas posibilidades de abrir la agenda más allá de esa disputa”, reflexionó.
Por último, planteó que si bien su trabajo es desde una mirada crítica de izquierda, “no podemos caer en que todo fue negativo, hay mucho para recuperar de los progresismos en lenguaje y en derechos conquistados”. En este presente, valora tres narrativas del “campo de la resistencia” que entiende abren horizontes de esperanza: “La de los movimientos territoriales de raigambre piquetera amenazados por el hambre, por caso el trabajo de la CTEP; el colectivo ‘Ni una menos’, que no sólo se enfoca en los femicidios sino que ha planteado una base de temas de los que hoy la agenda de los partidos no puede prescindir; y los movimientos socio-ambientales, que desde la periferia están cada vez más presentes”.

Fuente: http://latinta.com.ar/2017/07/debemos-pensar-una-izquierda-posprogresista-antipatriarcal-y-profundamente-ecologica/

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