El clima y la meteorología están fuera de contexto

El cambio climático es el principal reto ambiental del siglo XXI. En los próximos años, por desgracia tendremos que enfrentarnos a situaciones meteorológicas que pondrán en cuestión nuestro actual modelo de sociedad, agrícola, de consumo… 

Aún estamos a tiempo de no situarnos en el peor escenario posible, pero lo que no cabe duda es que estaremos dentro de un contexto de calentamiento global. Desde la época pre-industrial la temperatura media del planeta no ha dejado de aumentar. La emisión de gases efecto invernadero (GEI) que se han ido acumulando en la atmósfera han provocado que el balance radiativo se haya desequilibrado. Entra más radiación solar de la que puede salir, provocando el conocido como “efecto invernadero”, y que, por consiguiente, nos está llevando a un calentamiento global. Si en 1980 la concentración de CO2 era de 380 partes por millón, en la actualidad sobrepasamos los 400ppm. De hecho, el año pasado se batieron los récords históricos de CO2, óxido nitroso y metano; además, este último gas tiene varias veces más capacidad de forzamiento que el dióxido de carbono. Algunos estudios apuntan a que nunca antes en la historia del planeta se han alcanzado estos niveles.

Jonathan Gómez Cantero

La temperatura media del planeta ha aumentado a un ritmo de 0,07ºC por década desde 1880, pero la velocidad de calentamiento aumentó a partir de 1970 con una tasa promedio de 0,17ºC. Los mares no han escapado al calor. Su temperatura se ha llegado a incrementar en 0,75ºC.
Desde el principio del siglo XXI, nuestro planeta ha experimentado cinco años de récord de calor: en 2016, 2015, 2014, 2010. Los dieciséis años más calientes que se tienen registros han sido este siglo a excepción de 1998, cuando hubo un fuerte episodio de El Niño.
Es verdaderamente preocupante que las anomalías de temperatura cada vez sean mayores y que, además de batirse el récord de temperatura media del planeta, se batan también los récords nacionales. No debemos quedarnos tampoco sólo con la idea de que las temperaturas sólo tienden a crecer, que también, sino entender que el clima cada vez se vuelve más extremo.
Al igual que tenemos récords por calor, también los tenemos por temperaturas mínimas, por excesos de lluvia y por sequías meteorológicas.
Fuente: Datos NOAA. Extraído de Cazatormentas.com

Algunos ejemplos de estos extremos anómalos los hemos visto en los últimos años. El mes de marzo de 2013 fue el más húmedo en España desde que en 1947 comenzaran a tomarse datos. Reino Unido registró en 2015 su mes de diciembre más lluvioso lo que se reflejó en severas inundaciones e importantísimas pérdidas. Ese mismo año, en enero, Dublín duplicó su media de lluvias convirtiéndose en un nuevo récord desde 1948.
No tenemos que olvidar tampoco otros fenómenos que rompieron todos los esquemas. La temperatura de la superficie terrestre del Ártico fue 2ºC superior a la media entre 1981 y 2010, superando en 0,8ºC los récords de 2007, 2011 y 2015 desde que los registros comenzaran en 1900. La banquisa también alcanza sus mínimos desde que hay registro por satélite en los años más recientes.
La Antártida alcanzó máximos entre 2012 y 2014 pero en cambio ahora tiende a disminuir a gran velocidad. En noviembre registró una extensión cinco veces inferior a la media y en las últimas semanas hemos visto como se desprendía un iceberg del tamaño de La Rioja.
Anomalía de temperatura de enero a junio de 2016. NASA

En nuestra retina también quedarán los grandes desastres. La temporada de huracanes del año 2005 se considera la más activa desde que existen registros. Los 31 ciclones tropicales formados en sus diferentes categorías, agotaron la lista de nombres preestablecida y hubo que pasar al alfabeto griego. El huracán Katrina se cobró más de 1.800 vidas en Estados Unidos; el huracán Vince y la Tormenta Tropical Delta llegaron a las Islas Canarias, algo inédito.
La realidad climática actual
Ya puede parecernos hasta normal, y puede que incluso nos hayamos acostumbrado a ello, pero estas situaciones están cambiando los ecosistemas, alterando los ritmos naturales, teniendo un fuerte impacto en la agricultura y también en las sociedades.
no sólo fue 2016 el año más caluroso, sino que de enero a septiembre cada mes fue el de temperaturas más altas a excepción de junio
2016 ha sido hasta ahora el año más cálido desde que existe registro instrumental. La Organización Mundial de la Meteorología (OMM), dependiente de Naciones Unidas, confirmó que el año pasado, la temperatura media del planeta se situó entre 1,1ºC por encima de la media registrada en la era preindustrial. Y no sólo fue 2016 el año más caluroso, sino que de enero a septiembre cada mes fue el de temperaturas más altas a excepción de junio.

En España fue un año muy cálido, con una temperatura media de 15,8ºC, valor que supera en 0,7ºC al normal. Se trató del sexto año más cálido desde el comienzo de la serie en 1965 y el quinto más cálido de lo que llevamos de siglo XXI. En cuanto a precipitaciones fue húmedo en el conjunto del país. La precipitación media se situó en torno a 682mm, lo que supuso un 5% más que el valor normal.
El año concluyó con severos episodios de precipitación torrencial en litoral mediterráneo. Algunos observatorios de Alicante, Valencia y Murcia acumularon cientos de litros por metro cuadrado.
En este año 2017 nos estamos enfrentando a otro sinfín de récords a nivel nacional y a temperaturas máximas extremadamente altas.
La primavera que hemos dejado atrás ha sido la más cálida jamás registrada en España según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Entre el 1 de marzo y el 31 de mayo, la temperatura media fue de 15,4ºC, lo que equivale a 1,7ºC por encima de la media para este intervalo (con un periodo de referencia que va de 1981 a 2010).
El mes de junio tuvo un carácter extremadamente cálido, con una temperatura media en España de 24,1ºC, valor que supera en 3ºC a la media de este mes para el mismo periodo de referencia. Sufrimos una ola de calor, la primera del año, en esta estación, y algunos observatorios llegaron a batir su récord absoluto de calor, y eso que aún estábamos en primavera.
Serie de temperaturas medias en España en el trimestre marzo-abril-mayo (1965-2017). AEMET

No ha sido el aire el único que se ha calentado. La superficie del mar experimentó un calentamiento significativo en mayo y junio en el Mediterráneo, especialmente en Baleares, con una anomalía respecto a la media de los últimos años que alcanzó los 3,56ºC. Según SOCIB (Sistema de Observación y Predicción Costero de las Islas Baleares), todo el Mediterráneo occidental ha estado sometido a un calentamiento intenso durante junio, que no se ha dado del mismo modo en el Mediterráneo oriental, donde las anomalías han estado más cercanas a 1°C.
El mes de julio en España ha sido húmedo y muy cálido en su conjunto. La temperatura media ha sido de 24,9ºC, nada menos que 0,9ºC por encima de la media histórica del mes. Ha sido el octavo julio más cálido desde 1965. No podemos olvidar las precipitaciones torrenciales que provocó en la zona centro una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) que provocó varios récords de precipitación caída en 24 horas. A nivel mundial ha sido el segundo mes de julio más cálido desde que hay registros, especialmente en zonas de la Europa mediterránea.
La ola de calor que sufrimos a mediados de julio marcó registros que pasarán a la historia. Hasta entonces se establecía en Murcia la temperatura más alta registrada en el país, con 47,2ºC. Durante esta ola de calor, Montoro (Córdoba) llegó a alcanzar 47,3ºC. Debido a que estas estaciones son de segundo orden, se ha decidido sacarlas de las estadísticas por un tema de fiabilidad científica. El récord lo ostenta Córdoba aeropuerto con 46,9ºC, que se alcanzó el 13 de julio. Para el caso, décima arriba o décima abajo, estamos hablando de temperaturas extremas y que son incluso un riesgo para la vida.
Por el contrario, en Chile y Argentina sufrían un invierno extremadamente frío. En Santiago, se producía una nevada irrepetible desde hacía décadas, y en Bariloche (Argentina) registraban la temperatura mínima absoluta para ese observatorio, nada menos que 25,4ºC bajo cero.
Algunos observatorios han batido su récord de calor nocturno con temperaturas máximas muy altas, pero días después, Castellón vivía la noche más fría en julio y agosto desde 1998
En la primera semana de agosto, algunas zonas de nuestras costas mediterráneas han registrado temperaturas mínimas extremadamente altas, que en algunos casos no han bajado de 30ºC con niveles de humedad por encima del 70%. Algunos observatorios han batido su récord de calor nocturno con temperaturas máximas muy altas, pero días después, Castellón vivía la noche más fría en julio y agosto desde 1998.
El planeta está en la senda del calor
Ninguna zona escapa al cambio climático. Estos días conocíamos un nuevo gráfico de la NASA que mostraba las anomalías de temperaturas en distintos países de todos los continentes. Los resultados son claros y visibles. La temperatura no deja de subir.
El problema es que cada vez estamos sufriendo más a los “nuevos normales”. Temperaturas que antes eran extraordinarias, ahora empiezan a ser normales. Hace años, temperaturas de 35ºC o 36ºC se traducían en calor intenso, este verano estamos viendo como estos mismos valores se llegan a traducir en un alivio para los ciudadanos. Es entendible si venimos de varios días con máximas superiores, el problema está en que, aunque psicológicamente nos parezca “llevadero”, estamos bajo condiciones meteorológicas de riesgo.
Cuando la temperatura del aire supera los 37ºC, comienza un serio problema para la salud ya que sobrepasa el calor corporal. El cuerpo se resiente, se consume más agua y no puede refrigerarse bien. Estas situaciones de calor extremo y continuado pueden llegar a provocar una sobremortalidad del 55% especialmente en ancianos y enfermos con patologías previas.
Es especialmente por las noches, cuando el cuerpo no descansa, cuando se empiezan a producir fallos nerviosos y físicos que pueden acabar en una situación fatal. Los golpes de calor también existen, pero el número de fallecidos es menor, aunque eso no quiere decir que haya que combatirlos y adaptar distintos trabajos al aire libre a estos escenarios.
La ola de calor del año 2003 dejó miles de fallecidos en toda Europa, especialmente en Francia, sobre todo personas mayores. Nuevos estudios apuntan a que los desastres naturales podrían matar a más de 150.000 personas al año en Europa dentro de un siglo, especialmente las olas de calor.
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Si no cambiamos, lo sufriremos
Estos días conocíamos estadísticas de preocupación ciudadana. En segundo lugar, se encuentra el cambio climático, por detrás del terrorismo. Algunos países tenían el cambio climático en primera posición. Los ciudadanos empiezan a ver lo que esto supone.
Dentro de unos años, la pobreza energética se agudizará. Igualmente habrá grandes diferencias entre los que puedan y no adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. Terriblemente tendremos que ver millones de refugiados climáticos que por la subida del nivel del mar, las sequías o las inundaciones tendrán que dejar sus hogares.
Son cientos las razones que nos deberían llevar ya, urgentemente, a cambiar nuestro modelo energético, abandonando cuantos antes los combustibles fósiles. Cuanto más tardemos en actuar, más sufriremos los impactos porque peor irán siendo los escenarios a los que tendremos que enfrentarnos. No será de extrañar que los productos básicos y de primera necesidad, como una barra de pan, vean subir su precio debido al cambio climático y el problema de escasez hídrica al que se tendrán que enfrentar los campos agrícolas españoles.
La revista Nature Climate Change publicaba un artículo desalentador: investigadores de la Universidad de Washington concluían que hay un 90 por ciento de probabilidad de que a finales del presente siglo la temperatura media haya aumentado entre 2ºC y 4,9ºC. En concreto, pronosticaban que la temperatura media rondará los 3,2ºC de aumento. Si esto ocurriera, el clima no sería parecido en nada a en nuestro país y podríamos ver la desaparición de ecosistemas tal y como los conocemos, pero también tendríamos que cambiar nuestro modo de vida.
Todo depende lo que tardemos en actuar. Gobiernos, empresas, ciudadanos, asociaciones… deben ponerse cuanto antes manos a la obra. Por suerte, el medio ambiente y el cambio climático se abren hueco en la agenda política. Ahora lo que hace falta es pasar a la acción y conseguir a nivel mundial una reducción drástica de los GEI, porque sólo así podremos evitar que el cambio climático siga volviéndose más severo.
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Jonathan Gómez Cantero es Geógrafo–Climatólogo especializado en riesgos naturales y cambio climático. En el año 2015 publicó el libro “El cambio climático en Europa 1950-2050 Percepción e Impactos” con tirada europea. Fue revisor del 5º Informe del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), participó en la Cumbre del Clima de París (COP21), elaboró para la Fundación de Cajas de Ahorros un estudio sobre los efectos del cambio climático en el PIB. Ha sido asesor internacional, investigador, ha dado decenas de conferencias por todo el mundo, clases en la Universidad… colabora activamente con decenas de medios de comunicación y desde hace meses trabaja en el Departamento de Meteorología de Castilla-La Mancha Media como “chico del tiempo”
Fuente: http://ctxt.es/es/20170816/Politica/14463/cambio-climatico-temperatura-extrema-calentamiento-global.htm - Imagenes: Efectos del huracán Katrina en la ciudad de Nueva Orleans, Estados Unidos. Septiembre de 2005.
U.S. National Oceanic and Atmospheric Administration

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