EDITORIAL DE HORIZONTE SUR



Pusieron en marcha en los años ochenta y en los noventa, un proceso de
producción de comodities y un modelo de agro exportación que, a través de los
sucesivos gobiernos, habidos desde entonces, continuaron alentando con políticas
públicas favorables a las empresas, y que profundizaron hasta el paroxismo con
el nuevo milenio: dependencia a las Corporaciones transnacionales, minería a
cielo abierto, sojización y producción de agrocombustibles. Ese modelo que
instalaron o que naturalizaron, ahora les estalla entre las manos, tanto en
Formosa como en Villa Soldati. Y unos y otros, tanto gobierno cuanto oposición,
no saben qué hacer con los muertos sucesivos que se les acumulan en la foja de
servicios... Han vaciado sistemáticamente de población los territorios para
dedicárselos a la soja GMy ahora el despoblamiento deviene en una avalancha de
desheredados de la tierra que se les vuelve en contra reclamando más planes
asistenciales, más viviendas y en especial lugares para vivir en los conurbanos
de pobreza extrema, que el sistema ha predispuesto para ellos, pero con los que
no se da abasto, porque son cientos de miles los que llegan y desbordan
absolutamente toda infraestructura previsible y por supuesto, la capacidad de
gobernar de una casta parásita de intendentes y de gobernadores incompetentes...
Que además, esas avalanchas humanas de desposeídos y desarraigados por el
Agronegocio, no solo provienen de nuestro propio territorio, sino que provienen
también de los territorios vecinos, adonde en años anteriores enviáramos
ilegalmente las malditas semillas de Monsanto, esa soja transgénica argentina
que en Río Grande so Sul llamaban Maradona, porque no había con qué darle, y con
la que invadimos Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia, contrariando sus propias
leyes respecto a los transgénicos y obligándolos a entrar en un modelo
productivo frente al que ni siquiera les dimos el derecho de elegir. Durante
años, las dirigencias corruptas e incapaces, tanto de la derecha como de la
izquierda, que a esta altura ya no puede dudarse que tan solo se diferencian por
la retórica, intentaron apaciguar el hambre y el desamparo consecuencia de la
nueva colonización, con planes asistenciales, acostumbraron a los pobres a vivir
en hábitats de fealdad y de hacinamiento casi inconcebibles, sobre antiguos
enterramientos tóxicos, en zonas rodeadas de deshechos, en barrios de viviendas
hechos con paneles sintéticos como los que permitieron a las Madres de plaza de
mayo y a Shoklender construir un imperio de la construcción prebendaria del
Estado bobo. Pero además, permitieron que esas poblaciones fueran tomadas como
rehenes por las mafias políticas y permanecieran sometidas a liderazgos
autoritarios y sin mayores escrúpulos como los de DElía y los de la CCC, o acaso
a los punteros del pejotismo y a los barrios de pie, negándoles a esos
recienvenidos a las periferias urbanas de pobreza, los derechos elementales a
la seguridad y a la legalidad, que simultáneamente pretendían otorgar a quienes
habían sufrido la dictadura militarâ. Hoy se sorprenden cuando los narcos los
han reemplazado con éxito en ese sistema de punteros y de clientelismo
asistencializado que durante años practicaron en connivencia con el crimen
organizado, como si acaso los condenados y emigrados de la República Unida de la
Soja hubiesen tenido entre los unos y los otros, demasiadas opciones.
Ahora, tal vez por mera acumulación de torpezas o porque los celulares
despóticos de Lupín dejaron de sonar en los despachos funcionariales, todo
pareciera comenzar a colapsar, y cuando el conflicto estalla, los salpica de
sangre y de barro... y no sólo eso, sino que además, los exhibe desnudos ante
los cortesanos, como aquel Rey del cuento, al que todos aplaudían porque
supuestamente el traje con que vestía solo podían verlos quienes no eran necios.
En realidad puede que no veamos los ropajes del rey desnudo, pero lo que sí se
ve con claridad, es algo que anticipáramos muchas veces: el Kirchnerismo no dejó
atrás el 2001, simplemente lo congeló como a una fotografía vieja y de familia,
esas que se guardan en cajas de recuerdos que los herederos abren cuando el
finado se marchó. Durante años se jactaron de que no se reprimía mientras se
acumulaban las consecuencias de prolongadas políticas de domesticación social, e
insistían en la práctica de patear los problemas para delante, se acrecentaban
las condiciones para que el próximo estallido fuera peor que los anteriores...
¿De cuántos muertos son responsables, solamente en estas últimas semanas? Y el
hartazgo cunde en derredor, la falta de proyecto nacional es absoluta, la
gobernabilidad se extravió entre negocios turbios, cuentas en el extranjero y
cenas en restaurantes de lujo en Las Cañitas. Ahora no solo Salta y Jujuy,
gracias en buena medida a la Milagros y a otras organizaciones de la izquierda
consentida y prebendaria, han dejado de ser parte de la Argentina real que
conocíamos, sino que aquí nomás en BA, los desarrapados del sistema MERCOSUR,
convertido por obra y gracia del progresismo, en un templo corporativo y
fariseo, encuentran nuevos liderazgos en la narco política, mientras los otros
pobres, aquellos arribados algunos años antes, ahora crispados por el terror a
la inseguridad, disparan sus armas desde las ventanas de sus departamentos sobre
los sin casa y sin cobijo...
La presunta dirigencia mira sin comprender esta tragedia reiteradamente
anunciada, tal como en el tango de Discépolo, y aprovecha la ocasión, tan solo
para pegarle a los adversarios y pretender sacar réditos en función de un 2011
que ya nadie podría asegurar que llegará, al menos tal como lo planeaban... Son
decididamente ineptos y contumaces. Y lo peor es que nos continúan arrastrando
hacia el desastre... Son oriundos de provincias inmensas como Santa Cruz y como
Chubut, provincias más extensas que muchos países europeos y a la vez menos
pobladas que el territorio de Groenlandia. No hacen sin embargo, ni siquiera un
gesto demagógico por tratar de radicar población alguna en el propio feudo, no
sea cosa que alguno se lo tome en serio y decida irse para la Patagonia,
pareciera que están convencidos que aquellos lares son sólo para hoteles cinco
estrellas y mansiones de lujo de quienes pueden disfrutar a piaccere de los
lagos y de los paisajes cordilleranos.
Mientras tanto el país continúa urbanizándose y ahora también, favelizándose
rápidamente. El cuarto cordón del gran Buenos Aires, comienza decididamente a
cruzar la Ruta 6, el segundo camino de cintura a casi sesenta km del centro de
Bs As. Vamos aceleradamente hacia la conformacíón de una megalópolis extendida
que puede llegar a unir Zárate y Campana con la ciudad de La Plata. Una enorme
verruga urbana que crece como una metástasis, y que crece sin conducción ni
gobierno, sobre un territorio vaciado de población y expuesto a las nuevas
amenazas por parte de los países ricos que, pretenden ahora solucionar su
inseguridad alimentaria, mediante enclaves productivos sobre América Latina,
África y la Europa del Este. Me refiero a los acaparamientos de tierras, o sea,
a la pérdida de tierras por adquisiciones a gran escala por parte de empresas o
estados extranjeros, ya sea por compra, arrendamiento u otras formas de control,
para destinarlas a la producción agrícola industrial, es decir alimentos,
forrajes, agrocombustibles u otras comodities agrícolas. Hasta ahora la mayor
adquisición de tierras en la Argentina es la que han realizado los Chinos en la
Provincia de Río Negro sobre más de 320 mil hectáreas, en este caso destinadas a
la producción agrícola bajo técnicas de riego. Es la nueva fase del modelo
productivo, cuyo análisis e interpretación, el común de la militancia considera
al margen de lo político. Realmente, podemos entender que muchos jóvenes no se
propongan cambiar al país como fuera nuestra pasión en otras épocas, sino tan
solo reformarlo un poco y gradualmente, tampoco demasiado. Demasiados dolores
pasados por los argentinos justifican tal vez, miradas más moderadas y visiones
más escépticas sobre la posibilidad de cambios en profundidad. Lo que nos parece
inadmisible es que se confunda la militancia con los compromisos rentados, que
los altos sueldos justifiquen lealtades y acatamientos sin debates. Nos parece
inadmisible que se extravíen los sentimientos en defensa de la nacionalidad, que
pese a ocupar puestos oficiales, la patria no signifique nada para muchos de
ellos y que el problema de los enclaves chinos en la Patagonia sea tan sólo el
que nos van a rociar con Glifosato y no el que nos arrebatan la Soberanía. Nos
parece inadmisible que se empeñen en cultivar un marxismo de manual para
colonizados y que muchos terminen aseverando el disparate de que abrir el
territorio a los chinos es un modo de luchar contra el imperialismo yanqui. Nos
parece inadmisible que, en medio de la actual colonialidad, nos hablen de volver
a lo nuclear y que nos digan que puede haber una Biotecnología nacional y hasta
semillas transgénicas que por ser hechas en Cuba se califican de "socialistas".
Nos resulta inadmisible que se conformen burbujas de pensamiento autoritario que
subordinen la conciencia a las instrucciones que se bajan desde el poder
mediante programas manipuladores como 6, 7 y 8, y que todo problema o conflicto
sea visualizado en función de las rencillas absolutamente mezquinas y
coyunturales de los que ocupan los puestos de poder.
Estamos en un final de fiestas con borracheras y con muertos, un final de fiesta
en que seguramente no haya ganadores sino dolor y rechinar de dientes. El único
sistema de conducción del Estado que ha prevalecido es el de los sobres con
dinero que determinan una autoridad y una pirámide de poder. Pero ese sistema ya
no es suficiente para gobernar esta Argentina salvaje, desarticulada por los
agronegocios, en que ni siquiera restan los paisajes en los que se basaba
nuestra identidad cultural, ya que los monocultivos y la deforestación han
barrido con todo, y en la que, en medio del gran hacinamiento urbano, nos
estamos enfrentando los unos contra los otros, desgarrándonos como fieras, con
odio, con violencia, con disparos y cuerpos destrozados. Las imágenes que, una
vez más, exhiben con obscenidad las cámaras de televisión, hablan por sí mismas
de límites en la gobernabilidad y en la total ausencia del Estado.
Definitivamente, no merecemos este destino, tampoco merecemos esta clase
dirigente con inversiones en el exterior en prevención de su retirada. Hoy más
que nunca vale que levantemos las banderas del nacionalismo revolucionario en
hermandad con los pueblos hermanos de nuestra América mestiza, que levantemos
las banderas de un ecologismo capaz de recuperar el espíritu de la tierra y
retomar el proyecto de aquel país que alguna vez soñamos ser. Hemos perdido el
rumbo por bastante tiempo en los meandros del camino, pero podemos recuperarlo.
Que así sea.
Jorge Eduardo Rulli
http://horizontesur.com.ar/radio/
POR LA AM 690