Argentina: Reflexiones desde una pequeña ONG

Lic. Silvana Buján

Ultimamente, y debido a la visibilidad que ha tomado el problema sanitario de los residuos de biocidas en los alimentos y en el ambiente, hemos recibido numerosas consultas. Como BIOS ONG estamos leyendo las inquietudes que debieran dirigirse a las autoridades de salud del país o de cada una de las provincias. Estas inquietudes van desde cómo conseguir alimentos libres de tóxicos, hasta los efectos en la salud que estas sustancias producen.

No es fácil escuchar a una madre preguntándonos qué significa que le haya aparecido glifosato en la orina, o dimetoato en la sangre de su hijo.
Conocer este tema, claramente puede generar que las personas nos paralicemos al enfrentar un problema tan grande que nos parece que se halla fuera de nuestro alcance poder modificar.  Y eso no es cierto.
Hay varios aspectos que solemos remarcar cuando nos consultan:
Cuál es el límite máximo permitido diario de pan?
Cuál es el límite máximo permitido diario de mate? 
Los límites máximos permitidos en cada alimento, especialmente los vegetales.
Es éste un agujero negro. Nadie sabe quiénes han resuelto ese “número mágico” que dice que puedo consumir 0,05 mg/k de determinado tóxico en mi comida. ¿Por dia? ¿por hora? ¿por semana? ¿si peso 50 kilos? ¿si peso cinco kilos y soy un bebé que come puré? ¿si soy un anciano? ¿si soy un adolescente en desarrollo hormonal? ¿si estoy inmunodeprimido?
Además, ese número mágico no contempla que nos alimentamos a diario de una variedad de alimentos, que portan varias, muchas, diversas sustancias, por lo cual no comemos UN SOLO límite admisible de una sola sustancia, sino muchas sustancias juntas, a la mañana, al mediodía, a la tarde y a la noche. Ese cóctel, nunca nadie lo ha estudiado.
Resulta virtualmente imposible responderle a esa madre o determinar qué nos va a pasar si comemos varias cantidades de diferentes sustancias, ya que las verduras no vienen con un cartel que indica qué tóxicos trae adentro, y por otro lado, cada uno, usted, yo, su pequeño hijo, tenemos diferentes masas corporales, somos lábiles o alérgicos o reactivos a diferentes sustancias, fumamos o no fumamos, tenemos alguna enfermedad o no, por lo cual, esos Límites Máximos Permitidos caen en un abstracto pavoroso que nos instala frente al abismo de la incertidumbre.
La dudosa ciencia
Estallan en todo el planeta las evidencias de que científicos mercenarios han sido pagados por quitar importancia a los efectos sobre la salud y los ecosistemas de cientos de sustancias tóxicas (tal como sucedió con el tabaco) y que las empresas fabricantes de estas sustancias han financiado campañas electorales en varios países. ¿Qué confianza depositar sobre las evaluaciones que las agencias sanitarias de esos países hacen sobre la toxicidad de las sustancias que fabrican sus amigos?. 
Además, nunerosos otros científicos, los que investigan por el afán de saber, están a gritos diciendo todo lo contrario de lo que dicen esos señores que preguntaron a quienes los contrataban hace años, ¿”qué número quieren que ponga en mi publicación”?
Las evidencias en nuestros cuerpos, nuestras familias, nuestros amigos.
En todo el mundo se visibilizan al fin las víctimas de los agrotóxicos en la forma de índices disparados de diabetes, cáncer, malformaciones, problemas neurológicos, infertilidad, celiaquía. ¿Qué esperanza podemos poner en los mecanismos de control que vemos que no han controlado nada?.
Y el modelo insiste 
Vemos que se promueve a las buenas prácticas agrícolas como la solución al problema. Resulta una canallada ocultar que éstas no toman en cuenta la contaminación crónica, el etiquetado fraudulento, la evaporación de los tóxicos luego de las aplicaciones, la cadena de externalidades contaminantes que van desde los envases hasta los accidentes fortuitos, la imposibilidad del control certero (alguien ha visto alguna vez un inspector analizando qué tiene realmente el tanque del aplicador que está saliendo a fumigar? Qué mezcla ha hecho y si acaso conincide en algo con lo que dicen los papeles? Además, ninguna institución sanitaria ha investigado nunca qué sucede en el cuerpo humano con las mezclas, los cócteles, los surfactantes, los coadyuvantes, que se aplican. 
El hambre en el mundo
Llevamos más de medio siglo escuchando que esta agricultura tóxica resolverá el hambre en el mundo. Más allá de que un porcentaje gigantesco de esta agricultura industrial es para forraje y oleos, y no para comer, el hambre en el planeta cada día se extiende más.
También se desnuda que fueron los fabricantes de estas sustancias las que instalaron la idea de que sólo así podemos comer, a través de poderosas campañas de prensa a lo largo de las décadas, coptando o comprando universidades, funcionarios e investigadores.  Miles de ejemplos de agricultura orgánica en el mundo entero y especialmente en Argentina y Europa muestran que nos han mentido.
Nuestra certeza
Nada de ésto estaríamos diciendo si la producción de alimentos fuese agroecológica, porque dejaríamos de tener que preocuparnos por todas estas cosas, y produciríamos alimentos sanos, manteniendo, a la vez, los ecosistemas en funcionamiento y nuestros cuerpos saludables.
Vemos el cuadro de situación con claridad meridiana, y nos preguntamos si la vida del ambiente y de todos nosotros puede seguir en riesgo por un grupo de comerciantes de veneno que mantiene de rehén a la Vida en todas sus manifestaciones.

Fuente: BIOS Argentina www.bios.org.ar - RED NACIONAL DE ACCION ECOLOGISTA  - www.renace.net - Imagen: ‪difunde la evolucion - blogger‬

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