FUKUSHIMA, Y EL TSUNAMI NUCLEAR





 

 
Osvaldo Nicolás Pimpignano – Iniciativa Radial
 
El reciente azote natural y tecnológico que sufrió Japón resulta una apocalíptica paradoja. Hace poco mas de seis décadas, en ése mismo país se inició trágicamente la era nuclear. Fue en ocasión, de que los EE.UU. obtuvieran el poco ilustre título de ser la única nación en la historia de la Humanidad, en atacar con armas atómicas a su enemigo.
 
           Desde entonces el mundo soporta, consiente o inconscientemente, a quienes pregonan las bondades del uso pacífico de la energía nuclear, con argumentos variados: el cuidado del medio ambiente, la soberanía de las naciones, las bondades del desarrollo tecnológico, industrial y médico, que garantiza una práctica totalmente segura…. Sin olvidar, por supuesto, las ventajas de mitigar el Cambio Climático, que tanto los preocupa, al mismo tiempo que algunos de sus connacionales, con similar capacidad de lobby, lo niegan sistemáticamente.
           Varios mitos nucleares, se han desmoronado en Fukushima, el primero y más cruel, el de la absoluta seguridad, ya que quedó demostrado que la seguridad nuclear no es ni siquiera relativa. Japón era hasta pocos días antes del 11 de marzo, (en que fuera desplazada por China), la segunda potencia económica y tecnológica del mundo. Sin embargo, ser la tercera en el concierto de las naciones no es poca cosa, aunque en Fukushima les sirvió de muy poco.
           Se demostró que de las posibles opciones energéticas, la nuclear no es ni segura, ni limpia y abre el debate sobre si además, es pacífica, ya que el “incidente Fukushima”  está en camino de ser tan mortífero como las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki.
           Pero este Tsunami nuclear, está alcanzando inimaginables lejanas costas, como las estadounidenses, francesas, alemanas, suecas y belgas. Y no solamente con niveles de radicación que han aumentado, sino en el despertar de inimaginables decisiones políticas sobre el mantenimiento de las centrales nucleoeléctricas.   
           Mientras tanto, en la principal potencia nuclear del mundo, hay un fuerte debate entre legisladores, activistas y por supuesto la industria atómica. Los Estados Unidos debaten sobre el futuro, en particular de su propio país y no es para menos, todavía no se enfrió el recuerdo del siniestro  de  1979, ocurrido en Pensilvania con el reactor de Three Mile Island.
           La discusión hace centro en las posibilidades de Washington, para enfrentar una crisis similar a la que se vive en Fukushima. Y porque esta discusión presenta nada menos que de los 104 reactores nucleares en territorio estadounidense, 35 utilizan sistemas similares a los afectados en Japón. Algunos congresistas del gobernante Partido Demócrata, cuestionan hoy su seguridad.
           Les preocupa en particular un reactor fabricado por Westinghouse y actualmente en revisión por la Nuclear Regulatory Commission (NRC), que ha fallado ante las pruebas de impactos sísmicos. Según aseguró un ingeniero de la NRC,  la estructura contenedora interna del reactor AP1000 era tan frágil "que podría destrozarse como un vaso de vidrio" ante la presión generada por un terremoto.
           Por su parte a los ciudadanos franceses no les preocupaban sus 58 reactores nucleares. No fueron consientes que constituían alguna amenaza, hasta que Japón comenzó a tener problemas en las centrales de Fukushima. Francia es el miembro de la UE, con más centrales nucleares y el que más depende de esa fuente de energía, en el mundo, nada menos que el 80% de la misma. Lo más preocupante es que en Francia, nunca se puede estar a más de 300 kilómetros de un reactor.
           Hasta ahora los ciudadanos galos prestaban escasa atención a los reclamos de los activistas que denunciaban la precariedad de las plantas nucleares. Sin embargo las consultas realizadas por la prensa, revelan una mayor preocupación y una mirada positiva sobre una política menos dependiente de la energía atómica.
           Quizás un analista de política internacional relacionaría esta dependencia energética francesa con su iniciativa de bombardear Libia, un plan que tiene luz verde desde noviembre pasado. Los misiles disparados sobre Libia tienen algún componente nuclear. Los hay con cabeza revestida de uranio empobrecido o los que sólo tienen uranio empobrecido en los estabilizadores. El impacto produce una nube de residuos cuya dimensión es variable. Después de una violenta combustión de unos 5000ºC esparce partículas contaminantes minúsculas en un radio variable de entre 500 y 1000 Mts. y que continuara matando a miles de civiles en los años venideros… en “defensa” de los derechos ciudadanos libios.
           Por su parte Alemania, el segúndo miembro de la UE en cantidad de reactores nucleares puso sus barbas a remojar y cuatro días después de la tragedia, aplazó por tres meses la extensión ya decretada, de la vida útil de 17 reactores nucleares, y un día después paralizó "temporalmente",  las 7 centrales más antiguas de Alemania. El gobierno alemán reaccionó de esta manera el problema, aunque, en su país el  riesgo de terremotos, es mínimo comparado con el Japón.
       Hasta el 17 de marzo de 2011, diez de los 31 países que poseen reactores nucleares, anunciaron la paralización de nuevos proyectos y dispusieron una profunda revisión de su seguridad. 
                En Latinoamérica también hay preocupación por la energía nuclear. Brasil avanza en sus proyectos de Angra dos Reis, 170 kilómetros al sur de Río de Janeiro. Angra I, inaugurada en 1985, ya prolongó su vida útil y tiene una potencia de 657 megavatios, mientras que Angra II opera desde 2001 y produce 1.350 megavatios. En 2010 se retomó la construcción de Angra III, que producirá otros 1.350 megavatios para 2015.  Pero Brasil no solo contempla la  instalación nucleoeléctrica, sino también la construcción de submarinos nucleares, con la aparente finalidad de “proteger el petróleo” recientemente descubierto en su plataforma marítima. La visita del presidente de los EE.UU. a Chile habría tenido entre otras finalidades la de concretar un “convenio nuclear pacifico”.
Chile es un  país sísmico de alto riesgo y hace poco más de una año un terremoto, seguido de Tusumani lo azotó. Dada su configuración geográfica, en Chile todo queda cerca del mar.
           Por su parte la sociedad civil argentina también alza su voz de alarma, y entre otras escuchamos la de la RENACE (1) que celebró su 34ª Asamblea Anual en Saladillo, Buenos Aires, los días 2 y 3 del corriente y donde se reiteró que, “ratifica su más absoluto rechazo al plan nucleoeléctrico argentino, continuista del elaborado por los regímenes militares que contemplaban el funcionamiento de seis centrales nucleares para producir energía”. La RENACE también exigió un plebiscito y un debate público sobre la matriz energética necesaria, e ideal para nuestros pueblos y los de América Latina en su conjunto.
           En nuestro país se está construyendo una central atómica (Atucha II), sin que se conozca la evaluación de impacto ambiental que ordena la Ley General del Ambiente. ¿Es probable que no se hayan hecho las actualizaciones de diseño requeridas en el ámbito internacional después del desastre de Chernobyl? Esperemos que la ARN rápidamente nos diga que estoy equivocado y publique el EIA pertinente.
           La Lic. Silvana Bután, periodista y Presidente de BIOS (2) hace pocos días publico que está tratando de conseguir datos sobre las condiciones de seguridad de las centrales atómicas argentinas, sin lograrlo. “Quien esto escribe intenta, infructuosamente desde hace exactamente dos años, realizar un reportaje a quien al ARN designe sobre estos temas”. afirmó Buján.
 
           Mientras tanto el Gerente de Relaciones Institucionales de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Gabriel Barceló, descartó que lo ocurrido en Japón pueda suceder en Argentina, afirmando que nuestro país "usa una diferente tecnología y además no estamos en zona sísmica".  Pero no todos acuerdan con esta declaración, en especial por la tendencia de los técnicos nucleares a confiar en la infalibilidad de los sistemas nucleares (desmentida en los hechos) y la minimización de estos acontecimientos. Para muestra un botón: hemos escuchado en reiteradas oportunidades afirmar que en Chernobyl murieron 35 personas, en alusión a quienes estaban junto al peor momento de la explosión, considerando “daños colaterales” o “muertes naturales” a los bomberos y a los soldados enviados a intentar mitigar la catástrofe, además de la población local y de países vecinos alcanzados por la radiación.
           Retomando las declaraciones de Gabriel Barceló, desde Córdoba el Presidente de FUMAN, Dr. Prof. Raúl A. Montenegro (3) opina que esta afirmación es incorrecta, dado que, “las tecnologías son diferentes pero los materiales radiactivos que se manejan son igualmente peligrosos y los sismos, por otra parte, no son la única causa de accidente nuclear. Cualquier reactor puede sufrir un accidente nivel 7”, afirma Montenegro para agregar que, “Ese máximo accidente posible puede ser el resultado de varios factores, aislados o que actúan en forma simultánea”.
           Esta última afirmación del Dr. Montenegro nos recuerda, que en la catástrofe de Fukushima intervinieron tres factores diferentes, terremoto, tsunami y paralización del sistema de refrigeración por fallas eléctricas.
           Montenegro abunda sobre la actividad sísmica en nuestro país y destaca entre otros elementos, que la central de Embalse,  en Córdoba está localizada sobre la falla de Santa Rosa, en una región donde ya se han registrado movimientos sísmicos de magnitud 5,5 e intensidad VII en 1947 y magnitud 6,0 e intensidad VIII en 1934.
            Jorge Remes Lenicov, (4) embajador argentino ante la Unión Europea señaló“hay fuertes intereses energéticos en juego. Modificar el patrón energético mundial acarrearía un 0,7 del PBI mundial. Ese es el meollo de la cuestión, el pasaje hacia energías más limpias implica muchísimo dinero para los países centrales”. Y Europa contabiliza en conjunto unas 150 centrales atómicas. “Es indudable que los intereses desplegados durante esta crisis son fuertes y no sólo en Europa, también en China y los Estados Unidos. Simplemente, porque “la energía mueve algo así como el 5 por ciento del PBI internacional. Esto implica unos dos trillones de dólares”. Finaliza Remes Lenicov.
 
Sin dudas el tema nuclear tiene un final abierto, roguemos porque sea un final lejano y saludable…
 
Osvaldo Nicolás Pimpignano -   Periodista de Investigación  osvaldopimpignano@gmail.com
INICIATIVA RADIAL – Miembro de RENACE (011) 1560008634 www.renace.net

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Masiva protesta en Tokio contra las centrales nucleares

Unas 17.000 personas protestaron hoy en Tokio contra las centrales nucleares al grito de “No necesitamos Fukushima”, en referencia a la crisis atómica que desató el terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo en Japón.

Tokio. Japón. EFE.-
Los manifestantes se desplegaron en varias zonas de la capital japonesa, entre ellas la sede de Tokyo Electric Power (TEPCO), operadora de la central nuclear de Fukushima Daiichi, que tiene serios problemas en cuatro de sus seis reactores y emite radiación.
 Según la televisión NHK, unas 2.000 personas marcharon por la mañana convocadas por ocho asociaciones antinucleares para pedir el cierre de todas las centrales que utilizan combustible atómico de Japón.
 En Koenji (en el norte de la capital) se congregaron unas 15.000 personas en la tarde de hoy, según el recuento realizado por la agencia local Kyodo.
 Según indicaron participantes a Efe, la marcha fue convocada por internet con el objetivo de protestar contra la energía nuclear en un ambiente festivo, aunque acompañados de un cordón policial.
 Los manifestantes gritaron consignas para exigir el cierre de la central de Fukushima y a favor de las energías alternativas.
 Los representantes de las asociaciones presentes pidieron también el cierre de la planta de Hamaoka, en la provincia de Shizuoka, ya que consideran que corre un alto riesgo de sufrir un daño similar al de Fukushima Daiichi si es golpeada por un tsunami.
 El terremoto de 9 grados del 11 de marzo, del que mañana se cumple un mes, destrozó por la fuerza del tsunami posterior los generadores de energía que refrigeraban los reactores de Fukushima, lo que provocó varias explosiones y emisiones de radiactividad.
EFE

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LA UAC Y LA ENERGIA NUCLEAR
 
Pronunciamiento de la UAC (Unión De Asambleas Ciudadanas)  ante la desinformación capciosa  de las autoridades nucleares en el orden nacional e internacional, la confabulación informática de los organismos mundiales de energía atómica, el despectivo silencio oficial acerca de lo sucedido en Fukushima y el plan nuclear argentino.
La Asamblea N° XV, reunida en Colón , provincia de Entre Ríos,  los días 25, 26 y 27 de marzo de 2011, ratifica su más absoluto rechazo al plan nucleoeléctrico argentino, continuista del elaborado por los regímenes militares que contemplaban el funcionamiento de seis centrales nucleares para producir energía. La UAC exigió también un plebiscito y un debate público sobre la matriz energética necesaria e ideal para nuestros pueblos y los de América Latina en su conjunto.
El silencio del gobierno argentino con respecto a la catástrofe atómica de Fukushima deja al desnudo la incompetencia, la inoperancia y el menosprecio de quienes tienen el deber de velar por la vida de los ciudadanos  y el destino de la nación. El mutismo expone al ridículo al gobierno argentino frente a las declaraciones que con urgencia asumió el llamado primer mundo al replantearse la actividad nuclear en sus territorios, constituyendo urgentes moratorias. También hubo declaraciones de preocupación de Brasil y de Chile, pero Argentina se limitó a la más absoluta mudez, tal vez castigado el gobierno por la inminente  (inoportuna e imprudente) puesta en servicio de la nucleoeléctrica Atucha II.
La UAC, desde su formación, viene exigiendo la restitución territorial de la minería uranífera, y el cumplimiento del PRAMU, Proyecto de Remediación de las Minas de Uranio, residuos que las autoridades nucleares abandonaron de manera negligente y con promiscuidad genocida, y el retiro urgente de los desechos radiactivos instalados en las llamadas “trincheras de Ezeiza”, en contacto directo con el acuífero Puelche, aún en litigio judicial.  La UAC exige la detención inmediata de todas las exploraciones y explotaciones de uranio en el país y demanda paralizar Atucha II, que desde su origen, ofrece gruesas irregularidades técnicas en su construcción eludiendo normas de seguridad requeridas pos  efecto Chernobyl, y peticiona una investigación neutral sobre el estado de las nucleoeléctricas Atucha y Embalse para que se proceda a su inmediato decomiso al haber caducado su vida útil, conforme a especificaciones de los organismos rectores en la materia.
La UAC comunica a la población la necesidad de movilizarse con el objeto de paralizar todas las construcciones nucleares, entre otras razones, por haberse omitido las consultas populares pertinentes según lo establece la ley nacional 24804, artículo 11, “todo nuevo emplazamiento de una instalación nuclear relevante deberá contar con la licencia de construcción que autorice su localización, otorgada por la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y con la aprobación del estado provincial donde se proyecte instalar el mismo”; vale para el patético caso de la planta de enriquecimiento de uranio por difusión gaseosa, en Pilcaniyeu, entre otras instalaciones inconsultas en etapa de construcción. Los estados provinciales deberían, por derecho constitucional, haber plebiscitado los proyectos nucleares relevantes.
La desinformación en torno a las actividades nucleares es moneda corriente y las comunicaciones oficiales un cúmulo de falsedades, como las observadas en los medios de difusión a través de técnicos de la CNEA, preocupados por declarar que en Chernobyl murieron solamente 35 personas, cuando se cuenta por millares los habitantes ucranianos que perdieron la vida, bomberos que sucumbieron “invitados” a apagar el incendio, y setecientos mil soldados arrojando materiales sobre el núcleo del reactor a razón de tres minutos de exposición cada uno; la gran mayoría ignoraba el poder de la radiación. En Fukushima mencionan a “medio centenar de héroes”, en este caso inmolados porque sabían a que estaban expuestos. Pero según nuestros registros, la catástrofe de Fukushima es cinco veces más peligrosa que Chernobyl, albergando cinco veces más combustible radiactivo que el de la planta soviética. 
La UAC acuerda que la energía nuclear es insegura, no es limpia ni barata y se halla subsidiada por los respectivos países, incapaces de definir el valor real del kilovatio hora. A la fecha, no existe repositorio de desechos radiactivos de alta actividad en el mundo, y  algunos países aún discuten la forma de su gestión definitiva.
La radiactividad altera las células de información genética, es sutil y acumulativa y se desconocen el volumen y las reales consecuencias de la liberada por los reactores de Japón obligando a los técnicos responsables afirmar que es cuestión de tiempo poder observar la evolución del colapso nuclear de Fukushima, considerado de extrema gravedad por su impacto no sólo en la región asiática sino en el resto del mundo.
No existe central nuclear que no haya emitido dosis radiactivas significativas al exterior. Sería tedioso enumerar aquí miles de circunstancias de fugas radiactivas provocadas por la actividad humana, que deliberadamente fueron minimizadas y ocultadas, como en los casos de la norteamericana Three Mille Island, en Pensilvania, el Chernobyl de la URSS y el Fukushima actual. El planeta es sacudido, una vez más, por emanaciones radiactivas que perdurarán eternamente y cuyas consecuencias son impredecibles. No solo preocupan los 250.000 años de vida activa del plutonio, letal para toda forma de vida, exposiciones al estroncio 90 ó  al cesio 137, con sus noventa y  treinta años de vida media, respectivamente, son suficientes para producir miles de casos como el de Goiania, en Brasil; el yodo 131 es uno de los radionucleidos involucrados en las pruebas nucleares atmosféricas, desde  1945. Se encuentra entre los radionucleidos que han producido y continuarán causando aumento del riesgo de cáncer durante décadas y siglos venideros. El yodo 131  aumenta el peligro de cáncer y otras enfermedades de tiroides, bombardeando desde allí al resto del cuerpo.  El yodo 129 (con un periodo de semi-desintegración de unos 16 millones de años) se puede producir a partir del xenón 129 en la atmósfera terrestre, o también a través del decaimiento del uranio 238. El estroncio 90 y el cesio 137 son tan letales como el equivalente a 1.000 bombas atómicas de Hiroshima. Y tal generación, tal poder, es lo producido durante un año por una planta nucleoeléctrica de 1.000 megavatios. Pero en toda fuga radiactiva, los radionucleidos nacidos de la fisión nuclear son muchísimos, tan peligrosos unos como otros, la mayoría acuña la condición de alta actividad, obligando a miles de generaciones futuras a convivir con ellos, a mutarse a través de ellos. 
La UAC, en consecuencia, sostiene la necesidad urgente de impedir la actividad nuclear en el país y se compromete a luchar activamente por impedir procesos semejantes en los países limítrofes y en el resto de América Latina. Los movimientos sociales, asambleas de todo el país, colectivos y organizaciones no gubernamentales que integran la UAC vienen elaborando propuestas y debates en torno a la matriz energética futura. Esas ponencias denuncian al mismo tiempo  al lobby nuclear que se aferra a políticas corrompidas por la falacia del poder del átomo, a la burocracia oficial y a la ignorancia gobernante que dan continuidad a proyectos que ya caducaron, reemplazados en gran parte del mundo, salvo que esta nación impulse el desarrollo bélico nuclear, lo que motivaría otro tipo de comunicado y de pronunciamiento.

 UAC-Unión de Asambleas Ciudadanas
Comisión Prensa y Comunicación
UAC Unión de Asambleas Ciudadanas

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