HidroAysén o la metafísica de la fuerza






José Andrés Murillo


En 1936, Edmund Husserl, filósofo fundador de la fenomenología, advirtió a la sociedad europea de los peligros de un desarrollo técnico científico sin conexión con el sentido de lo humano ni con el sentido del mundo. Su advertencia consistió en una revisión crítica de la historia de las ciencias. Desde el siglo XVII, descubrimientos científicos fueron abriendo enormes posibilidades técnicas a la sociedad europea, lo que la llevó a pensar que el único sentido posible era el progreso. Progreso infinito, progreso sin sentido, acumulación de fuerzas sin orientación alguna. La fuerza se orientaría a sí misma, guiada tal vez por una suerte de mano invisible. De este modo, la potencia que iba adquiriendo Europa no necesitaba ni justificación ni orientación, menos aún sentido.
Husserl advertía acerca de la violencia y el delirio que implica acumular fuerzas que se disocian del sentido del mundo y del sentido existencial de lo humano. Esta acumulación de fuerzas sólo podía terminar en un conflicto mundial de proporciones inimaginables. Husserl murió un año antes de comenzar la Segunda Guerra, como habiéndola profetizado. Murió humillado por su discípulo, Heidegger, que lo expulsó de la Universidad alemana por ser judío.
El mismo año 1936, Walter Benjamin, filósofo de la cultura, reflexionaba sobre la pobreza de experiencia de una humanidad que experimentaba la violencia pura. Claro que experiencia no era la capacidad de utilizar herramientas, máquinas poderosas, aparatos que necesitan destruir la tierra para poder funcionar, sino el lento y comprometido arte de habitar humanamente el mundo, integrar lo humano en el mundo.
La pobreza de experiencia significa la disociación, la ruptura, la desconexión entre las capacidades técnicas, la potencia tecnológica y el sentido de estas capacidades y fuerza. Una sociedad puede gastar sus recursos en buscar más poder energético para poseer más energía y ejercer más fuerza, guiados por la mano invisible de la Metafísica de la Fuerza. Pero también puede gastar recursos en preguntarse por el sentido de esta energía y fuerza.
La política, arte originalmente sublime, nació para cuestionar, guiar y construir un mundo más humano, y no para crear más recursos y distribuirlos. Esta última tarea era considerada despectivamente como económica, es decir, doméstica. En un momento de la historia de occidente, como demuestra Hannah Arendt, se cambiaron los roles. La política se transformó en mera distribución de recursos, regulación y ejercicio de violencia legítima. Había cambiado radicalmente su rol histórico. La pregunta por el sentido de los recursos se fue haciendo incómoda y se reemplazó por la búsqueda de mayor eficiencia de los procesos de desarrollo. Por supuesto que la pregunta por el sentido obstaculizaba la eficiencia.
En 1939, entonces, estalló la Segunda Guerra Mundial, y la humanidad había sido advertida. Decenas de millones de muertes, bombardeos civiles, campos de concentración, tortura y exterminio, regímenes totalitarios y bombas atómicas. Una guerra así sólo fue posible gracias a un agudo y eficaz desarrollo técnico científico, gracias a la multiplicación de las fuentes de energía de la humanidad. La Matriz acumuló energía, algunos se enriquecieron, todos se empobrecieron de experiencia y fueron testigos de la barbarie en el corazón mismo de la humanidad desarrollada.
Fue un discípulo de Husserl, el filósofo checo, Jan Patocka, quien llamó Metafísica de la Fuerza a este referente único de orientación de la humanidad del siglo XX, siglo XX que él mismo llamó el siglo de las Guerras y del dominio técnico científico; el siglo en el que el hombre aprendió a dominar las cosas y no se dio cuenta de que terminó siendo dominado por ellas.
En la discusión acerca de la construcción de las represas en la Patagonia y la destrucción de una amplia pero también significativa superficie de su territorio, me hace eco este dilema.
La bandera de lucha a favor de Hidroaysén es el desarrollo, la necesidad de crear, tener y disponer de más energía y poder. Pero la pregunta por el sentido no se ha escuchado aún. Tal vez porque esta pregunta podría retrasar su construcción, y el tiempo no es medido como la posibilidad de ser cada vez más humanos: el tiempo es oro.
Pero Chile y la humanidad nos merecemos esta pregunta por parte de las autoridades. Nos merecemos que la discusión no se reduzca al miedo a un hipotético apagón o las tentaciones del poder, de los negocios sabrosos, sino del sentido humano de ese mismo poder.  

http://www.eldinamo.cl/blog/hidroaysen-o-la-metafisica-de-la-fuerza


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HidroAysén: la problemática más allá del proyecto

Marco Enríquez-Ominami
Ex diputado y ex candidato presidencial. Presidente del Partido Progresista.

El rechazo mayoritario de la ciudadanía a la aprobación, por parte del Gobierno, para la instalación de la represa de HidroAysén, tiene varios aspectos a considerar:

En primer lugar, el proyecto sería llevado a cabo por dos empresas para la producción de energía eléctrica en Chile, Endesa y Colbún, lo que reproduce el repugnante espectáculo de un país duopólico, no sólo en las actividades económicas, sino también en el poder político.
En segundo lugar, el organismo que decide la aprobación o rechazo de los proyectos,  ambientales está compuesto por funcionarios, quienes por lógica, deben seguir las órdenes de sus jefes inmediatos, es decir, los ministros. En el caso de HidroAysén la imprudencia ha llegado a  tal grado, que el Presidente de la República y el ministro del Interior han manifestado, claramente, su apoyo al proyecto, lo que equivale a una orden para los funcionarios subalternos-.
La emergencia de estos nuevos movimientos sociales, que no sólo se dan en Chile, están marcando el fin de una monarquía presidencial y el surgimiento de una ciudadanía que no está dispuesta a ser manipulada por las obsoletas direcciones políticas y que se muestran  cada día más exigentes respecto a la participación en la vida social: ¡de borregos, a ciudadanos!
En tercer lugar, las cúpulas políticas –sean éstas de la Concertación o de la Coalición por el Cambio– aisladas de los movimientos sociales, están dando un espectáculo sólo digno del “Circo de las Montini”: los payasos se dan golpes con palos bulliciosos y simulados. Tanto en la Concertación, como en la Coalición, hay un buen número de dirigentes que son partidarios de HidroAysén, ¿será porque tienen algún interés creado? A la larga, los ex ministros del gobierno anterior –como Bitar- repiten los mismos argumentos que el ministro de Energía actual.
En cuarto lugar, este gobierno se ve obligado a responder en mejor forma a los empresarios, que a los movimientos sociales, por consiguiente, se hace evidente que por el ADN el presidente Sebastián Piñera se sienta de acuerdo con el proyecto de HidroAysén.
En quinto lugar, los profetas del apocalipsis eléctrico, que se solazan vaticinando apagones, pienso que están errados: Chile tiene aún bastantes reservas energéticas, que emergen de los proyectos vigentes, por lo demás, en los países más desarrollados del mundo, se están privilegiando las energías renovables no convencionales (ERNC): Dinamarca, un 30%; Alemania, un 20% y, España, 12% y el uso eficiente de la energía, punta de lanza de sus propuesta energéticas.
En sexto lugar, la mayoría de los ciudadanos chilenos está a favor de la energía hidroeléctrica, pero en contra de la destrucción de la Patagonia y el anegamiento de sus tierras, cosa muy distinta son las pequeñas centrales de paso. En un artículo del diario El Mercurio se denuncia cómo Endesa abandonó a los Pehuenches que apoyaron el proyecto  Ralco, sumiéndolos en la pobreza y el aislamiento. Nadie puede desear para la Región de Aysén el mismo escenario.
En octavo lugar, a pesar de los pronósticos de quienes se suponen especialistas en políticas del medio ambiente, que plantean la disyuntiva entre termoeléctricas e HidroAysén -una especia de círculo vicioso- está claro que en una matriz diversificada las energías renovables, que no son sólo la eólica y solar, sino que hay que agregar la geotérmica, mareomotriz, la bioenergía, y otras,  a mediano plazo podrían ocupar un tercio y aún más de los sistemas interconectados. Más aún el último informe del IPCC, elaborado por más de 1.000 expertos, académicos y especialistas, señaló que “de aquí a 40 años más el 80% de la demanda eléctrica puede ser cubierta por las energías renovables, si se cambian las reglas bajo las cuales operan los mercados energéticos nacionales y mundiales”.
En noveno lugar, durante todos los años de gobiernos del duopolio han mostrado incapacidad para planificar una matriz energética diversificada con un horizonte, al menos, de treinta años. Si visualizamos a largo plazo, está claro que las energías renovables tendrán un precio similar o menor a las vigentes hoy.
En décimo lugar, la masividad de las manifestaciones contra la construcción de la represa HidroAysén no pueden ser explicadas solamente como una respuesta ecologista: los movimientos sociales expresan un rechazo a la educación con fines solo de lucro, a un sistema político que los ignora – y por tanto los margina– y a un centralismo autoritario presidencialista que desprecia las regiones– como en el caso de Magallanes con el tema del gas -.
A mi modo de ver, la emergencia de estos nuevos movimientos sociales, que no sólo se dan en Chile, están marcando el fin de una monarquía presidencial y el surgimiento de una ciudadanía que no está dispuesta a ser manipulada por las obsoletas direcciones políticas y que se muestran  cada día más exigentes respecto a la participación en la vida social: ¡de borregos, a ciudadanos!

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