Los indignados de Barcelona dan pelea





Entre tablados, puestos y carpas, los indignados cuentan sus historias mientras trabajan en computadoras para la difusión mundial de las actividades del 15-M. Remake con acento español de la película argentina.

Por Eduardo Fabregat
Desde Barcelona

Es un fantasma que recorre Europa, que ocupa horas y horas de noticieros y análisis, que gana la calle, que tiene un derrotero incierto, un final abierto. Es, a ojos argentinos, una película conocida, rodada a fines del siglo pasado, ahora en una remake con acento español. El argentino escucha a Rodríguez Zapatero y Rajoy discutiendo en el Congreso, echándose culpas y enrostrándose acusaciones; el argentino vuelve a escuchar la teoría del ajuste como salvataje y panacea y tiene ganas de gritarle a la tele, a los personajes de corbata, que no hagan caso de esa línea de argumento, que uno ya vio la película y termina mal. Muy mal.
“La gran cantidad de personas que se ha mostrado en ciudades aliadas a la idea del movimiento 15-M demuestra que la gente está dispuesta a movilizarse por objetivos comunes, y a partir de ellos continuará esa causa común”, dice Héctor, integrante de la Comisión Internacional de Comunicación de la Acampada Barcelona de Plaza Catalunya, allí donde empiezan o terminan (según de dónde se mira) las Ramblas. La plaza muestra una actividad de indignados mucho más intensa y organizada que la vista en la Puerta del Sol madrileña al día siguiente del 19-J. Hay tablados, puestos y carpas, algunas en el piso y otras en los árboles. Hay construcciones como ésta donde habla Héctor, con gente trabajando en computadoras para la difusión mundial de las actividades del 15-M. “Quiero que quede claro que hablo a título personal de un movimiento horizontal en el que cada quien representa sus propias palabras y todos nos representamos a todos. Estamos en el trabajo de conseguir puntos en común con el resto de la ciudadanía. Y es un movimiento organizado y articulado a partir de las carencias de una sociedad que no nos representa y que no nos ha dado respuesta a nuestra problemática social. El 19-J fue un punto de partida para saber cuánta gente ese día pudo seguirnos y sabemos que hay muchos más.”
En la otra punta de la vía donde patea todo el turismo está el monumento a Cristóbal Colón, y esa oposición parece adecuada. Para muchos españoles de a pie, la España conquistadora terminó en el corset de la Zona Euro, y el descontento encuentra varias caras. Pedro, un pensionado que sacude su cabeza ante el espectáculo de la plaza, enumera males europeos: “Tenemos una moneda muy fuerte que es una fuga de divisas para otros países, que no genera riquezas. Ya no hay naciones, hay Estados federales dentro de la Comunidad Europea, que es la que controla. Pero los políticos que tenemos aquí no controlan nada, nos están obligando y también nos obliga Bruselas, pero el sistema político de estos Estados no se pone de acuerdo. Alemania y Francia han consentido que la banca embargue y se apodere de los países, como Grecia. Tienen el país hipotecado, para pagar su hipoteca tienen que bajar sus costos, y resulta que esa gente va a empezar a moverse, porque si tú ganas cuatro y te quitan dos, protestarás. El gobierno y la banca alemana y francesa no quieren que ese país se hunda, porque España e Italia también están en la cuerda floja.”
En ese punto del discurso, al hombre hay que señalarle que al cabo tiene la misma indignación que esos tipos a los que mira con desconfianza. Pedro no recoge el guante: hace un giro inesperado y le pregunta al cronista que si sabe dónde está la solución, y sin esperar respuesta dice quién tiene que poner las cosas en orden, llamar a recato a los señores políticos. “Para levantar el país, el sistema político tiene que estar unido, y aquí no es así. Por intereses políticos o lo que sea, no les interesa estar unidos. Uno dice que es penalti y el otro dice que es fuera de juego. El árbitro tiene que poner orden y decir qué es lo que hay que hacer. Y aquí hay una persona que hizo mucho bien por el país, que es el jefe de Estado y debe hacerse cargo y arbitrar, y es el rey Juan Carlos”, explica, didáctico y futbolero, Pedro: un monárquico en el corazón del movimiento 15-M.
Mario es argentino. Mario llegó a Europa en 2005, desde Brasil, y de allí fue “convidado a ejercer el pensamiento en Europa, a trabar contacto con grupos anarquistas, comunistas, pensar las relaciones entre historia y política”. Mario tiene un tono entre militante y místico, pero sabe lo que quiere: “Descubrí que en Europa había una necesidad de madurar políticamente entre la gente joven, de darnos cuenta que nos estábamos comiendo entre nosotros en todo el mundo. Y bueno, ahora floreció esto, y hay muchos sistemas de burocracia en las asambleas que al final parecería que estamos imitando un modelo ya antiguo. Por eso ahora, justo hoy, entramos en una etapa de autocrítica, de revisión, de pensar cómo seguimos”. En el borde opuesto, en varios sentidos, una señora parece no querer responder a las preguntas. “Mira, mejor no te digo lo que pienso porque te vas a ir de aquí con mal sabor de boca”, empieza Victoria, que pasa de confesar su edad pero aparenta unos 75 bien largos, el pelo blanco en un rodete flojo. La anciana tiene un puesto de golosinas y globos en la Plaza, y cuando se la anima a igualmente decir lo que piensa, deja caer: “Yo estoy indignada de los indignados. Yo tengo que pagar mis gastos y no me pongo a dormir en las plazas. Tampoco tengo un duro y pago mis impuestos, y no sé qué pasa con eso”. Tampoco ella advierte que hay puntos de contacto entre su reclamo y el de los que sí duermen en las plazas, esa plata que desaparece en el pozo negro de la crisis.
Un fantasma, un malestar recorre Europa. Adopta caras, aspectos, sectores sociales y edades muy diferentes: si los hombres de traje creen que el movimiento 15-M es el único emergente, el reclamo más fuerte con el que deben lidiar en estos tiempos de alta turbulencia, estarán cometiendo un error táctico de alcance impredecible. Quizá deberían echarle un vistazo a una vieja película dramática argentina, filmada a fines del siglo pasado.

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