viernes, 29 de enero de 2016

Argentina: Un modelo científico al servicio de las empresas


Escrito por  Dario Aranda

Investigadora de la UBA y el Conicet, Mirta Varela cuestiona el modelo científico argentino, con investigadores al servicio de las empresas y complicidades con el extractivismo. Facultades socias de corporaciones transgénicas y un ministro que pasó del kirchnerismo a firmar decretos para el PRO.
 
Una nueva religión se impone con la bendición de los medios de comunicación, suma fieles a diario y cuenta con recursos del Estado y beneficios para las empresas. Su palabra parece definir qué es válido y qué no, justificar acciones y decidir sobre hechos que impactan en la sociedad. Se trata de “la ciencia” o, sus personeros, los “científicos”. Pero, rara vez, estos académicos cuestionan públicamente el modelo científico, silencian los desmanejos del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas) y no se preguntan qué ciencia se práctica y a quién beneficia. Mirta Varela, investigadora del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires, cuestiona el ámbito científico desde adentro mismo del sistema: “Es de una enorme irresponsabilidad no ver las consecuencias de fomentar este modelo de ciencia”.
El rol de los científicos, las estructuras clientelares, la persecución a los disidentes, la falta de autocrítica, las complicidades y un ministro que pasó del kirchnerismo al PRO (y que continúa fiel a las empresas transgénicas).   
Elecciones
Semanas antes del balotaje entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, numerosos académicos se movilizaron bajo el paraguas de la organización “Científicos Autoconvocados”. Realizaron muestras en lugares públicos (Plaza Constitución, Retiro, Rosario y Córdoba, entre otros), remarcaron la importancia de la ciencia (con “logros” como una nueva semilla de soja transgénica) y llamaron a votar a Daniel Scioli. Publicaron solicitadas, realizaron puestas en escena lavando platos (recordando los dichos de Domingo Cavallo durante el menemismo) y fueron muy activos en redes sociales. Tuvieron amplia repercusión en los medios ligados al kirchnerismo.
Mirta Varela escribió el 7 de noviembre una columna de opinión en Clarín. Cuestionó el posicionamiento de funcionarios e investigadores, en nombre de universidades y del Conicet, con recursos públicos y con fines partidarios. “Resulta penoso ver cómo quienes debieran salvaguardar el pensamiento crítico se han convertido en aplaudidores seriales”, cuestionó la investigadora del Instituto Gino Germani de la UBA.
Y los interpeló por su silencio ante el uso de agroquímicos, la megaminería y la eliminación de estadísticas de pobreza en el Indec.
¿Qué repercusiones tuvo de esa columna?
-Me llamaron y escribieron muchos colegas. Estaban de acuerdo pero paso seguido me decían “te inmolaste”.
¿Por qué?
-Es que son gestiones (del Conicet y la Facultad de Sociales) muy alineadas con el Gobierno (anterior) y las represalias no se hacen esperar. Se castiga la crítica a la ciencia hegemónica.
¿Por qué cuestionó el pronunciamiento de la Facultad de Ciencias Sociales previo al balotaje?
-Porque no hubo debate interno y porque funcionarios e investigadores no pueden utilizar el nombre de universidades y del Conicet con fines partidarios. Es inaceptable porque la UBA y el Conicet no le pertenecen a ningún gobierno, aunque en algunos casos se les haya aplicado una lógica clientelar, que castiga a los no alineados con el gobierno y el modelo científico. También me gustaría aclarar que no estoy en contra de la ciencia o de la inversión pública en ciencia. Estoy en contra de un modelo de gestión del conocimiento y de la falta de autonomía respecto de la política.
¿Cómo se dan las represalias en el Conicet o en la Universidad?
-Evaluaciones permanentes con criterios poco claros, negación de financiamientos o becarios. Son múltiples las formas y conocidas en el sistema científico. En la Facultad es más claro. Crean estructuras paralelas, cátedras, áreas con las mismas competencias para intentar vaciar las ya existentes. Me pasó en la Facultad con la creación de una revista paralela a la que hacemos (“Cuadernos de la Red de Historia de los Medios”).
Modelo
Recuerda una charla pública de Andrés Carrasco (embriólogo molecular que confirmó los efectos del herbicida glifosato y fue desprestigiado por Lino Barañao, autoridades del Conicet y los medios del agronegocios). “Súper razonable todo lo que publicó y muy tremendo como reaccionó el Conicet y el ministro Barañao, con ataques personales y desconociendo trayectorias y trabajos”, cuestiona.
¿Qué evaluación hace del Conicet en los últimos años?
-Se incrementó el modo en que el Conicet orienta el financiamiento a ciertos sectores con muchos cuestionamientos.
¿Por ejemplo?
-Hay proyectos digitados entre el Conicet, universidades e YPF para avanzar con el fracking (“fractura hidráulica”, una técnica muy cuestionada por sus aspectos ambientales y sociales). El Conicet avala eso, lo impulsa, y no dice nada de las consecuencias. Tampoco dicen nada muchos científicos que saben que eso sucede.
¿Es algo explícito y los científicos no lo denuncian?
-Entrás a la página del Conicet y son públicos los convenios y cofinanciamientos con industrias en pos de un proyecto. Son claras las políticas de muchísimos recursos para el modelo transgénico y, en los últimos años, con YPF y el fracking. Y claro que dejan de lado los grandes cuestionamientos que tienen esas actividades. Es de una enorme irresponsabilidad no ver las consecuencias de fomentar este modelo de ciencia. Los científicos ya no pueden negar los efectos de los agroquímicos, las enfermedades, las transformaciones en la sociedad, migraciones, la tierra en pocas manos. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Casi no se conocen, desde el ámbito científico, críticas públicas al Conicet o al Ministerio de Ciencia.
-No ha habido critica.
¿Por qué?
-El sistema científico premia al que repite y no al que innova. Y también premia a quien no cuestiona de dónde proviene el dinero de su investigación... tiene que ver con el incremento del financiamiento. A todos nos ha parecido beneficioso, pero también paralizó cualquier postura crítica. Hubo un claro aval a la política de más recursos, pero nada se dijo del modo en que se orientaban o se manipulaban esos recursos. Y al mismo tiempo sí ha habido una utilización del sistema científico como propaganda gubernamental. Es una idea muy errada de la ciencia y tampoco contribuye a ejercer la crítica desde la ciencia misma.
Al mismo tiempo hubo muchos recursos y posicionamiento, desde el kirchnerismo, de la importancia de “la ciencia”.
-Sí, claro, es que van juntos. Se señala el  valor de la ciencia pero se le quita autonomía. Se anuló la capacidad crítica de la ciencia y eso conlleva al desprestigio. Hubo un claro beneficio económico, con una extrema cuantificación del modelo de trabaja (solo importa cuántos “papers” publican), se transformó en un beneficio corporativo, sin cuestionar el modelo de ciencia y técnica y con una lamentable pérdida del rol crítico del científico. Así se explica que el ministro Barañao diga que los agroquímicos son como antibióticos, una barbaridad, y ningún científico le salga al cruce. Eso demuestra que estamos en problemas.
Sin embargo es todo un sello cuando habla alguien del Conicet.
-Ningún hecho es cierto ni está bien porque lo diga el Conicet. A esta altura es una cucarda y hay que cuestionarla. No podés pensar conocimiento si no pensás las estructuras de ese conocimiento y qué intereses la atraviesan. Si te financian para desarrollar transgénicos o para hacer fracking existe una clara línea ideológica y toma de posición ante la realidad. Por eso mismo hoy tiene menos valor pertenecer al  Conicet, tiene mucho que ver la pérdida de sentido crítico y eso devaluó a la institución. Muchos tienen miedo a perder esa cucarda que es el Conicet, pero hay que cuestionar el sistema desde adentro e impulsar cambios reales en las estructuras y visiones de ciencia y técnica.
¿Qué responsabilidad le cabe a los científicos en este modelo académico volcado al mercado en general y al extractivismo en particular?
-Les cabe toda la responsabilidad. Si los científicos contribuyen a producir conocimiento que permite el extractivismo o a legitimar con sus avales lo que realizan las empresas, o a promover un modelo económico o social que es concomitante con esas prácticas, les cabe toda la responsabilidad de las consecuencias ambientales y sociales que sus dichos o prácticas puedan acarrear. Si esto no fuera así, el conocimiento científico carecería de valor. En tanto investigadora de organismos públicos, mi deuda siempre es con la sociedad. Si los intereses entre el mercado y la sociedad entran en conflicto, no puede caber duda de qué lado pararse.
UbaNegocios
El correo institucional de la Facultad de Agronomía de la UBA lleva como título: “Apertura inscripciones 2016 de Posgrado en Agronegocios”. El “objetivo central” es "capacitar a empresarios, profesionales y funcionarios en el área de los agronegocios y alimentos" para la "gestión competitiva de las cadenas agroalimentarias".
Varela no salía de su asombro: “El Programa de Agronegocios de la Facultad de Agronomía (Fauba) explicita la función subsidiaria de la universidad respecto de las empresas”. Ingresó al sitio de internet de la Facultad y confirmó sus sospechas (y que en Agronomía suelen ser objetivo de publicidad): el “Departamento de Instituciones, Organizaciones y Estrategia” de la Fauba tiene entre sus clientes de “soluciones y consultorías” a YPF, Monsanto, Plusagro, Bayer, Advanta, Los Grobo y Bioceres, entre otros. Y el Laboratorio de Tecnología de Semillas de la Facultad tiene convenios vigentes con Monsanto, Dow, Don Mario y una decena de empresas del sector.
 “¿Qué tipo de auditoría y diagnóstico estratégico puede realizar la Facultad mientras sus laboratorios reciben dinero de esas empresas? 

Las preguntas que me impone la lectura de la página de la UBA son de dos tipos, de orden institucional y de gestión del conocimiento. En primer lugar, me impone preguntarme acerca del funcionamiento de la universidad de la que formo parte: ¿Cómo puede la universidad pública crear posgrados, laboratorios, investigación que sólo sirva para atender las necesidades de las empresas? La relación se encuentra invertida: la universidad no toma la iniciativa, no marca una agenda a la sociedad sino que se amolda a las necesidades de empresas cuyo único objetivo es obtener mayores ganancias. ¿Cómo es posible que la universidad pública audite empresas que financian parcialmente sus posgrados o laboratorios? ¿Por qué debería la universidad pública dedicar sus esfuerzos a estos fines? En este punto: ¿En qué se diferencia la universidad pública de una privada?”, cuestionó Varela.
En segundo lugar, apuntó a la división del conocimiento en la investigación y la docencia universitaria. “Parte del problema de la universidad y el Conicet es la extrema división de saberes cada vez más específicos que tiene como consecuencia inmediata desinteresarnos por cuestiones que tienen consecuencias evidentes sobre la sociedad y aceptar formar parte de instituciones que se nos obtura pensar en forma conjunta e integrada. Dicho de otro modo: ¿Por qué debería quedarme callada mientras la universidad de la que formo parte produce alimentos con empresas con cuestionamientos graves? ¿Por qué no debería cuestionar la persistencia de un modelo de explotación y desarrollo cuyas consecuencias ya han recibido críticas harto razonadas que comparto en tanto investigadora?”.
Barañao-Macri
El ministro Lino Barañao firmó el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que posibilitó que Macri avance contra la Ley de Medios. ¿Qué opinión le merece?
-Confirma que su política en el ámbito científico no parece exigirle coherencia de principios con otras políticas del gobierno anterior o del actual.
¿Por qué?
 -Probablemente porque responde directamente a intereses económicos, tanto en el gobierno anterior como en el actual.
Este hecho (que el Ministro vaya contra una de las banderas de la anterior gestión), no le ameritó críticas públicas de los científicos que habían salido a lavar platos.
-En principio, los científicos somos funcionarios de Estado poco habituados a enfrentarnos al Estado para el que trabajamos. Los científicos que salieron a lavar los platos lo hicieron en una coyuntura durante la cual su expresión fue avalada y estimulada por el gobierno anterior, durante el cual se habituaron a aceptar muchas medidas contrarias a sus intereses, siempre y cuando fueran llevadas adelante por políticos con los que se identificaban. La sola idea de un grupo autodenominado "Científicos con Cristina" obturó la posibilidad de un debate sobre las medidas del gobierno anterior y nos dejó muy mal parados para reaccionar ahora de manera específica y legítima. No se estimuló el hábito de poner en contacto una política con otra: el fracking y la expansión de agrotóxicos con las políticas de migración, de vivienda, de medios. Probablemente rechazan la derogación por decreto de la Ley de Medios pero actúan como si eso no tuviera nada que ver con el ámbito científico.
En política científica, ¿Macri es la continuidad del kirchnerismo?
-Sí. La continuidad simbolizada en Barañao va mucho más allá de un nombre y la orientación de la política parece ser la misma. Pero también creo que es razonable el temor a un desfinanciamiento para algunos sectores del sistema científico, frente al cual un conjunto de investigadores que apoyaron al kirchnerismo ya salieron a cuestionar a Macri. Eso es una novedad de esta etapa, ya que antes no hubo resistencias sino elogios. Pero el cuestionamiento surge del temor a la pérdida de presupuesto, no al cuestionamiento al modelo. No puedo hacer predicciones, sólo puedo ver que es una vía para la conservación de la estructura actual, no para su ruptura. Eso nos sigue dejando a los que no nos identificamos con esta política científica en un lugar aún más incómodo.
¿Cuál es la salida de este modelo científico?
-Hoy el modelo científico se encuentra orientado al desarrollo económico como si ése fuera el valor supremo y como si fuera un valor por sí mismo y no un medio para conseguir otros beneficios. Se valora la generación de una patente por el rédito económico que acarrea, antes que por los beneficios sociales que puede aportar lo que esa patente garantiza. Que los científicos estemos hoy obligados a destacarnos simultáneamente en competencias completamente ajenas a nuestra formación como la administración de presupuestos, la gestión de recursos humanos, la cooperación internacional y la divulgación de resultados, nos obliga de hecho a reproducir a través de nuestras prácticas las reglas del mercado. ¿Cómo cuestionar por esa vía lo que aceptamos hacer a diario? 
Creo que es posible partir de otros valores que orienten el modelo de conocimiento. Y sobre todo un modelo que no esté dirigido a solucionar problemas que ese mismo modelo produce sino más bien a intentar evitarlos generando vías alternativas. Creo que es posible imaginar, sobre todo, un modelo científico que se cuestione a sí mismo. De hecho, creo que hay muchos científicos empeñados en esta misma tarea.
Fuente: http://brujulacomunicacion.com/index.php/noticias/notas/item/1713-un-modelo-cientifico-al-servicio-de-las-empresas