viernes, 23 de septiembre de 2016

Argentina: Empresa forestal obligada a devolver tierras ancestrales a comunidad mapuche

El fallo judicial dictaminó el derecho sobre libre determinación de los pueblos indígenas y reconoció al Estado argentino como un ente garante.

La comunidad mapuche Paineo -ubicada en el departamento de Catán Lil, provincia de Neuquen, Argentina– obtuvo un fallo judicial favorable en una disputa de tierras con la empresa Bosque Andino S.A que, con la complicidad del Poder Ejecutivo provincial, se había apropiado de varias hectáreas del territorio comunitario.
El fallo considera que en este caso debe ser aplicado el principio de la “libre determinación de los pueblos indígenas” que “es una obligación de garantía para el Estado que tiene la obligación de garantizar derechos. Reconocimiento de la libre determinación o autodeterminación como una obligación de respeto”. Asimismo considera que “acreditada la posesión por una integrante miembro de la Comunidad Paineo, ésta última en su nombre se encuentra plenamente legitimada para peticionar en su representación”.
“En un informe muy nefasto del inspector Néstor Fuentes se recomendó que se podría sacar una porción de tierra a la comunidad para completar el terreno que le faltaba a la empresa (…) Se actuó con total impunidad, en clandestinidad y con una soberbia tremendamente repudiable”, explicó Germán Zuñiga, abogado de la comunidad Paineo.
En 2010, la empresa procedió a alambrar las tierras y la Dirección Provincial de Tierras promovió y facilitó el despojo. Bosque Andino S.A recibió por parte de la provincia de Neuquén un titulo de propiedad, la comunidad realizó numerosos reclamos pero jamás fueron atendidos, desconociendo el derecho indígena. Luego de años de lucha, la semana pasada, la Cámara Provincial de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Laboral, Minería y Familia rechazó el recurso presentado por la empresa afirmando nuevamente el derecho de la comunidad.

Noticias Farco - El Ciudadano
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La “campaña de desertificación”


Por José Paruelo *

Al hacer referencia a “nueva Campaña del Desierto” el ministro de Educación Esteban Bullrich vuelve sobre un tema central en la historia política, social, cultural, económica y también ambiental de Argentina y Latinoamérica. Si bien el exterminio de pueblos originarios fue una práctica generalizada en todo el continente, la denominada “Campaña del desierto” es uno de los casos en donde se buscó darle una dimensión épica y modernizadora a lo que lisa y llanamente fue un genocidio. Un genocidio seguido por flagrantes violaciones a los derechos humanos al reducir a la esclavitud a mujeres, niños y niñas capturados o al confinar en reservas a los grupos que capitulaban.

En la presentación y discusión de este tema se busca naturalizar muchas cosas. Una de ellas es la idea de “desierto”. Obviamente el territorio a ocupar no se trataba de un “desierto” en términos de población humana. Ese aspecto está indisputablemente documentado. Pero tampoco era un desierto en términos de la vegetación que dominaba esa enorme extensión. Justamente no ser un desierto hacía y hace a esas regiones particularmente atractivas para las élites económicas y políticas que financiaron el exterminio de los pueblos mapuche y tehuelche que llevó adelante el general Roca.
 
El área a “conquistar” incluía bosques de caldén y chañar (en el sur de La Pampa) y lenga (sobre la Cordillera de los Andes) y enormes extensiones de áreas de pastoreo, desde estepas dominadas por pastos y arbustos a praderas húmedas de enorme calidad forrajera (los “mallines”). El área ocupada por verdaderos desiertos era muy pequeña. George Chaworth Musters, un capitán inglés que recorrió la Patagonia casi simultáneamente con la campaña de Roca, documentó el extraordinario valor de esos parajes en su libro “Vida entre los Patagones”. Ese supuesto desierto fue rápidamente apropiado por la élite económica y política (nacional y extranjera), ocupando esas enormes extensiones con majadas ovinas.
La ganadería ovina fue uno de los medios a partir de los cuales extraer una extraordinaria renta de esas tierras. Durante más de medio siglo las existencias ovinas crecieron hasta alcanzar, sólo en la provincia de Chubut, más de seis millones de cabezas. Este proceso generó enormes ganancias a partir de la explotación de los trabajadores rurales (cómo documenta Osvaldo Bayer en “Los vengadores de la Patagonia trágica”) y de los recursos naturales. Ya a fines de 1940 Alberto Soriano, un destacado investigador argentino, advirtió acerca del deterioro de la vegetación en Patagonia debido al pastoreo ovino. Las consecuencias del uso ganadero practicado durante décadas son los gravísimos problemas de deterioro de los ecosistemas patagónicos. Estos se traducen en una desertificación generalizada y en muchos casos irreversible.
Hoy la Patagonia se parece más a un desierto que a mediados del siglo XIX. Las consecuencias ambientales de la campaña de Roca no fueron transformar un desierto (que no existía) sino generarlo. Se trató de una campaña de exterminio y desertificación. La reivindicación acrítica por parte del ministro Esteban Bullrich del espíritu de la campaña de Roca y su vínculo con la educación es, en tal sentido, preocupante.

* Profesor titular UBA, investigador superior del Conicet. - Imagen: ‪patagoniambiental.com.ar‬