miércoles, 21 de septiembre de 2016

Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles 2016

El 21 de setiembre celebramos el Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles. Esta fecha que fue lanzada en el año 2004, en Brasil, por parte de la Red Alerta contra el Desierto Verde, sirve para tener un momento especial al año para denunciar los graves impactos del modelo de producción industrial de árboles a gran escala sobre las comunidades y los ecosistemas. Año a año, organizaciones y movimientos sociales, realizan diversas acciones durante el mes de setiembre para dar visibilidad a sus luchas y denunciar los impactos negativos que generan las plantaciones de árboles sobre sus medios de vida y los territorios. Pero por sobre todo, el 21 de setiembre, es una fecha para celebrar la resistencia y la solidaridad y para decir ¡basta ya de monocultivos de árboles!
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¡Paren la expansión de las plantaciones en Mozambique!

Solicitamos su apoyo a las comunidades de Mozambique que se enfrentan a la rápida expansión de las plantaciones de monocultivos para la producción de madera en sus territorios, promovidas principalmente por dos empresas: la noruega Green Resources y la portuguesa Portucel/The Navigator Company. Les pedimos que apoyen sus luchas firmando la siguiente petición y enviando su adhesión tan pronto como sea posible a: Mozambique@wrm.org.uy, especificando su nombre, organización o grupo y país.

Les agradecemos ayuden a difundir este pedido.

El equipo del WRM
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CARTA A SER ENVIADA

Para:
Green Resources
Att: Director gerente – Sr. Mads Asprem
The Navigator Company/Portucel Mozambique
Att: Presidente de la Comisión Ejecutiva – Sr. Diogo da Silveira
Ministério da Terra, Ambiente e Desenvolvimento Rural of Mozambique
Att: Sr. Ministro, Celso Correia
Ministério da Agricultura e Segurança Alimentar of Mozambique
Att: Sr. Ministro José Pacheco

Cada vez más, empresas e inversores financieros del Norte dirigen su atención a los países de África Oriental y Meridional por considerarlos atractivos para la obtención de ganancias fáciles mediante el establecimiento de monocultivos de árboles – como eucaliptos y pinos – en vastas superficies de tierras. Las empresas se ven atraídas por tierra y mano de obra baratas, por la mayor permisividad de las normas ambientales y porque la productividad de madera por hectárea es sustancialmente mayor que, por ejemplo, la de Europa. Las condiciones de crecimiento favorables son el resultado de la disponibilidad y el acceso a tierras fértiles y agua, así como de un clima propicio.
Debido a estas características, las tierras fértiles que les interesan a las empresas de plantaciones en países de África Oriental y Meridional tienden a ser parte de territorios a partir de los cuales las comunidades aseguran y reproducen su vida y sus medios de sustento, y abastecen a los mercados locales con los productos alimenticios que cultivan. A menudo, la conversión de estas tierras en monocultivos de árboles tiene como resultado directo graves conflictos por la tierra, con las comunidades resistiendo la invasión de sus territorios.
Lamentablemente, los gobiernos nacionales de África Oriental y Meridional, en lugar de defender los intereses de las comunidades campesinas rurales, facilitan el acceso de las empresas a las zonas de tierras fértiles, a pesar de que por lo general son utilizadas y están bajo el control de las comunidades locales. En varios lugares, el establecimiento de plantaciones de árboles ha provocado el desplazamiento inmediato o gradual de comunidades enteras. Hay casos en que las comunidades logran resistir y defender sus hogares frente a una empresa forestal pero pierden sus territorios frente a los monocultivos de árboles, pero en algún momento comienzan a percibir impactos – entre otros – en su suministro de agua. Sudáfrica es un caso demostrativo y preocupante del efecto que años de vastas plantaciones de monocultivos de eucalipto y pino pueden provocar en las fuentes de agua de ese país. El uso excesivo de agua por los monocultivos forestales es aún más preocupante en el contexto del cambio climático y de la reciente y prolongada sequía que ha afectado a gran parte de la región. Las empresas que realizan plantaciones de árboles y los gobiernos a menudo prometen oportunidades de empleo a las comunidades afectadas por los monocultivos industriales de árboles. No obstante, los trabajos que se materializan a menudo son temporales y mal pagados, y no compensan la pérdida simultánea de tierras agrícolas y soberanía alimentaria. Los impactos de por sí graves de las plantaciones industriales de árboles en las comunidades resultan aún más graves para las mujeres, quienes en varias comunidades son responsables de la producción de alimentos y del acarreo de agua.
Los numerosos impactos negativos que causan las empresas de plantaciones no les impiden obtener la certificación de sus plantaciones. El FSC (Consejo de Administración Forestal) es uno de los sistemas de certificación utilizados ampliamente en la industria forestal. Es una herramienta poderosa en manos de las empresas del rubro porque declara que sus plantaciones son “sostenibles”. En otras palabras, se sugiere que no causan daño a las comunidades ni violan derechos comunitarios – cuando lo cierto es que ocurre lo contrario en muchos, si no la mayoría, de los casos de establecimiento de plantaciones de monocultivos de árboles a gran escala. Este certificado se ha convertido en un pre-requisito cada vez más importante para las empresas forestales, que les asegura la financiación de inversores de capital financiero del Norte. Sin embargo, las comunidades afectadas por plantaciones certificadas por empresas de consultoría acreditadas por el FSC – cuyos servicios son pagados por las empresas forestales – continúan sufriendo prácticamente los mismos problemas que tenían antes de la certificación, porque el FSC no ve que el carácter de “monocultivo” ni el de “gran escala” de las plantaciones industriales de árboles, así como tampoco los conflictos no resueltos en materia de derechos sobre la tierra, sean un obstáculo para la certificación. Sin embargo, éstas son precisamente las principales características responsables de la mayoría de los impactos negativos de las plantaciones. En los hechos, las empresas forestales se benefician del FSC, que ayuda a presentar una imagen vistosa pero falsa de una dura realidad. Es este panorama color de rosa de la “sostenibilidad” lo que ayuda a las empresas forestales a conseguir dinero de los inversores y a seguir expandiéndose.
Entre las muchas compañías que promueven las plantaciones industriales de árboles a gran escala en los países de África Oriental y Meridional, nos gustaría destacar dos empresas: la empresa noruega Green Resources (GR) y Portucel Moçambique, propiedad de la compañía portuguesa The Navigator Company. La razón para poner de relieve estas empresas se debe al hecho de que son de las más activas de la región. Por lo tanto, sus actividades ya tienen graves impactos negativos en las comunidades locales, los cuales se agravarán aún más si la expansión anunciada por estas compañías no se detiene.
Green Resources (GR) está activa en Mozambique, Tanzania y Uganda. En Mozambique, entre 2005 y 2009, dicha empresa adquirió títulos de uso de la tierra para 264.898 hectáreas en tres provincias, Nampula, Niassa y Zambézia. Hasta el presente ha plantado alrededor del 10% de la superficie total, predominantemente en las proximidades de aldeas, carreteras principales y recursos de agua utilizados por las comunidades locales. No ha hecho uso de tierras marginales o degradadas, al contrario de lo que suelen afirmar empresas y gobiernos. Todas las comunidades visitadas durante una investigación de campo que dio lugar a un informe que será publicado este mes de septiembre (1), han planteado varias quejas, que van desde las falsas promesas sobre los beneficios hasta la apropiación de tierras.
Portucel Moçambique, por su parte, anunció el proyecto de construcción de una enorme planta de celulosa, y en función de eso está expandiendo las plantaciones de árboles a gran escala en Mozambique, que cubrirían 356.000 hectáreas en las provincias centrales de Zambézia y Manica. Aunque hasta la fecha sólo se ha plantado una pequeña parte de la superficie total, ya hay conflictos con las comunidades locales, principalmente debido a procesos de consulta inadecuados; falsas promesas de empleo y mejores condiciones de vida; acaparamiento de tierras y competencia por la tierra fértil utilizada para la producción de alimentos; compensación inadecuada por las tierras perdidas en beneficio de la empresa; y reclamaciones relativas a una menor disponibilidad de agua tras el establecimiento de la plantación (2).
Las comunidades de África Oriental y Meridional que se han visto cercadas y encerradas por las plantaciones de empresas como GR, Portucel y otras, perdiendo el control de sus territorios, a menudo resisten. En varios casos lo hacen sin ningún o con muy poco apoyo externo, y por lo tanto sus luchas a menudo permanecen invisibles. La tendencia de los últimos años es que cada vez más comunidades enfrentan esta situación como resultado de la puesta en marcha de numerosos planes a gran escala llamados de “reforestación”, tales como la Iniciativa Africana de Restauración de Paisajes Forestales (AFR100).
AFR100 se puso en marcha de forma paralela a la conferencia sobre el clima en Francia el año pasado. Tiene acceso a mil millones de dólares con apoyo del Banco Mundial, además de las contribuciones de otros financiadores públicos y privados. AFR100 afirma que apoyará la mitigación del cambio climático y mejorará los medios de vida y sustento. Pero la experiencia con los proyectos verticalistas y con fines de lucro de “reforestación” promovidos en las últimas décadas por el Banco Mundial y la FAO en el Sur global – y AFR100 parece tener muchas de las mismas características – muestra que este tipo de proyectos se traducen en más monocultivos de árboles a gran escala que benefician a un pequeño grupo de empresas, fondos de inversión y consultores, poniendo en peligro a la inmensa mayoría de las comunidades rurales que viven en las zonas seleccionadas por estos proyectos y planes de “reforestación”. Como resultado de estas iniciativas, las comunidades terminan perdiendo sus tierras y quedándose sin comida y sin agua.
Los abajo firmantes, organizaciones, grupos, movimientos y personas, con motivo del 21 de septiembre, Día Internacional de Lucha contra los Monocultivos de Árboles, expresamos nuestro apoyo y solidaridad con las comunidades que se levantan contra la expansión de los monocultivos de árboles a gran escala. Exigimos que Green Resources, Portucel y las demás empresas e inversores de capital financiero que acaparan o proyectan apoyar el acaparamiento de tierras agrícolas fértiles para el establecimiento de monocultivos de árboles en África oriental y meridional, devuelvan la tierra de las comunidades. Con ello pueden contribuir a resolver los numerosos conflictos existentes en la región con las comunidades locales, y a prevenir la aparición de nuevos. Exigimos que el gobierno de Mozambique mantenga su Ley de Tierras y asegure el debido respeto de los derechos comunitarios a la tierra, el agua y los alimentos.
21 de septiembre – ¡Las plantaciones no son bosques!
 
Por favor envíe su adhesión a la siguiente dirección de correo electrónico: Mozambique@wrm.org.uy
No olvide indicar su nombre, organización y país.
(1) Livaningo, União Nacional dos Camponeses, Justiça Ambiental, 2016 (por lançar); Estudo sobre “o Avanço das Plantações Florestais sobre os Territórios dos Camponeses no Corredor de Nacala: o caso da Green Resources Moçambique”
(2) Justiça Ambiental, 2016 (por lançar). O processo de acesso à Terra e os direitos das comunidades.