martes, 20 de septiembre de 2016

San Juan en vilo ante el fantasma de los derrames mineros

Las alertas sobre los accidentes ambientales en Veladero, la mina de oro que explota desde hace 12 años la empresa Barrick Gold, siempre llegaron por un mensaje de WhatsApp. Por eso, los vecinos tienen un ritual: ante el rumor de un nuevo derrame de solución cianurada, miran con detenimiento su celular. Es casi una paradoja porque la conexión a la Web aquí obedece a cuestiones vinculadas con el azar. "Internet está en el aire", bromean los vecinos, mientras levantan el teléfono para tratar de captar algo de señal.

La advertencia sobre el segundo derrame repitió la modalidad de la del año pasado, pero con menos datos. "Averigüen, pasó algo raro", leyeron en un mensaje los asambleístas que acampan en la plaza 25 de Mayo desde hace un año."Ahí empezamos a movernos; íbamos armando la historia hasta que el senador kirchnerista Ruperto Godoy lo confirmó", señaló Domingo Jofre a LA NACION.
"Hartazgo" e "intranquilidad" son las palabras que más se repiten en esta ciudad y en los pueblos aledaños, como Tamberías y Villa Mercedes. Y no sólo entre los asambleístas, sino también entre los que hace un año creían que el reclamo era "exagerado".
Ahora dudan y se suman -aunque no se movilizan- al pedido de mayores certezas y de "más seriedad" en la forma en que se maneja el tema. No pueden entender que, por segunda vez, el gobierno provincial y la empresa canadiense hayan demorado seis días en comunicar el nuevo derrame.
Por ahora la actividad de la minera Barrick sigue suspendida sin fecha determinada. Desde la empresa anticiparon a LA NACION que "parte del personal se encarga de las obras encomendadas" por el gobierno provincial. El ministro de Minería local, Alberto Hensel, señaló que se le exigió a la compañía que eleve las áreas que actúan como tapones del líquido y de los materiales (bermas) y que instale cámaras de monitoreo en toda la zona para que la Policía Minera pueda ver en tiempo real si se producen fugas de solución cianurada en alguna de las fases del proceso.
"Se mejorarán las bermas que delimitan el perímetro del valle de lixiviación, de 7,5 kilómetros de longitud; se realizará la limpieza de todas las bermas y se colocarán bolsas aislantes e impermeables rellenas con material aislante para aumentar su altura y se limpiarán también los canales perimetrales norte y sur, cuya función es evitar que el agua de deshielo entre al valle", plantearon voceros de la Barrick. Afirmaron que usarán distintos equipos, como topadoras, retroexcavadoras y camiones volcadores.
Hensel insistió en que el freno a las actividades dependerá de "la rapidez" con que se cumpla con las mejoras. Por ahora, ningún funcionario provincial volvió a mencionar la posibilidad de una multa a la compañía. Algo que habían deslizado pocas horas después de que se conoció el incidente.
Más allá de las acciones de los asambleístas, la preocupación por la explotación minera a cielo abierto y sus posibles consecuencias está presente en esta ciudad. Desde pizarrones instalados en la puerta de los negocios a una leyenda en el tronco blanqueado de un árbol, todo espacio parece indicado para opinar y manifestar enojo e incertidumbre (ver aparte).
A los temas de agenda permanente desde hace un año, anteayer se agregó una cuestión más cuando la municipalidad entregó a los asambleístas los resultados de los análisis de agua que realiza la Universidad Nacional de Cuyo. Por primera vez, desde que comenzaron los controles el año pasado, apareció mercurio en Mogma, una localidad a unos 70 kilómetros de Jáchal. La planilla marca "menor" a 0,001 que es el límite fijado por el Código Alimentario Argentino. "Pero está y antes no", apunta uno de los líderes de la asamblea, Saúl Zeballos.
En una mesa de un bar frente a la plaza dos parejas conversan sobre el segundo incidente. "No da para más, así no se puede vivir", dice uno de los hombres. "Pero si el escándalo sigue tampoco le venderemos nada a nadie. No nos van a querer", razona una de las mujeres.
"Así es todo el día. Había pasado un poco. Muchos estaban preocupado, pero ahora el tema regresó. Encima, sin internet es más difícil enterarse. Andan todos desesperados", dice Miguel, el mozo que atiende la mesa. De paso, cuenta que para los estudiantes de Jáchal, la Universidad Nacional de San Juan hizo una excepción y permite trámites personales por la falta de red. "Ni estudiar a la distancia se puede", se queja su compañera de trabajo.
Roberto Hernández. "No peleo por mí, sino por mis nietos"
"Somos pasajeros de la vida. Yo ya no me puedo ir en cualquier momento. Ahora, peleo por mis nietos", dice Roberto Hernández, de 66 años, en el patio de su casa en esta localidad a 18 kilómetros de Jáchal. Junto con su hermana, Estela, de 58 , cultivan seis hectáreas de membrillo y crían algunos animales.
"Vivimos pendientes de lo que va a pasar", dice Estela. No sólo les preocupa la calidad del agua, sino que particularmente están atentos al polvo en suspensión.
Sobre todo, Roberto que debe seguir un tratamiento médico por su bronquitis crónica. Espera que llegue octubre. Ese mes, según señala, el viento rota y deja de soplar de Oeste a Este. Ahora, describe, "viene, gris, desde Veladero". Señala los troncos de los árboles de membrillos para mostrar unas "llagas" (protuberancias) que él relaciona con el polvo en suspensión.
Sus vidas cambiaron desde el último derrame de solución cianurada en septiembre del año pasado. Sus rutinas son otras: una o dos veces por semana van hasta una vertiente del pueblo -que no proviene del cauce del río Jáchal, donde se produjo el vertido anterior- y compran el agua potabilizada para lavar los platos y cocinar. Para consumo, compran agua mineral.
Ramón Cabanay: "Tenemos miedo de que sea peor"
En la puerta del almacén de Ramón Cabanay, de 50 años, hay un pasacalle en el que se lee un pedido para proteger los glaciares. Asustada por el derrame del año pasado, su esposa, Mónica Ahumada, quiso mudarse: irse con sus hijos al Sur. Sin embargo, él la convenció de lo contrario: "No hay que huir, hay que quedarse a defender, a cuidar lo que tenemos".
Desde hace un año, la mujer no duerme tranquila. Sobre todo, porque, como cuenta, los incidentes ambientales "se conocieron siempre de madrugada". Y desconfía: "¿Cómo creer que antes no pasó nunca nada y ahora sí?".
A su lado, Ramón no duda en rebatir los argumentos de aquellos que acusan a los vecinos de gestar una cruzada contra las minas. "No es así. Acá hay varias minas de toda la vida y nunca hubo problemas. Hay de cal y de oro, pero de explotación subterránea. Estamos en contra de la explotación a cielo abierto."
Él fue uno de los que recibieron por un mensaje de WhatsApp el aviso sobre el último incidente y ayudó a difundirlo. "Hay más incertidumbre, pero también más conciencia que hace un año. No tenemos en claro que pasó el año pasado ni hace una semana. Tampoco lo que puede llegar a pasar. Tenemos miedo de que sea peor. Eso es lo que pasa cuando no hay información", dice.
José Díaz: "Sólo sé que el agua está distinta"
Este pueblo, a 8 kilómetros de Jáchal, está en el centro del valle que riega el río Jáchal. En esa zona, los resultados de los análisis del agua que realiza la Universidad Nacional de Cuyo indican que en los últimos meses se registran aumentos de zinc, boro y arsénico. Para muchos es un alerta. Sin embargo, no tienen en claro qué significa, ni si los podría afectar ni cómo.
José Díaz, de 49 años, se gana la vida cuidando membrillos y cebollas y haciendo trabajos de albañilería. "No sé nada. Sólo que dicen que el agua está distinta y que de la Municipalidad indican que no hay que preocuparse, que no pasa nada", indica.
Es la hora de la siesta y el sol pega fuerte. José, pala en mano, está sacando yuyos y regando. "Es como si la humedad durara menos, no sé cómo explicarle porque yo no tengo estudios; es lo que veo. La tierra está húmeda, pero las plantas están oscuras, las flores de los membrillos no tienen brillo. Todo tiene polvo gris."
Ante la duda, José optó por comprar agua mineral para dos de sus cuatro hijos, los más chicos, de 10 y 14 años. Como no le alcanza para el resto, toman agua de la canilla.
Reconoce que toda la vida bebió agua del río. "A lo mejor antes también había algo, pero ahora no es lo mismo, hay más información. Desde hace un año todos estamos un poco más preocupados, pero hay que seguir viviendo".

Fuente: La Nación
-------------------
El derrame de cianuro pero sin cianuro
 
El gobierno de San Juan mantuvo la suspensión de las actividades de la mina que Barrick Gold explota en Veladero, tras el derrame que denunciaron activistas de la asamblea de Jáchal y que, una vez que tomaron estado público, fueron reconocidos por la empresa. El Ejecutivo sanjuanino aseguró que inspeccionó Veladero y que “no hubo presencia de cianuro en ninguno de los puntos examinados”, pero insistió en que Barrick debe realizar obras de adecuación para poder volver a funcionar. Por la mañana, el gobernador, Sergio Uñac, llegó sorpresivamente a Jáchal y se reunió con los asambleístas, un encuentro que terminó cuando el funcionario se retiró y fue agredido a huevazos.
 Por la tarde, el ministro de Minería provincial, Alberto Hensel, en conferencia de prensa dijo que se tomaron muestras de agua en el lugar del derrame y que “no hubo presencia de cianuro en ninguno de los puntos examinados”. Hansel aseguró que la reapertura de la explotación minera dependerá de lo que la empresa demore en realizar las obras indicadas. Además, señaló que se intimó a la empresa a que procediera al levantamiento de la berma, la estructura que debía haber servido de contención para evitar el vertido al río.
Hensel remarcó también que “lo que se hizo fue suspender y hacer cumplir. Todos debemos seguir avanzando, la minería tiene que seguir siendo un factor de desarrollo de la provincia de San Juan porque es lo que nos ha permitido crecer”.
Por la mañana, el gobernador Uñac había llegado sorpresivamente a Jáchal. Los vecinos se enteraron del arribo cuando oyeron sobrevolar el helicóptero de la gobernación. La primera reunión fue con el intendente Miguel Vega; luego el mandatario cruzó hasta la plaza San Martín , donde desde hace un año acampan los asambleístas de “Jáchal no se toca”, con quienes, explicó, quería hablar.
El encuentro fue tenso. Uno de los vecinos le exigió que firme un acta comprometiéndose a cerrar la mina, a lo cual Uñac respondió que “no hay ley para el cierre de una mina” pero agregó “yo estoy haciendo un proyecto para que eso se pueda hacer”. Otros jachalenses advirtieron que “hay niños que se enferman” y exigieron el cierre de “la mina porque están contaminando el agua”. “En la cordillera hay mucha nieve y cuando se derrita van a seguir los derrames y a nosotros nos van a tapar con su basura”, gritó otra de las asambleístas.
Transcurridos algunos minutos y con un ambiente cada vez más caldeado, el gobernador abandonó el lugar. La respuesta fue una lluvia de huevazos. El mandatario se refugió en el edificio municipal, que fue acordonado por la policía para evitar el ingreso de los manifestantes.
“Ellos nos tiran cianuro y nosotros les tiramos huevos”, dijo el asambleísta Saúl Argentino Zeballos a este diario. “El pueblo esta cansado del ninguneo y la discriminación, eso va pesando, llevamos meses esperando al gobernador. Vino en marzo y había prometido volver el 4 de abril, pero volvió el 25 de junio para el día de Jáchal, con la infantería de custodia y nunca apareció por la carpa para dialogar”, añadió el activista. “Lo que está claro –remarcó– es que si nos manifestamos los derrames existen; y si no, no”.
Zeballos explicó que “el pedido concreto es que se cierre definitivamente la mina, que se tome la decisión política, y que se inicie el proceso, que es largo y demanda cuatro o cinco años. También pedimos que la empresa arme un fondo, con una suma muy alta, para control de los drenajes ácidos una vez terminado el cierre”.
Uñac declaró que avala la continuidad la actividad minera en San Juan. “Yo no puedo condenar a que la provincia tenga una única actividad económica”, dijo, en referencia a la vitivinicultura. El gobernador aseguró: “conmigo va a haber minería, pero en forma responsable”, tras lo que añadió que “la empresa deberá poner la cuota de responsabilidad necesaria al respecto”.
Al dejar Jáchal, el gobernador se dirigió al departamento de Iglesia, donde está Veladero, para reunirse con el intendente Marcelo Marinero y un grupo de vecinos. Allí anunció que la mina se abrirá “para que quien quiera sacarse las dudas, pueda hacerlo”. Uñac reiteró que impondrá “una multa ejemplificadora” a Barrick por el nuevo derrame, por lo que “lo van a pensar dos veces antes de dejar de hacer controles”.
“Nosotros abrimos la mina, subió gente de prensa, gente de la carpa antiminera, subieron periodistas de todos los departamentos, de Jáchal casi seguro que sí, porque acá no hay nada para ocultar”, aseguró el gobernador. En diálogo con este diario, el activista Zeballos dijo que “la visita a la mina fue un show, no hay una investigación seria, en realidad la empresa se autocontrola”. “Nosotros todavía esperamos los informes del derrame del año pasado. El juez dijo un millón y algo de litros, y tenemos información que son casi cuatro millones, tampoco sabemos cuál era la composición química”, añadió Zeballos.

Fuente: Página/12 - Publicado en: noalamina.org