martes, 20 de septiembre de 2016

El decrecimiento como alternativa para superar la crisis ambiental

Álvaro Lopez 
Ingeniero agrónomo

Una persona en Estados Unidos consume 4 veces más energía que un argentino y 265 veces más que un nigeriano. Si tenemos en cuenta la cantidad de CO2 generada por cada estadounidense, ésta supera en 3,7 veces la producción de un argentino y 34 veces la de un nigeriano. Finalmente, y como medida de consumo, el PBI per cápita de un estadounidense es 4,37 veces mayor al de un argentino y 427 veces mayor al de un nigeriano. Esta breve comparación es indicativa de la gran desigualdad en el mundo, no solo referida a los aspectos económicos, sino también a los impactos ambientales de los distintos países.
 
En este periodo histórico la humanidad o parte de ella comienza a tener conciencia de la finitud del planeta y que es imposible lograr un nivel de consumo o de igualdad en todos los habitantes al mismo nivel que los estadounidenses/europeos, como así también es injusto que los países “desarrollados” despilfarren los recursos naturales recibiendo el resto solo las migajas de su progreso.
En este planeta finito los recursos naturales tienen un límite, y la acción antrópica desde la revolución industrial en adelante ha llevado a superar dichos límites de sustentabilidad de la tierra, lo cual se observa en la actualidad con ejemplos marcados en la reducción de biodiversidad, calentamiento global, contaminación del aire, contaminación del agua, grandes inestabilidades climáticas (acentuadas por el mal uso de los recursos naturales) que derivan en sequías, inundaciones, tornados, avances de plagas y enfermedades, reducción de la producción agrícola, etc.
La respuesta política a estos problemas (según podemos observar en los acuerdos alcanzados en la COP21) se centra en la adaptación al cambio climático –adaptarnos a que el clima nos destruya y aguantar–, en la mitigación (disminuir la cantidad de gases del efecto invernadero) y en una serie de medidas que involucran aportes financieros para estos fines y otras políticas.
En general estos acuerdos son vulnerables a las políticas económicas definidas en el interior de cada uno de los países, son compromisos futuros que implican acciones que indirectamente dependen de su factibilidad económica, más en un mundo donde prima lo global, lo financiero, el consumo y el crecimiento económico.
Pero debemos estar atentos a la alerta que nos marca el planeta, los efectos del cambio climático son tangibles, es hora de cambiar el rumbo. Una de las alternativas para este fin es la teoría del decrecimiento de Serge Latouche. Ésta se plantea como un slogan para generar impacto, refiriendo a que la humanidad debe cambiar sus hábitos, dejar de ser un mundo donde se vale por lo que se consume, donde todo el resto de los valores son precarios (el amor, el trabajo, el ser humano). Serge Latouche plantea que “hay que sobrevivir al desarrollo, descolonizarse del imaginario económico y empezar a construir una sociedad alternativa”. Esta sociedad alternativa tiene que ser tomada como base política para los gobernantes del mundo, para que empiecen a pensar en otro modelo de desarrollo, dejando de lado el modelo capitalista que se sustenta mediante el “hiperdesarrollo”, la “hiperproducción” y el “hiperconsumo”, degradando y destruyendo tanto la biodiversidad como los recursos naturales, aportando de manera creciente a la emisión de gases del efecto invernadero.
Este nuevo modelo debe tomar la forma de una economía de decrecimiento, implicando no solo una mayor concientización ecológica sino también un cambio en las formas de vivir, consumir y producir. Una nueva manera de organizarnos socialmente y económicamente.
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La apuesta por el Descrecimiento


Existen muy buenas razones para apostar por el Descrecimiento: el desastre social y ambiental del mundo moderno, podría ser motivo suficiente, sino es que el desastre mundial de la salud, de la alimentación, de las instituciones, de los gobiernos, del sistema jurídico , de los asuntos financieros, y de la paz, entre otros aspectos, también obligan a apostar por el Descrecimiento. Todas estas crisis mundiales tienen su propia autonomía, pero se retroalimentan entre sí y tienen su origen en lo mismo: en el crecimiento excesivo.

 La propuesta del Descrecimiento nace de los escombros de la sociedad de crecimiento; nace de la evidencia de la destrucción social y ambiental que ocasiona la ideología del crecimiento, pues el crecimiento es producto de una ideología moderna: la crisis ambiental global coincide con la generalización del mal vivir, tanto en los países opulentos cómo en los países empobrecidos.
Esta crisis ambiental y social global y otras, encuentran explicación en los esfuerzos por crecer de las empresas y los gobiernos: se trata ya no de crisis aisladas, como una crisis social, sino de algo más importante: se trata de una Crisis de Civilización: una crisis de valores o de simbolización de nuestra sociedad moderna. Todo conduce a decir que la sociedad de crecimiento esta en la antesala de su derrumbe total, lo que puede hacernos mucho daño si no nos ocupamos conjuntamente de esta amenaza, si no descrecemos equitativamente. Este es el fondo del problema.

Extraído de la Ponencia para el Segundo Coloquio 'La Apuesta por el Descrecimiento' Fuente: decrecimiento.info