Matria - Patria

Feminidad

Aunque las funciones que ejercemos mujeres y hombres en el mundo (caminar, pensar, etc.) sean idénticas, la experiencia de vivir en un cuerpo sexuado femenino es distinta de la experiencia de vivir en un cuerpo sexuado masculino.



“De ahí que ella represente un misterio en una cultura que pretende enumerarlo todo, cifrarlo todo en unidades, inventariarlo en individualidades. Ella no es ni una ni dos. No se puede en rigor, determinarla como una persona, pero tampoco como dos. Ella se resiste a toda definición adecuada. Por otra parte, no tiene nombre ‘propio’. Y su sexo, que no es un sexo, es contabilizado como no sexo. Negativo, revés, reverso del único sexo visible y morfológicamente designable (aun cuando esto plantee algunos problemas de pasaje de la erección a la detumescencia): el pene”
El sexo que no es uno. Luce Irigaray.

“La mujer no se halla en una relación dialéctica con el mundo masculino. Las exigencias que viene clarificando no implican una antítesis, sino un moverse en otro plano.”
Escupamos sobre Hegel. Carla Lonzi.

“La característica principal de los productos culturales de las mujeres es precisamente el no ser nunca mera producción intelectual –de escritos, imágenes, sonidos-, sino también siempre presencia física, sexual y material, de personas de cuerpos, de gestos, de espacios.”
Memoria. Paola di Cori.

La diferencia tiene, pues, que ver con la decibilidad de la propia experiencia de sí y del mundo, que produce sentido de sí y del mundo. El significado que se da al propio ser mujer. Y es, por tanto, del orden simbólico
Es el mundo entero al que se pretende dar a luz (ese ‘traer al mundo el mundo’). Y darle a luz a medida humana femenina.

Para saber más: Nombrar al mundo en femenino. María Milagros Rivera Garretas.

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La sexualidad en el Islam.: Masculinidad
Es costumbre que los niños vayan al "hammam" (una modalidad de baño de vapor para limpiar el cuerpo ...) con las mujeres y esto se sigue haciendo hasta que se llega a la edad de la pubertad. Ya que la edad que la pubertad no es igual para todos, el umbral en el que se establece que una ha ‘crecido’ es muy flexible; dado que una madre tiende a ver a su hijo como un eterno niño, y dado que llevar a un muchacho al hammam es una tarea que el padre prefiere dejar el mayor tiempo posible a la madre, no es raro en absoluto el espectáculo de un niño bastante mayorcito, más o menos adolescente, en medio de las desnudeces de las mujeres de todas las edades –mientras otras mujeres no se sientan incómodas por la presencia del muchacho, joven o no-.



¿Qué árabe musulmán no ha sido excluido de esta manera del mundo de las mujeres desnudas?. ¿Qué árabe musulmán no recuerda esa cantidad de carne desnuda y las muchas y ambiguas sensaciones?. ¿Quién no recuerda el incidente por el cual este mundo de desnudeces quedó prohibido de golpe?. Se nos dio más que una memoria. Uno no podría parar de pellizcar esos gruesos pechos colgantes que lo obsesionaban. Otro fue alejado por ser demasiado peludo, por tener el pene demasiado grande, nalgas demasiado sobresalientes, un órgano desplazado. Para el muchacho, el hammam es el lugar en el que uno descubre la anatomía de los demás y del que uno es expulsado una vez que se ha producido el descubrimiento.
Entrar en el mundo de los adultos significa asimismo, quizá, sobre todo, frecuentar sólo hombres, ver sólo hombres, hablar sólo a hombres (...). Ahora, el cuerpo es arrebatado literalmente por el mundo masculino.
Las prácticas del hammam están estructuradas de una manera nueva a partir del momento en que uno se separa de su madre, de modo que el primer hammam tomado con los hombres es como una consagración, una confirmación, una compensación. Es la confirmación de la pertenencia al mundo de los hombres (...). Ninguno recibió las felicitaciones de los amigos de su padre, a los que ahora encuentra por primera vez ligeramente vestidos y algunos de los cuales no dejan de hacerle proposiciones indecentes.

Abdelwahab Bouhdiba. La sexualidad en el Islam. 
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El dueño de las palabras
"Cuando yo uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty en un tono bastante desdeñoso, “significa lo que yo decido que significa – ni más, ni menos.”
“La cuestión es”, dijo Alicia, “si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes.”
“La cuestión es” dijo Humpty Dumpty, “quién es el amo – eso es todo.”
Lewis Carroll. Alicia a través del espejo.

Quienquiera que defina el código o el contexto, tiene el control… y todas las respuestas que acepten ese contexto renuncian a la posibilidad de redefinirlo.
Anthony Wilden. Sistema y estructura. Ensayos sobre comunicación e intercambio.

Mucho tiempo después, Edipo, viejo y ciego, recorría los caminos. De repente sintió un olor familiar. Era la Esfinge. Edipo dijo: “Quiero preguntarte algo. ¿Por qué no reconocí a mi madre?”. “Diste la respuesta equivocada”, dijo la Esfinge. “Pero eso fue lo que posibilitó todo lo demás”, dijo Edipo. “No”, replicó ella. “Cuando yo te pregunté, ¿Qué camina a cuatro patas por la mañana, a dos al mediodía y a tres por la tarde? Respondiste, el Hombre. No dijiste nada de la mujer.” “Cuando se dice Hombre”, repuso Edipo, “se incluye también a las mujeres. Todo el mundo lo sabe.” Y ella replicó, “Eso es lo que tú te crees”.
Muriel Rukeyser. Mito.

Puesto que la mujer se ha rebelado y ha reivindicado su liberación, la estabilidad afectiva de la familia, que dependía decisivamente de ella, entra en crisis. Frente a esta amenaza, se vuelve al padre. Se revitaliza su papel, ya no únicamente como polo estable de la autoridad, sino como polo afectivo, un padre que asume el papel afectivo que la madre ya no desempeña, un padre en cierto modo hermafrodita.
Michele Mattelart. Mujeres e industrias culturales.

La sociedad agotada por las reivindicaciones diversas y las críticas múltiples, quiere reafirmar el liderazgo del padre tranquilo, condenar implícitamente a la madre turbulenta, acusada de ser responsable de la desestabilización de los hogares. En nuestro siglo freudiano, la ‘liberación’ ‘del hijo pasaba por el rito –no menos simbólico- de ‘mata al padre’. Pero hoy, después de haber asesinado a los dioses, los ídolos, los maestros pensadores, los directores de conciencia y los padres espirituales, el mundo se siente huérfano y grita ‘¡papá!’.
Pierre Billard.

Fuente: decrecimiento.info

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