Control y genes






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Gilles Deleuze tomó el relevo de Foucault y su teoría sobre las Sociedades disciplinarias para teorizar las Sociedades de control. Las primeras, que habrían sucedido a las Sociedades de soberanía, tendrían su reflejo social en la fábrica, la familia, la escuela, el cuartel, la prisión. Yo añadiría el mismo Estado-nación. Deleuze advierte que tras la Segunda Guerra Mundial este tipo de sociedades están dejando paso a las Sociedades de control, que no se reflejan en espacios cerrados como las anteriores y a las que identifica con la empresa como manera “difusa” de control y el marketing como instrumento de control social. En realidad advertía en su momento que aún estábamos conociendo las nuevas formas de estas sociedades, de las que hoy sabemos un poquito más.
Aunque Deleuze se suicidó en 1995 (la WWW nace con los noventa) ya sabía del peligroso potencial de control de la tecnología.
“Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus.”
Hoy vamos averiguando más sobre los resortes de las Sociedades de control, Jose ha profundizado mucho en ellas en su libro.
Cuando el control convive con nosotros
En los últimos tiempos los mecanismos de control se han ido normalizando entre nuestras prácticas, hasta tal punto que a la mayoría de los comentaristas de este post les parezca razonable que se llene de cámaras de vídeo vigilancia Lavapiés. El miedo a la libertad que dijo aquel otro.
En internet hemos ido cediendo parcelas de intimidad y soberanía en aras de la comodidad, hemos alimentado el monstruo de Google, una monstruo de cara amable que hace muy bien su trabajo, tanto que ha llegado a tener la capacidad de rastrear y procesar la información vital de una gran parte del planeta. Es seguramente momento de ponernos más en guardia de lo que hemos estado hasta ahora: los espacios represivos de los que Foucault nos hablara eran más identificables.
Saben lo que piensas y saben lo que eres…por dentro: la invasión de los ultracuerpos en tu pantalla.
En el último año hemos leído mucho sobre medicina e internet. Hoy mismo, sin ir más lejos, me enteraba de que mi farmacia podría estar mandando a través de la red mis hábitos de consumo a las farmacéuticas, o más bien lo que receta el médico de mi centro de salud. Sus visitadores médicos están también al tanto. También he sabido hoy que hay compañías merodeando por la red para recabar información personal en blogs y redes sociales para ordenar información que pueda interesar a las grandes transnacionales de la salud.
Pero no hay que ir tan lejos, tenemos el enemigo en casa, cada día recibimos nuestra información en el correo de Google, hacemos nuestras búsquedas logeados, le damos las estadísticas de nuestros blogs…y subimos nuestros expedientes médicos a su red. Y más aún, Google está detrás también del floreciente negocio de los estudios genéticos en demanda ¿también la vamos a dar nuestro mapa genético? Nunca deberíamos perder de vista que Google basa su negocio en la publicidad.
La batalla por la privacidad es la batalla contra el control, Google es una institución más de las sociedades de control – como las fábricas lo fueron de otro tipo de sociedad anterior – y son muchas las empresas y administraciones aliadas que le son análogas, no toméis esto como un discurso contra Google … que pretende ir un poquito más allá.
 
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