El secuestro de la voz del Pueblo




Escrito por Victor J. Sanz 


¿Por qué debemos seguir creyendo que vivimos en una democracia?

A un pueblo del que se dice que vive en democracia se le suele permitir que hable en las urnas, cada cuatro años por ejemplo. Tanto se ha repetido esta fórmula que muchos ya ven normal que el pueblo no hable en un momento distinto a cuando se le permite. Es más, hasta ven mal que lo haga o intente hacerlo fuera de ese calendario establecido. Una contrariedad que las autoridades intentan satisfacer mediante el uso indiscriminado de las fuerzas de "orden público", como se ha hecho contra el 15M en todas sus formas, en todos sus tiempos y en todos sus apéndices.
En España, los políticos que nos están pidiendo su voto y nos están prometiendo nuevas cotas de libertades y derechos, vieron la idea del referendum griego anunciado por su primer ministro Papandreu, como algo lamentable, como un peligro, como una mala decisión, como una muestra absoluta de irresponsabilidad, como un motivo de honda preocupación, como una fuente de pánico..., esos mismos políticos que nos piden que hablemos en las urnas, no están de acuerdo en que se nos pregunte "más de la cuenta".
Creo que si estamos capacitados para decidir quién nos gobierna (y como demuestran las evidencias de décadas, equivocarnos al hacerlo), también lo estamos para decidir sobre cuestiones tan importantes como la planteada por el primer ministro griego a sus compatriotas. Aunque, como ya se vio en España hace un par de meses, la idea de que el pueblo sancionase la reforma de la Constitución para facilitar a la banca sus quehaceres habituales de hurto del dinero público, no generó en la cabeza de los políticos españoles (de los partidos mayoritarios) la idea de que el pueblo debiera haber sido consultado. Esto no quita para que exista gente absolutamente desvergonzada, como Diego López Garrido (secretario de Estado para la UE) que ahora, pasados esos dos meses, afirma (en relación al referendum griego) que "los referéndums son para las reformas constitucionales". Debe referirse, sin duda a las reformas constitucionales distintas a la española, o es eso o es uno de los caraduras más grandes y más desvergonzados que ha parido este puñetero país llamado España.
Todas estas acciones constituyen ni más ni menos que el secuestro de la voz del pueblo.
Pero con todo, el secuestro practicado por los políticos no es el único secuestro que sufre la voz del pueblo, hay uno más silencioso, más sibilino, más abstracto y más abstruso. Se trata del secuestro que llevan a cabo los medios de comunicación.
Los medios de comunicación se muestran plurales, integrados por opiniones de todo tipo, condición y procedencia... ¿cómo hemos llegado a creernos semejante patraña?
No hablemos ya de medios privados claramente tendenciosos, ciñámonos a los medios públicos, que son, si cabe, los que más delito tienen en esta práctica tan deleznable del secuestro de la voz del pueblo.
¿Cómo secuestran la voz popular estos medios públicos? En realidad es algo muy sencillo. Salen a la calle, al encuentro del pueblo, a captar sus impresiones sobre un tema en particular..., hasta aquí todo normal. Más tarde en la sala de montaje y edición es donde se produce el vergonzoso rapto. Como muestra este vídeo de Radio Televisión Española (1) que nos ofrecieron en un informativo, la asombrosa cifra de 2 (¡DOS!) griegos se muestran contrarios a la celebración del referéndum, o al menos eso asegura la traducción que se sobrepone a la voz original. Curiosamente uno de los entrevistados asegura que el referéndum no es más que un cuento, pero que si se celebra que también se celebre otro referéndum sobre el propio gobierno, para poder elegir a otros gobernantes. Y el otro tan solo dice que los políticos son unos inútiles y que es mejor que se vayan cuanto antes. Es decir, ninguno de los 2 (¡DOS!) ciudadanos presuntamente contrarios al referéndum lo estaba realmente. Básicamente las dos opiniones (¡DOS!) estaban enfocadas contra la permanencia en el gobierno de Papandreu, es decir, de alguien que quería que el pueblo hable.
Ustedes podrán elegir el medio en el que informarse, pero tengan por seguro que ellos elegirán 'qué verdad' contarles.
Pero yo me hago una pregunta, si tanto pánico genera la sola idea del referéndum, supongo que será porque cabe la posibilidad de que el pueblo soberano tome un camino distinto al marcado (a fuego) por el mayor beneficiario de la crisis, el sistema financiero. Tal parece según indican las encuestas. Se cree que un 60% de los griegos no están de acuerdo con las últimas imposiciones europeas. Entonces ¿cómo narices se las ha arreglado Radio Televisión Española para encontrar a 2 (¡DOS!) griegos que están en contra de la celebración del referéndum y no encontrar a ninguno que esté a favor? Cabe pensar..., no, cabe pensar no, cabe afirmar que ha tenido lugar una labor de selección de opiniones, digamos "más interesantes" a los poderes financieros, es decir, para quienes dominan todos los medios de comunicación, incluidos los que se apellidan "públicos".
El colmo de todo esto es que los medios han salido a la calle a preguntar al pueblo griego qué opinión le merece el hecho de que un político le pida su opinión para la toma de una decisión trascendente. ¿Qué credibilidad merece un medio que sale a la calle a buscar gente que diga que no está de acuerdo con ser preguntada, pero sí responde a la propia pregunta? Es de locos.
Esta técnica aunque no es nada depurada sí resulta muy efectiva porque va camuflada entre la información de verdad que cada vez cuesta más trabajo desentrañar de los espacios informativos.
Permanezcan atentos y descubrirán muchos casos más. Ustedes podrán elegir el medio en el que informarse, pero tengan por seguro que ellos elegirán "qué verdad" contarles. 

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Escrito por Antonio Ruíz Morales 

El malestar actual puede motivar una transformación en la manera de entender el mundo. Pero la indignación tiene que traducirse en acciones concretas que lleven las proclamas más allá de las pancartas. 

De Madrid a Nueva York, sin olvidar las revueltas árabes, la indignación ha sido una constante global que pide otro mundo posible, cada vez más cercano. El pragmatismo y la concreción serán claves a la hora de convertir esa emoción en una hoja de ruta donde tomen forma las reivindicaciones y que los anhelos colectivos no se queden en nada.

El malestar actual puede motivar una transformación en la manera de entender el mundo. A partir de ahí, se puede dar forma a las propuestas para un sistema más justo y respetuoso con la vida.
Millones de ciudadanos en red proponen alternativas al colapso generado por un sistema genéticamente injusto. Propuestas como la consolidación de los servicios públicos contraria a la privatización de la educación y la sanidad. Una sociedad harta de los privilegios de la clase política, cansada de la voracidad de mercados insaciables, con los estragos que produce en la población: despidos masivos, reducción de salarios, desahucios, recortes en servicios públicos que garantizan derechos reconocidos universalmente.
Estos ciudadanos, a los que algunos han tachado de "radicales antisistema", se sirven de plataformas como Actuable y Avaaz, que permiten juntar firmas por Internet para apoyar peticiones que acompañan a denuncias sobre injusticias que los usuarios proponen. También organizaciones como Amnistía Internacional utilizan este sistema. Facebook permite compartir con miles de usuarios, en cuestión de segundos, estas iniciativas, así como viñetas y otros links. Junto con Twitter, es "culpable" de que los consejeros delegados de la televisión pública de España se echaran atrás en su pretensión de controlar los contenidos informativos por medio de una ley que provocó la ira de periodistas y ciudadanos. De esta misma manera, los ciudadanos pueden alzar propuestas alternativas a un capitalismo de casino gobernado por los mercados financieros, y no por quienes se hacen llamar "representantes" de la ciudadanía.
La protesta mundial ha conseguido despertar al mundo. Necesitamos respuestas a preguntas que nuestros gobernantes no han querido responder en su servilismo demostrado a los mercados.
Internet es un recurso eficaz para compartir y denunciar aquello que nos parece injusto. La red puede dar voz a los que no la tienen y llegar donde la prensa tradicional no tiene cabida. Una plataforma para denunciar sin caer en el error de abandonar la reflexión interior y de compartir la búsqueda de soluciones.
Las redes de Internet han jugado un papel decisivo para extender el movimiento del 15-M. ha calado en otros países que viven las mismas injusticias que en España. Las redes sociales imprimieron el carácter global a las protestas y demostraron al mundo entero que las demandas de la Puertas del Sol no eran locales, y los anhelos y la indignación no estaban limitados a unas latitudes geográficas concretas. Ya no se puede separar un grito de un egipcio en la Plaza de Tahrir de un cartel colgado en una farola de Wall Street.
Las protestas rellenan la falta de precisión de la política desarrollada por unos gobernantes cada vez más alejados de la ciudadanía. Zygmunt Bauman, filósofo y sociólogo polaco reconocido por su concepto de modernidad líquida, apunta que "la disociación entre las escalas de la economía y de la política" es la principal causa de la crisis actual. Unas fuerzas económicas globales cada vez con más poder reducen la autonomía y el margen de maniobra de los políticos nacionales. Este desequilibrio pone en peligro la soberanía nacional. Ante esta situación, la única salida posible parece ser la construcción de un nuevo orden mundial a partir de una ciudadanía global comprometida.
El movimiento crece, pero ahora es momento de trascender sus aspectos emocionales y de dar forma a propuestas concretas. La emoción ha servido de impulso pero, como sugiere Bauman, no servirá para recoger frutos importantes ni para cambiar el curso de la historia. A toda denuncia, propuesta alternativa. Para ser transformada, la indignación tiene que traducirse en acciones concretas que lleven las proclamas más allá de las pancartas.
La protesta mundial ha conseguido despertar al mundo. Necesitamos respuestas a preguntas que nuestros gobernantes no han querido responder en su servilismo demostrado a los mercados. Bertolt Brecht decía que, generalmente, las revoluciones se producen en los callejones sin salida.
Se abre una nueva etapa, una nueva forma de hacer política donde la ciudadanía global pide una posición más relevante. Si ya no existen las fronteras, por qué tenemos que inventarlas. Δ

Fuente: Revista Fusión

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