martes, 8 de diciembre de 2015

Cumbre sobre el Clima, COP21: El borrador presentado en París carece de ambición y supone una huida hacia adelante.



Ante el borrador presentado por la plataforma Durban, que deberá ser discutido por los ministros a lo largo de esta semana en la cumbre del clima de París, Ecologistas en Acción quiere mostrar la necesidad de un texto más ambicioso
En las últimas horas hemos conocido el último borrador que presenta la plataforma encargada de la redacción del acuerdo que salga de la cumbre de París, la COP21. Una primera lectura muestra un texto a todas luces vago que no entra en concreciones que nos permitan dilucidar cuáles serían los mecanismos reales que permitan una reducción efectiva de emisiones.
Si bien es cierto que se han ido eliminando pocas opciones que habían sido recogidas en el último borrador de noviembre, vemos como aún persisten grandes dudas sobre la forma final que tendría el acuerdo. En el primer artículo, que recoge el denominado objetivo a largo plazo, solo se dan dos posibilidades: una que establece que el horizonte a perseguir será por debajo de 1,5ºC y otra que sigue manteniendo que sea por debajo de 2ºC, pese a que las conclusiones de la reunión de expertos SED, por sus siglas en inglés, fueron claras al calificar esos 2ºC como insuficientes y peligrosos.
Aunque podemos encontrar en parte de la redacción que este objetivo debe adecuarse a los conocimientos científicos, resulta claramente incomprensible seguir contemplando como horizonte de reducción de las emisiones al 100% entre 2060 y 2080.El IPCC establece que, para permanecer por debajo de los 1,5ºC, deberíamos reducir entre el 70 y el 95% de las emisiones en 2050, por lo que sería lógico que ese fuera el año contemplado como horizonte. Resulta además paradigmático ver como el año base de comparación será a partir del año 2000, excluyendo la posibilidad de mantener 1990, como año de referencia de forma que los compromisos pudieran ser comparables a lo ya establecido en el protocolo de Kioto. Del mismo modo, no hay referencia a la necesaria estabilización de la concentración de dióxido de carbono en como máximo 350ppm.
Resulta fundamental que la contabilidad de emisiones se realice a través de una metodología común que haga medible y comparable todas las emisiones que se producen en un territorio. Algunos países presentan problemas técnicos para el desarrollo de esas metodologías, por lo que deberán ser los países del Norte global los que les provean asesoría técnica para garantizar la correcta aplicación de esa metodología. Una parte que aún está en discusión y que en ningún caso debe de quedar descrita sin tener garantías suficientes para la comparabilidad de las emisiones.
Otro de los puntos que sigue abierto es la revisión de los compromisos en ciclos de 5 años. No solo encontramos dos posturas dispares, a favor y en contra, sino que además vemos cómo sigue contemplándose la posibilidad de que esas revisiones sean a la baja o que se mantengan los compromisos presentados con anterioridad. No se ha producido ningún avance significativo en lo que se refiere a la adaptación la financiación y las pérdidas y daños. Sigue sin resolverse la discusión de si los mecanismos para hacer frente a las pérdidas y daños deberán tener articulado propio y si deberían de ligarse a la adaptación.


En resumen, tras una semana de negociaciones, no encontramos avances significativos y siguen quedando pendientes las discusiones centrales del próximo acuerdo de París. Un acuerdo que ni tan siquiera menciona el término de energías fósiles, ni la necesidad de dejar al menos el 80% de sus reservas bajo el suelo, ni subraya que la situación actual es consecuencia de un modelo depredador de recursos. Se sigue apuntalando un nuevo “capitalismo verde”, que no es más que una huida hacia delante del mismo modelo que nos ha traído a la situación actual, en el que persisten falsas soluciones y no se ataca la fuente principal de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Un acuerdo que obvie la necesidad de un cambio de modelo basado en la agroecología, la producción distribuida mediante energías renovables y un nuevo modelo de sostenibilidad es el único camino para frenar el camino hacia el colapso ambiental al que nos dirigimos.