sábado, 19 de diciembre de 2015

“Sólo una visión sagrada de la Vida puede proteger la Vida"


Entrevista a Vandana Shiva, activista internacional 

Teresa Vilardell, Mónica Fuentes y Pedro Burruezo

A diferencia de la mayoría de los grupos ecologistas, empeñados en “reformar” el Sistema, pero sin salirse de él y de sus trampas, Vandana Shiva “síííííííííííííííííí” tiene una alternativa a la desastrosa situación social y medioambiental. Shiva  opina que las sociedades tradicionales que todavía resisten en el planeta tienen la solución a los principales problemas que asolan a nuestro planeta y a las sociedades. Bastaría con extraer de ellas aquello que, sin tener nada que ver con las diferentes tradiciones espirituales, es una herencia de costumbrismos remotos que, mezclados con la situación de miseria globalizada actual, pueden empeorar la vida de personas que ya viven en unas condiciones de miseria infrahumanas. La visión de Vandana Shiva es una visión espiritual, surgida de la misma tierra, de una visión holística del mundo, de una visión que representa a la verdadera ecología, la ecología profunda, la ecología espiritual, la ecología que ha aprendido a comprender el mundo como algo sagrado.

-Usted señala, y creemos que con mucha razón, que las pequeñas granjas familiares en India son mucho más productivas que los monocultivos de la agricultura intensiva. Esas granjas tienen una relación directa con los sistemas sociales y espirituales de la Tradición hindú, en este caso la religión mayoritaria. Pero, en el mundo actual, sólo a una activista india vestida con sari le está permitido decir las cosas que usted dice, al menos en Occidente. Porque, en honor a la verdad, en Occidente, y creo que también en Oriente, la clase política, empresarial, e incluso los que se supone que están en la contracultura… nadie quiere oír hablar de nada que tenga que ver con el pasado.
-Así es. Hay estudios bien claros que demuestran que las formas de vida tradicionales con sus granjas son mucho más productivas que las grandes explotaciones y los monocultivos, que además causan graves problemas medioambientales y sociales. Los policultivos producen más de más variedades y enriquecen la tierra y la biodiversidad. Las pequeñas granjas familiares en India, y en las demás partes del planeta, cada cultura a su manera, defienden la biodiversidad y la soberanía alimentaria, y la independencia de los pueblos frente a las grandes empresas del agrobussines, como Monsanto o Syngenta. Esta forma de vivir defiende la vida. Para demostrar que nosotros no somos fanáticos religiosos ni nada que se le parezca, y para que no nos manipulen en este sentido, cuando hemos luchado por las semillas, por la tierra, por el agua… siempre lo hemos hecho en perfecta unión hindúes, musulmanes y miembros de otras confesiones… Ghandi era partidario también de defender las culturas autóctonas y las fórmulas económicas de cada pueblo, que favorecen la solidaridad social y el medio ambiente, ante el imperialismo y sus problemas medioambientales y sociales asociados. La tierra, el agua, las semillas… son sagradas para todos nosotros. Obviamente, algunos sistemas sociales no son paraísos y tienen problemas que habría que resolver. Creo que es necesaria una mente abierta para ver el pasado con otros ojos y para ver que no todo lo actual es negativo. El algodón transgénico que se cultiva en India es menos productivo y menos rentable que el algodón de las variedades tradicionales. Las soluciones no están en la tecnología, sino en la espiritualidad.
150.000 SUICIDIOS
-Estamos muy de acuerdo, señora Shiva. Pero déjeme insistir en que cuando un activista medioambiental europeo defiende, sin sari y sin turbante, sin taparabos o sin sombrero de plumas, las formas de organización y de eco-nomía de las diferentes tradiciones, sean hindúes o amazónicas, sean aborígenes o islámicas primigenias (todas ellas hoy prácticamente inexistentes)… todos se le echan encima, para tacharlo de retrógrado, de neofascista, de estar en contra de los derechos de las mujeres o asociado a lo más infame de las jerarquías eclesiásticas…
-Sí, sé a qué os refierís. Los medios, que no son neutrales, dan mucho bombo y platillo a ciertos problemas de las formas de vida tradicionales que, enquistadas en la sociedad globalizada y mezcladas con la miseria de las grandes megalópolis, producen dolor y graves problemas. Un ejemplo sería la sociedad de castas en una sociedad como la de India de hoy, mezclada con la pobreza, el desamparo en los suburbios… Pero todo esto son verdades a medias. No se dice toda la verdad. Por ejemplo, las mujeres en India viven mucho mejor, salvo excepciones, con más plenitud, en las aldeas de mi país que en las grandes ciudades, donde se supone que tienen más derechos. En las megalópolis es donde se da el mayor número de abortos selectivos con fetos de niñas que en los pueblos. Para muchas personas, la vida en las grandes urbes es un auténtico infierno y viven en la soledad y en la más injusta de las miserias, cosa que no pasa de forma tan acuciante en las pequeñas poblaciones, donde se mantienen redes de solidaridad que tienen que ver con formas de espiritualidad heredadas del pasado. Recordemos también que las luchas religiosas, o las presuntas luchas religiosas, son más feroces con la globalización que con anterioridad. Y, en fin, no nos debemos despistar: las clases más débiles tenían muchos más derechos y vivían mejor antes de que llegara el sistema económico occidental a mi país. Algo parecido señala Wangari Maathai con respecto a la mujer africana. 150.000 campesinos indios se han suicidado en los últimos años, endeudados por la compra de semillas e insumos que fabrican empresas agroalimentarias de capital extranjero. ¿Esos 150.000 suicidios y la pobreza que conllevan a sus familias no son 150.000 víctimas del sistema económico global, de las que nadie habla? Es posible el equilibrio entre la Tradición y una democracia verdadera, no la actual.
ECO-NOMÍA LOCAL
-Eco-nomía local, formas de vida tradicionales, pequeñas granjas familiares, producción artesanal, agricultura ecológica, todo en armonía con Gaia… ¿Es posible? Los escépticos dicen que no…
-Es posible, claro. De hecho, el mundo ha funcionado así durante mucho tiempo. Yo tengo plena confianza en las mujeres de los pueblos tradicionales. Ellas no son exactamente activistas, pero se opusieron a la tala de árboles con el movimiento Chiptko y luego el gobierno de India reconoció que tenían razón, cuando llegaron las inundaciones y los deslizamientos de tierras que causaron tantos muertos. En ese tipo de mujeres está el futuro, porque su vida entera gira en torno a la fertilidad, su propio cuerpo, el cuidado de los niños, el campo, las semillas, el cuidado del agua… Ellas practican la agricultura ecológica en sus pequeñas granjas familiares, protegen los árboles, protegen una alimentación local y de calidad para sus familias… Y esas formas de hacer, como está más que demostrado, es la mejor forma de luchar contra el cambio climático y la modificación genética. El hambre en el mundo no se soluciona con semillas Terminator, sino con una producción descentralizada, a pequeña escala, con sistemas que protejan los recursos naturales para el presente y para las generaciones futuras, que conlleven alimentos sanos y variados para todos… Lo que es imposible es continuar con el sistema actual. Es un suicidio seguir abogando por este tipo de sistema que causa muerte y destrucción a su paso…
LEYES GAIANAS
-El tema del calentamiento global es un caso emblemático. Se buscan soluciones tecnológicas, leyes supercomplicadas… Pero, en verdad, el sistema de vida sencillo y apegado a la tierra de las formas de vida tradicionales representa la mejor alternativa a un mundo que camina hacia el Apocalipsis…
-Estamos completamente de acuerdo. La agricultura orgánica es la verdadera solución al cambio climático. Tenemos que volver a la pequeña escala. Las tierras tienen que tener una prioridad: alimentar a las personas, no a los tanques de combustibles de los coches. Creo que para nosotras, las mujeres, hay una tarea importante. Proteger las semillas, la biodiversidad, la soberanía alimentaria. Creo que las mujeres son importantes para defender la visión del mundo que verdaderamente está en armonía con Gaia. Los hombres también pueden ser ecofeministas, ja ja. Contra el calentamiento global, es necesario crear bancos de semillas de variedades autóctonas y resistentes, que sean capaces de vivir lo más adaptadas posibles a los cambios que se van a dar y a los extremismos climáticos. Una economía en manos del mercado, de las empresas, del patriarcado occidental… es una economía que nos lleva al desastre. En Rajasthán, las granjas pequeñas, familiares, son las que han conservado los árboles y la biodiversidad, y son las granjas que disponen de más agua y las que sobreviven mejor. Esta es la eco-nomía que necesitamos. Hay que romper con la “patentización” de la vida, que conduce a los pueblos a la miseria. Libertad para las semillas y para la vida. No más patentes y, por otro lado, es preciso reforestar el mundo. Es  devolver al planeta su fertilidad, hoy en manos de las empresas, que son estériles. Gandhi decía: “Que Dios me haga como una mujer”.


UNA ECO-NOMÍA DE LO SAGRADO
-El Sistema no puede solucionar las cosas. En todo caso, puede empeorarlas… hasta el límite del no retorno. ¿No es así?
-El problema del cambio climático, por ejemplo, no se puede solucionar con un plan para negociar internacionalmente con las emisiones de gases de efecto invernadero. La solución integral va por otra vía. Reconocer lo sagrado de la Natutraleza es reconocer que no podemos violarla, que la acción humana tiene que tener límites. La única manera de solucionar el calentamiento global es reconociendo que los procesos de regulación del clima mundial son inviolables. Esto llevaría a dejar de emitir gases y a conservar las selvas y a reforestar las zonas degradadas. Para ello, hace falta un profundo cambio de índole espiritual en el mundo. Sólo una visión sagrada de la vida puede proteger la vida. Somos hijos de Gaia y debemos vivir dentro de sus límites. No debemos utilizar nuestro poder para seguir destruyendo el planeta, sino para restaurar la vida y la fertilidad. La verdadera eco-nomía es la que defiende la vida a largo plazo, pero los políticos y los empresarios no tienen visión de futuro. El gobierno de India, insisto, decía que las mujeres que se abrazaban a los árboles para protegerlos querían detener el crecimiento de la economía en nuestro país. Las mujeres querían defender la vida y, con la vida, la propia existencia y la propia eco-nomía. Todo va ligado. En las pequeñas granjas familiares se cierra el círculo de los insumos dentro de la propia granja. El mundo tiene que saber que la agricultura intensiva, una agricultura basada en insumos fósiles y energías contaminantes, es uno de los mayores peligros para el calentamiento global. En India, todavía funciona la tracción animal, que no contamina, que fertiliza la tierra con un excelente estiércol, que no genera residuos, que acerca al hombre a la Naturaleza…
DECRECIMIENTO ECONÓMICO
-Hoy, India (o al menos una parte de su país) vive sumergida en una especie de lisérgico sueño desarrollista, como China… ¿Conoce usted las teorías del decrecimiento económico?
-Bueno, realmente, hace falta ser muy valiente para hablar de decrecimiento económico en India o en China. En India, los nuevos economistas se ríen, se mofan de las fórmulas económicas de la India tradicional, que conlleva un crecimiento, pero muy limitado. Ellos abogan por un crecimiento necesario y urgente de la economía india del 12% anual. Se ríen de los sistemas tradicionales ligados al mundo espiritual. Hoy, en India y en todo el mundo, la nueva religión es la religión del crecimiento económico y de la tecnología. La buena ciencia y la espiritualidad siempre habían ido unidas. Un ejemplo es la medicina ayurvédica y/o la medicina tradicional china. Se tomaba/toma el pulso como parte de algo vivo. Eran medicinas que partían del vitalismo, que incluye el mundo espiritual en su explicación de la vida. Occidente le tiene pánico a las teorías vitalistas. En cambio, la medicina occidental ha cosificado la vida. Es fruto de una sociedad patriarcal de banqueros, economistas, científicos, militares… Por eso, a las antiguas herboristas se las consideraba brujas… Las sociedades tradicionales tenían y tienen soluciones a los problemas que nos acechan, pero también hay que saber aquello de negativo que existía y/o existe en ese tipo de sociedades. En el equilibrio está, sin duda, la salida que debemos tomar para proteger a las generaciones venideras.
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 “En ese tipo de mujeres está el futuro, porque su vida entera gira en torno a la fertilidad, su propio cuerpo, el cuidado de los niños, el campo, las semillas, el cuidado del agua… Ellas practican la agricultura ecológica en sus pequeñas granjas familiares, protegen los árboles, protegen una alimentación local y de calidad para sus familias…”
“Hay que romper con la “patentización” de la vida, que conduce a los pueblos a la miseria. Libertad para las semillas y para la vida. No más patentes y, por otro lado, es preciso reforestar el mundo. Es  devolver al planeta su fertilidad, hoy en manos de las empresas, que son estériles. Gandhi decía: ‘Que Dios me haga como una mujer’”
“En las pequeñas granjas familiares se cierra el círculo de los insumos dentro de la propia granja. El mundo tiene que saber que la agricultura intensiva, una agricultura basada en insumos fósiles y energías contaminantes, es uno de los mayores peligros para el calentamiento global. En India, todavía funciona la tracción animal, que no contamina, que fertiliza la tierra con un excelente estiércol, que no genera residuos, que acerca al hombre a la Naturaleza…”

Revista: The Ecologist para España y Latinoamérica - Imagen: encaminodelheroe.blogspot.com