lunes, 21 de diciembre de 2015

Invirtiendo en biodiversidad en Sabah, Malasia



El comercio de créditos de biodiversidad se ha posicionado en Sabah como una solución al problema de la pérdida de diversidad biológica (especialmente el hábitat del orangután). Este enfoque, sin embargo, no reconoce la economía política internacional del aceite de palma y de la madera en Malasia, los problemas asociados con los monocultivos a gran escala orientados a la exportación que reemplazan a los bosques tropicales de Borneo, el consumo excesivo y la codicia de las empresas, la corrupción a alto nivel y el madereo industrial. Los pueblos (indígenas) locales, retratados como cazadores y pescadores furtivos, son presentados como la “amenaza real” a la flora y fauna de Sabah. A su vez, la compensación por la pérdida de biodiversidad permite que las empresas y los actores estatales se posicionen como los “salvadores de la naturaleza”.

La teoría para invertir en biodiversidad es simple: la naturaleza no tiene un precio y por tanto los seres humanos no tienen incentivos para conservarla. En tanto la degradación de la biodiversidad continúe sin tener valor monetario, la destrucción de la naturaleza es gratuita, y sus efectos negativos no figuran en los balances de las empresas y los análisis de costo-beneficio. Irónicamente, fueron ecologistas quienes argumentaron a favor de incorporar a la naturaleza en los procesos de toma de decisiones para “salvar a la naturaleza”, lo que sirvió como justificación para la introducción de los análisis de costo-beneficio en el ámbito ambiental en los Estados Unidos en la década de 1980. Desde entonces, la inversión en biodiversidad y otros instrumentos de mercado similares se han proliferado en todo el mundo. Portavoces del concepto de responsabilidad social empresarial, políticos, algunas ONG conservacionistas y economistas ambientales los promueven por igual como soluciones progresivas a la continua pérdida de especies y hábitats. Se utilizan mecanismos de mercado, en el marco de una legislación obligatoria (por ejemplo, leyes de planificación que exigen la compensación por pérdida de biodiversidad) o instrumentos voluntarios (por ejemplo, la compra de créditos de compensación), para ponerle precio a la naturaleza, y por lo tanto “contabilizar” los efectos previamente no contabilizados de las operaciones comerciales de las empresas. 
Sin embargo, los estudios han demostrado que la mayoría de las veces, los mecanismos de compensación - que permiten compensar la destrucción de la naturaleza en un lugar con la restauración o conservación de la naturaleza en otro lugar – no resultan realmente en la “no pérdida neta de biodiversidad”. Las opiniones a favor de la restauración de la naturaleza degradada (a menudo utilizadas para compensar la destrucción de hábitats intactos en otros lugares) son demasiado optimistas. Lo que generalmente ignoran quienes promueven la mercantilización de la naturaleza es que la biodiversidad es única y está interconectada; no es fungible ni intercambiable; forma parte de un ecosistema complejo y está integrada a un contexto no solamente ecológico sino también social, y carga valores no económicos para las comunidades locales que tienden a ser ignoradas en las políticas de compensación. 
El BioBanco Malua - bosques, aceite de palma, políticas y orangutanes 
El BioBanco Malua en Sabah, Malasia, creado en 2008, constituye un ejemplo de un esquema voluntario de compensación por la pérdida de biodiversidad y es además el primer banco de conservación tropical. Con la compra de Certificados de Conservación de la Biodiversidad, que representan la rehabilitación y protección de 100 metros cuadrados del hábitat del orangután en la Reserva del Bosque de Malua, las empresas y personas pueden compensar sus impactos destructivos en la biodiversidad (causados por ejemplo, por actividades de madereo o plantaciones para la obtención de aceite de palma). (1) 
Malasia es uno de los principales exportadores de aceite de palma del mundo, y gran parte de su bosque primario se ha perdido por la deforestación y la conversión de los bosques. El BioBanco fue creado por el departamento forestal de Sabah, en cooperación con una agencia de inversiones de Australia (New Forests Pty Ltd., que administra inversiones en los mercados ambientales y, junto con la empresa de gestión de activos con sede en Estados Unidos Equator LLC, administra Eco Products Fund (EPF), un fondo de inversión de US$100 millones de dólares) y una ONG malasio-estadounidense, para proteger el hábitat de los últimos orangutanes que quedan en Borneo. Los Certificados de Conservación de la Biodiversidad están registrados en TZ1 Limited (ahora Markit), un proveedor de infraestructura para los mercados de productos ambientales. El gobierno estatal es conocido por sus “enfoques innovadores para la conservación”, pero a la vez es criticado por la extracción (ilegal) de madera, el (re)madereo prematuro y la conversión de los bosques para obtener ingresos con la extracción de madera y la palma aceitera, e incluso por reclasificar “áreas protegidas” como “bosques de producción” para permitir la expansión del madereo, y sacrificar espacios del hábitat del orangután con la finalidad de establecer plantaciones de palma aceitera orientadas a la exportación del aceite. Además, el estado suele verse como demasiado laxo con las empresas del negocio del aceite de palma a la hora de aplicar la normativa sobre contaminación del aire y el agua, violación de los derechos de los pueblos indígenas, abuso y explotación de los trabajadores (extranjeros). 
El BioBanco Malua fue concebido como un modelo comercial con fines de lucro “para convertir la conservación de los bosques en un producto negociable, de manera que la conservación de la biodiversidad pudiera competir con otros usos del suelo sobre una base comercial a través de la venta de los Certificados de Conservación de la Biodiversidad”. Se suponía que la inversión en la naturaleza generaría “ganancias competitivas” a los inversores. Sin embargo, en lugar de “contabilizar” los múltiples impactos ambientales de las industrias madereras y del aceite de palma - o de abordar efectivamente los problemas sistémicos del sobreconsumo -, el proyecto pareció más una oportunidad para mejorar o maquillar de verde la imagen de las empresas que compraron Certificados de Conservación de la Biodiversidad. Los créditos se comercializan y promueven internacionalmente. Inicialmente, uno de los principales inversores interesados en la compra de créditos había sido Shell International (que se retiró durante la crisis financiera de 2008). 
¿Por qué y cómo se creó el BioBanco Malua? 
El gobierno del estado de Sabah depende de la agricultura para la obtención de aceite de palma: el 7,5% de impuesto a las ventas representa casi la mitad de su PIB, y el aceite de palma se ha convertido en un capital transnacionalizado, apoyado por organizaciones internacionales como el Banco Mundial y la agencia de las Naciones Unidas FAO. Desde la época colonial, la industria maderera ha tenido estrechas relaciones con el gobierno; se basa en redes de clientes políticos que otorgan concesiones madereras a personas clave a cambio de apoyo político. Se siguen denunciando escándalos millonarios en torno a concesiones ilegales de madera, que involucran a funcionarios estatales de alto nivel y a menudo a costa de la población local. Al mismo tiempo, la importancia del negocio de la madera disminuye a medida que numerosas zonas de bosques son convertidas en plantaciones de palma aceitera. Eso ha hecho que el departamento forestal pierda una importante fuente de ingresos. El departamento forestal, que antes fue muy poderoso y rico, ahora ha tenido que buscar nuevas formas de asegurar fondos, legitimidad (internacional) y poder - mientras está bajo la presión internacional para conservar el hábitat de los orangutanes. Políticamente resulta difícil aumentar los impuestos, introducir regulaciones o incluso hacer cumplir la legislación vigente para detener la expansión de las plantaciones de palma aceitera. Estas circunstancias históricas, dependencias estructurales así como relaciones individuales del Departamento Forestal con la ONG malasio estadounidense que propuso la creación del BioBanco, así como las personas que participan en el departamento forestal con un interés de conservación por razones financieras y de imagen, hicieron que la creación del BioBanco resultara tan atractiva. Aún así, a las empresas no les convenció la idea y el propio director forestal tuvo que telefonear a las empresas madereras y pedirles que compraran certificados de conservación - supuestamente a cambio de una mayor laxitud de las reglamentaciones ambientales y un apretón de manos en la celebración del lanzamiento del BioBanco.
Pero ¿cómo fue que el BioBanco terminó por ser considerado una solución al problema de la pérdida de biodiversidad (especialmente del hábitat del orangután) en Sabah? Se necesitó replantear la cuestión en sí. En lugar de reconocer la economía política internacional del aceite de palma, los problemas asociados con los monocultivos a gran escala orientados a la exportación que sustituyen a los bosques tropicales de Borneo, el consumo excesivo, la codicia empresarial, la corrupción a alto nivel y el madereo industrial, el posicionamiento del BioBanco como solución se basa en retratar a las poblaciones (indígenas) locales como cazadores y pescadores furtivos, y por ende ser la “amenaza real” para la vida silvestre de Sabah. Esto forma parte del discurso más amplio sobre la modernización y de calificar a los pueblos indígenas como “atrasados” y “opuestos al desarrollo”. A su vez, permite que agentes empresariales y estatales se posicionen como los “salvadores de la naturaleza”. El negocio de la palma aceitera que ignora la legislación ambiental, vulnera los derechos territoriales de los pueblos indígenas y acepta (cuando no apoya) el abuso de sus trabajadores, así como la compañía de inversión australiana, terminaron siendo considerados como los “muchachos buenos”.
¿Qué efectos tiene esto? 
El BioBanco Malua de hecho protege un sector del hábitat del orangután que ya había sido protegido previamente pero que se vio amenazado por falta de fondos del Departamento Forestal. Al mismo tiempo, la posibilidad de compensar podría legitimar las actividades ambiental y socialmente destructivas de las empresas madereras y del aceite de palma, entre otras. Por lo tanto, el BioBanco no aborda las causas subyacentes de la pérdida de biodiversidad en Sabah - ni contribuye a la mitigación de la pobreza, como suelen anunciar los arquitectos de la gobernanza ambiental neoliberal. La población local perdió el acceso a un pequeño río previamente utilizado para la pesca (ahora guardaparques armados patrullan los límites del BioBanco), mientras que la imagen del Departamento de Estado como progresista, favorable al desarrollo, y aún así ambientalista, se fortalece tanto en el extranjero como a escala nacional.

Ver más información en:
Andrea Brock a.brock@sussex.ac.uk
Estudiante de doctorado en la Universidad de Sussex, Reino Unido 
 (1) Es importante señalar que cuando compran Certificados de Conservación de la Biodiversidad, los compradores acuerdan que, formalmente, esos certificados “no representan una compensación de la tala o la degradación [adicional] de otros bosques”. Sin embargo, las entrevistas han demostrado que, en los hechos, se entiende que las compras representan la compensación de algún daño anterior y que las motivaciones de las empresas son para asegurar la buena voluntad en materia de regulación y una buena relación con el gobierno, para así recibir más concesiones (de madereo) en el futuro. No hay ninguna razón para suponer que la práctica actual de las empresas no continuará en el futuro.