Menos del 1% de ecosistemas en peligro de Chile central está protegido


Estudio evaluó 20 ecosistemas alertando que más de la mitad de ellos está con algún grado de amenaza. Mayoría de estos terrenos son privados y para protegerlos el Estado tiene que comprarlos o recibirlos en donación.
 
El bosque espinoso andino mediterráneo de espino y Baccharis paniculata, el bosque esclerófilo costero mediterráneo de litre y peumo y el bosque esclerófilo psamófilo mediterráneo interior de quillay y Fabiana imbricata, son los tres ecosistemas que más peligro de colapso tienen en Chile central, y son también los que menos cobertura tienen en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Snaspe), en parques, monumentos y reservas naturales.
Un estudio de la U. de Chile, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), determinó que están En Peligro Crítico, según el criterio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Otros cinco están En Peligro o son Vulnerables, más de la mitad de los 17 ecosistemas de los que hay suficiente información para analizar, otros tres tienen datos insuficientes.
Jorge Pérez Quezada, investigador del Laboratorio de Ecología de Ecosistemas de la U. de Chile y del IEB, dice que el 0,79% de la superficie de los ecosistemas Vulnerables está protegido, 0,13% de los que están En Peligro lo están también, mientras sólo un 0,43% de los ecosistemas En Peligro Crítico están en el Snaspe. “La principal razón es porque la mayor parte del territorio en esta zona es privado, y para protegerlo, el Snaspe tendría que comprarlos o recibirlos en donación”, explica.
Al igual que la Lista Roja de especies amenazadas, la UICN creó una metodología para clasificar los ecosistemas en una lista similar, para saber si están en peligro de colapso. Sobre Chile central era conocida la amenaza, pero con este estudio se logró una clasificación más exacta de los ecosistemas en mayor riesgo.
Según Pérez, las causas de la pérdida de ecosistemas son variadas, pero en general el culpable es el cambio de uso de suelo. En el análisis de estudios realizados en la zona en 50 años, es posible observar cómo el bosque nativo pasó a ser matorral, plantaciones, zonas agrícolas o urbanas. “Vale decir, el bosque primero fue cortado para usar la madera y usar la tierra para agricultura o ganadería. Las plantaciones forestales usaron terrenos donde había bosque o ya habían sido usados para agricultura o ganadería”, indica Pérez.
¿Es recuperable? En teoría, sí, dice, pero a un alto costo. “Habría que dedicar terrenos a la conservación, comprándolos o esperando que privados decidieran reconvertirlos a vegetación natural. En ecosistemas muy intervenidos, sería muy difícil. Por eso es urgente proteger lo que queda”, enfatiza.

Fuente: La Tercera

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