Economías, economías alternativas y sustentabilidad

Frente a la pretensión que el modelo económico capitalista (economía clásica, economía neoclásica y economía neoliberal) es un producto acabado – y por tanto no merece más discusión por considerársele exitoso e irreversible – en el mundo se han desarrollado múltiples escuelas, tendencias, corrientes, disciplinas y propuestas que tratan en diversos grados de superar las críticas a la economía hegemónica.

Por Rodrigo Arce Rojas

Así tenemos, entre otras: la economía azul (Pauli, 2011), la economía naranja (Buitrago y Duque, 2013), la economía verde (Pearce et al., 1989), la economía del bien común (Felber, 2013), la economía colaborativa (Ray, 2007), la economía solidaria (Singler, 2002; Mance, 1999), la economía circular (Pearce y Turner,1990), la Economía de la felicidad (Easterlin, 1974) e incluso se podría hablar de una emergente Economía indígena (Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 2007).  También podríamos mencionar a las disciplinas híbridas: economía ecológica (Nicholas Georgescu-Roegen, Herman E. Daly, Kenneth Boulding, Karl W. Kapp, Robert Ayres), economía ambiental (Hartwick, 1977; Solow, 1986), y la economía de Recursos Naturales.
Es propósito de este artículo pasar revista de las principales características de estas propuestas y tratar de identificar su nivel de articulación con el concepto de sustentabilidad. Se entiende que esta es una primera aproximación y es a la vez una invitación para que se puedan desarrollar investigaciones más profundas que lleven a que los tomadores de decisiones de los diversos sectores de la sociedad puedan extraer lecciones aplicables a la formulación e implementación participativa de políticas públicas.
Conceptos:
Vamos a recoger de la literatura los principales aspectos que caracterizan a estas propuestas. Se aclara que no todas tienen el mismo desarrollo teórico pero igual se valoran todas. Desde el pensamiento complejo no hay discriminación respecto al grado de sustentación científica de las propuestas pues todas tienen algo que decir y por la tanto de prestarles atención.
Economía azul: Busca servirse del conocimiento acumulado durante millones de años por la naturaleza para alcanzar cada vez mayores niveles de eficacia, respetando el medio y creando riqueza, y traducir esa lógica del ecosistema al mundo empresarial. (Pauli, 2011).
Economía naranja: Representa una riqueza enorme basada en el talento, la propiedad intelectual, la conectividad y por supuesto, la herencia cultural de nuestra región (Buitrago y Duque, 2013).
Economía verde: Se refiere a una economía que mejora el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas (PNUMA).
Economía ecológica: Es una disciplina científica que integra elementos de la  economía, la ecología, la termodinámica, la ética y otras ciencias naturales y sociales para proveer  una perspectiva  integrada  y biofísica de las  interacciones que  se  entretejen  entre economía  y  entorno (Castiblanco, 2007).
Economía del bien común: Se define como un sistema económico alternativo apartidista, que propone construir en base a los valores humanos universales que fomentan el Bien Común. Sitúan su foco de acción en la cooperación y no en la competencia, en el bien común y no en el afán de lucro. Desde ese lugar se proponen convertirse en palanca de cambio a nivel económico, político y social, un puente entre lo viejo y lo nuevo (https://economiadelbiencomun.org/)
Economía colaborativa: Alude a un nuevo modelo económico que se basa en el “intercambio entre particulares de bienes y servicios, que permanecían ociosos o infrautilizados, a cambio de una compensación pactada entre las partes” (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia –CNMC, citado por Diez, 2015).
Economía solidaria: Se ocupa, principalmente, de estudiar los distintos modos de satisfacer las necesidades humanas teniendo en cuenta los recursos disponibles poniendo, en primer lugar, el respeto por los derechos humanos, la protección del medio ambiente y la dignidad de las personas. Es por tanto un tipo de economía con carácter ético (OXFAM Intermom).
Economía circular: es restaurativa y regenerativa a propósito, y trata de que los productos, componentes y materias mantengan su utilidad y valor máximos en todo momento, distinguiendo entre ciclos técnicos y biológicos. Se concibe como un ciclo de desarrollo positivo continuo que preserva y mejora el capital natural, optimiza los rendimientos de los recursos y minimiza los riesgos del sistema al gestionar reservas finitas y flujos renovables. Funciona de forma eficaz en todas las escalas. Este modelo económico trata en definitiva de desvincular el desarrollo económico global del consumo de recursos finitos (Fundación Ellen MacArthur, s.f).
El mapa de las economías y su articulación con la sustentabilidad:
Para poder ubicar las diversas propuestas económicas usaremos como medida una línea que va desde aquellas que se encuentran ubicadas en el campo de la sustentabilidad débil y en el otro extremo las propuestas que pueden caracterizarse como de sustentabilidad fuerte. Entiéndase en ese caso sustentabilidad fuerte aquellas que genuinamente consideran las dimensiones económicas, sociales y ambientales en el mismo nivel y ponderación.  Una línea que va paralela a la primera refiere a las propuestas donde en el extremo izquierdo se considera la ecología superficialmente y en el extremo derecho la ecología profunda. La figura 1 muestra la escala de medición de sustentabilidad.
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Sustentabilidad débil                                                            Sustentabilidad fuerte  
(Ecología superficial)                                                              (Ecología profunda)
Fig. 1: Escala de medición de sustentabilidad

En el campo de sustentabilidad débil se encuentra la economía clásica (neoclásica, neoliberal) en tanto su orientación fundamental es el crecimiento económico a todo costo y considera que la sociedad humana está separada de la naturaleza y que esta última es fuente ilimitada de recursos. En este caso se considera que las personas están al servicio de la economía y no la economía al servicio de las personas. Este modelo económico es causante de las grandes crisis de la humanidad entre las que se destaca la crisis climática y la crisis de valores al propugnar el individualismo, el consumismo y la competencia.
En el campo de la sustentabilidad fuerte se encuentra la economía ecológica que se define precisamente con la ciencia de la sustentabilidad y parte de una crítica profunda a la economía neoclásica (neoliberal) (Arce, 2016). Esta es una propuesta científica que no ha alcanzado el desarrollo instrumental de la economía clásica (neoclásica, neoliberal) pero que sí ha influenciado en la generación de indicadores biofísicos (Van Hauwermeiren, 1998).
Cercanos a la sustentabilidad también se encuentran las propuestas de Bioeconomía y Economía del Bien Común.  Mientras en la economía clásica (neoclásica, neoliberal) el indicador de éxito fundamental es el dinero en la Bioeconomía el indicador fundamental es el respeto a la vida antes que únicamente a la producción de bienes y servicios que proceden de la naturaleza (Maldonado, s.f). En igual forma, la Economía del Bien Común considera que el dinero es un medio y no un fin, prestando más atención a aspectos sustanciales como los valores humanos y la colaboración.
Muy cercano a estas propuestas se encontraría la propuesta de poner en el centro del desarrollo a la felicidad como es el caso de Bután. La Felicidad Nacional Bruta de Bután mide: i) Bienestar psicológico (espiritualidad y satisfacción con la vida), ii) Uso del tiempo (equilibrio trabajo, ocio y dormir), iii) Vitalidad de la comunidad (integración entre comunidades, familias y amigos), iv) Diversidad cultural (diversidad cultural y continuidad de tradiciones como festivales y demás), v) Resiliencia ecológica (evaluación de las condiciones medioambientales y los comportamientos “eco-amigables), vi) Estándares de vida (ingresos, seguridad financiera y capacidad adquisitiva), vi) Salud (condiciones físicas y mentales de la población), vii) Educación (educación formal e informal, conocimientos, valores y habilidades), viii) Buen gobierno (Percepción gestión gubernamental y prestación de servicios) (Espitia, 2016).
Aunque la economía de la felicidad se interesa por investigar acerca de la felicidad de las personas más allá de la perspectiva de los economistas (Easterlin, 1974) todavía es más un método de medición que una propuesta independiente que abogue por la sustentabilidad. No obstante, el solo hecho de superar los indicadores materialistas de desarrollo ya constituyen un aporte de fundamental importancia.
En el mismo nivel de la Felicidad Nacional Bruta de Bután estaría la economía indígena. La economía indígena está basada en la cooperación, solidaridad, reciprocidad tomando como eje ordenador la distribución y la relación estrecha entre el ser humano y la naturaleza (Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 2007). Hay que reconocer, no obstante, que la economía indígena es por ahora más una propuesta política que teórica.
Un poco más atrás, pero con gran peso en su orientación a la sustentabilidad, estarían la economía azul y la economía solidaria. La economía azul propone que se usen las lecciones de la naturaleza para generar alternativas ingeniosas, creativas y rentables de desarrollo. Por su parte la economía solidaria tiene fuerte peso en reconocer el trabajo de los productores que toman en cuenta consideraciones sociales y ambientales.
En el medio estarían la economía circular y la economía naranja. Ambas ponen en relieve especificidades de la sustentabilidad que también son muy importantes de tomar en cuenta. Así la economía circular pone mucho énfasis en el reciclaje y el reúso de la cosas con la finalidad de disminuir la contaminación y generar nuevas oportunidades sustentables de empleo. La economía naranja también pone el acento en el despliegue del talento creativo de personas y comunidades. Lo interesante de la economía naranja es que es un llamado de atención a los que consideran que lo único que puede desarrollar un país es la apuesta por las industrias extractivas. Bajo esta consideración las propuestas de postextractivismo cobrarían real sentido pues apuestan a mirar con mayor atención la riqueza de la biodiversidad y la diversidad cultural de los pueblos (Alayza y Gudynas, 2011). También a este mismo nivel pondríamos a la economía colaborativa que pone énfasis en la colaboración usando las posibilidades que ofrece el internet.
Algo más atrás de estas propuestas (entrando ya en el campo de la sustentabilidad débil) estarían la economía verde, la economía ambiental y la economía de recursos naturales. La característica fundamental de estas propuestas es que han tomado nota de las críticas a la economía clásica (neoclásica, neoliberal) y dicen incorporar activamente los aspectos sociales y ambientales. El tema está en que no abandonan los supuestos básicos de mercantilización de la naturaleza y por ello necesitan la valoración para poder internalizar las externalidades.
A modo de conclusiones:
Aunque el mapa desarrollado todavía es preliminar nos permite extraer valiosas conclusiones:
    •    Desde el propio capitalismo se desarrollan propuestas que erosionan los dogmas fundamentales de la economía clásica (neoclásica, neoliberal). Esto revela una profunda crisis del modelo capitalista aunque sus defensores insistan en negarlo.
    •    Un giro fundamental hacia la sustentabilidad constituye el hecho de cambiar de centro del dinero a la vida.
    •    Otro giro es superar una visión exclusivamente en la competencia para reconocer el valor de la cooperación, o en todo caso de la coopetitividad.
    •    Es interesante reconocer las propuestas que ponen el real valor de la vida y felicidad como indicadores de éxito.
    •    Aunque la economía ecológica no ha tenido el desarrollo instrumental y metodológico de la economía clásica (neoclásica, neoliberal) sí ha ejercido una influencia notable para generar propuestas alternativas más orientadas hacia la sustentabilidad.
    •    Las diversas propuestas revisadas dan cuenta de la necesidad de fortalecer un pensamiento complejo que preste más atención a cosas que no se han visto o no se han querido ver por conveniencia.
    •    Las propuestas además ponen en evidencia la necesidad de romper la colonización del pensamiento y buscar creativa e innovadoramente alternativas que apunten a gestionar de mejor manera las energías locales.
    •    Finalmente, existe la necesidad que estos temas entren al debate público, que se desarrollen más investigaciones, estudios de caso y proyectos piloto. Ya existe una buena base de información que dan cuenta de las posibilidades de estas alternativas pero aún no son suficientemente valoradas y conocidas.

Introducción:
Referencias bibliográficas:
Alayza, Alejandra y Gudynas, Eduardo. Editores. (2011). Transiciones Post extractivismo y alternativas al extractivismo en el Perú. Lima: Red Peruana por una Globalización con Equidad – RedGE y Centro Peruano de Estudios Sociales – CEPES. Recuperado de: http://dar.org.pe/archivos/publicacion/transiciones_extractivismo.pdf
Arce, Rodrigo. (1 de mayo, 2016). Aportes de la economía ecológica a la gestión ambiental. [Mensaje en un blog]. SERVINDI. Lima. Recuperado de: https://www.servindi.org/actualidad-noticias/01/05/2016/cual-es-el-aporte-de-la-economia-ecologica-la-gestion-ambiental
Buitrago, Felipe y Duque, Iván. (2013). La economía naranja. Washington: Banco Interamericano de Desarrollo. Recuperado de: https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/3659/La%20economia%20naranja%3A%20Una%20oportunidad%20infinita.pdf?sequence=4
Castiblanco, Carmen. (2007). La economía ecológica: Una disciplina en busca de autor. Investigación. Volumen 10 ­ No. 3 Diciembre. Recuperado de: http://bdigital.unal.edu.co/13802/1/1424-6796-1-PB.pdf
Diez, Belén. (2015). La economía colaborativa: un nuevo modelo de consumo que requiere la atención de la política económica. Grado en Administración y Dirección de Empresas. Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Universidad de Valladolid. Recuperado de: http://www.bibliotecaabierta.andaluciaemprende.es/buenasPracticasWeb/datos/Documento-2102462621/645/668.pdf
Easterlin, R. (1974). Foreign Affairs. Obtenido de http://revistafal.com/la-economia-de-lafelicidad/
Espitia, Raúl. (2016). La Felicidad Nacional Bruta (FNB) y sus efectos como indicador del bienestar social sobre la población en el Reino de Bután (2010-2015). Estudio de caso Presentado como requisito parcial para optar por el título de Internacionalista En las facultades de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales Universidad Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario. Recuperado de: https://core.ac.uk/download/pdf/86437322.pdf
Felber, Christian. (2013). La economía del bien común Una alternativa democrática desde abajo. DEUSTO. Recuperado de: http://www.ecosfron.org/wp-content/uploads/Christian-Felber.La-Econom%C3%ADa-del-Bien-Com%C3%BAn.pdf
Ferrer-i-Carbonell, Ada. (2011). Economía de la felicidad. Núm. 28 mayo. Barcelona: Centre de Recerca en Economía Internacional (CREI)
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Instituto Interamericano de Derechos Humanos.  (2007). Economía indígena y mercado / Instituto Interamericano de Derechos Humanos. -San José, C.R.: IIDH. Recuperado de: https://www.iidh.ed.cr/IIDH/media/2090/economiaindigena-2008.pdf
Maldonado, Carlos. (s.f.) Biodesarrollo y complejidad. Propuesta de un modelo teórico. Recuperado de: http://www.academia.edu/7676938/Biodesarrollo_y_complejidad._Propuesta_de_un_modelo_te%C3%B3rico
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Pauli, Gunter. (2011). La economía azul: 10 años, 100 innovaciones, 100 millones de empleos: Un informe para el Club de Roma. Barcelona: Tusquets, 2011. Recuperado de: https://isfcolombia.uniandes.edu.co/images/Uniminuto_2016-1/Economia_Azul-Gunter_Pauli1.pdf
Pearce, D.W., Markandya A. and Barbier, E.B. (1989). Blueprint for a Green Economy. Earthscan, London
Mance, Euclides. (1999). A revolução das redes: a colaboração solidária como uma alternativa pós-capitalista à globalização atual, Petrópolis: Vozes (1999), pág. 178, ISBN 8532622801.
Singer, Paul. (2002).   Introdução à Economia Solidária, São Paulo: Perseu Abramo (2002), ISBN 8586469513.
Van Hauwermeiren, Saar (1998), Manual de economía ecológica. Quito: Instituto de ecología política. Pp. 97
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*Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento Complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin de México. Su correo es rarcerojas@yahoo.es
Fuente: Ecoportal.info

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