La trampa de los tomates transgénicos ¿Sabe Usted que esta comiendo su hijo en este momento?




Apuntes para digerir la ensalada mixta del asadito
La posibilidad de modificar algunas características de los alimentos para aumentar el negocio de comercialización, nunca encontró límites éticos en las empresas de biotecnología.
Monsanto, por ejemplo, desde el inicio, se interesó en modificar genéticamente las características de los tomates, entre otros frutos, para lograr que no se pudriese tan rápido en las góndolas de los supermercados.
Y lo logró, pero a que costo.
Bombardeó las estructuras de su ADN, con un gen extraído de un pescado del Ártico, que lo hacía resistente a la kanamicina, y los  bautizó como tomates larga vida.
Inmediatamente logró su aprobación por parte de la FDA (Food and Drug Administration) para su comercialización y luego le encargó la investigación sobre las consecuencias de su consumo al laboratorio: Internacional Research Development Corporation.
Cuando los nuevos tomates ya estaban siendo comercializados en los EEUU, el laboratorio informó a Monsanto que sobre cuarenta cobayos experimentados, siete habían muerto por razones no explicadas, y que muchos más después de dos semanas de ser alimentados con la inocente fruta, habían desarrollado importantes lesiones en su aparato digestivo.
Estos tomates, bautizados Falvr Savr, entonces fueron retirados del mercado norteamericano, aunque comenzaron a cultivarse en México (total como dijo Summer los pobres se mueren de miseria, antes que le llegue el cáncer).
Esa variedad, la Falvr Savr, posteriormente fue retirada del mercado, no por los graves problemas que ocasionaba su consumo, sino porque era poco rendidora en la plantación.
Hoy en día, todos los tomates que se comercializan en nuestro país son larga vida, y su irrupción en nuestro mercado nunca tuvo ninguna clase de barreras por parte de nuestras autoridades sanitarias y agronómicas.
Desde siempre, han reverenciado las decisiones que los organismos respectivos adoptan en el país del norte.
Tanto la FDA, como la EPA United States Environmental Protection Agency, el resto de las oficinas encargadas en ese país de controlar los alimentos, distan mucho de ser agencias neutrales.
Muy por el contrario, sus desiciones han estado dirigidas por las políticas oficiales hacia estos temas.    Políticas oficiales dirigidas por los ejecutivos de estas empresas, que pasan un tiempo en las oficinas gubernamentales y otro equivalente, en sus directorios.
Este fenómeno es tan conocido por el público y la prensa por aquellos lados, que habitualmente se refieren a él como la política de: puertas circulares, por la permanente circulación entre el Estado y las empresas, de quienes toman las desiciones.
Al inicio de la revolución biotecnológica, que produjo los temibles OGM, estas empresas, que hoy lideran el mercado de alimentos en el mundo, lograron la adhesión incondicional de sus dirigentes políticos.
El ex presidente Clinton, fue el primero que les abrió las puertas, aunque fue George Bush, quién les habilitó todos los permisos y requerimientos, pasando por encima de todos los controles, que racionalmente deberían haber puesto a estas nuevas tecnologías.
El impacto en el sistema endocrino de los seres vivos es fenomenal, desde que comenzaron a comercializarse los agrotóxicos primero y despues los alimentos modificados, por ejemplo, a disminuido aproximadamente en un cincuenta por ciento el contenido de espermas en los machos de la especie humana y ha aumentado un cincuenta por ciento el cáncer de mama en las féminas.
El tema es atemorizante, estamos en manos de estos individuos, que manejan la ciencia como un instrumento de lucro, desligados completamente de las consecuencias sobre la salud que tienen.

Fuente: http://www.fundavida.org.ar/web/la-trampa-de-los-tomates-transgenicos-¿sabe-usted-que-esta-comiendo-su-hijo-en-este-momento

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