Durban o el síndrome maya






Según el historiador medioambiental Jared Diamond, unas sociedades deciden perdurar y otras, de forma inconsciente, desaparecer. Por ejemplo, ante un proceso avanzado de deforestación, erosión de los suelos, sequía, cambio climático y guerras, explica de la siguiente manera una de las razones del colapso de la civilización maya en el siglo IX: “los reyes y nobles no consiguieron detectar y resolver estos problemas aparentemente obvios y que socavaban la sociedad.

POR: FLORENT MARCELLESI

Su atención se centraba en la preocupación a corto plazo por enriquecerse, librar batallas, erigir monumentos, competir entre sí […]. Al igual que la mayor parte de los líderes de la humanidad, los reyes y nobles mayas no tuvieron en cuenta los problemas a largo plazo, en la medida en que realmente llegaran a percibirlos”.

Por desgracia, la historia se repite y las negociaciones climáticas caen cada vez más en el ‘síndrome maya’. Si bien desde 1992 existe a nivel internacional un marco legal para luchar contra el cambio climático, lo cual representa una mejora en comparación con la nobleza maya que ni siquiera llegó a diagnosticar correctamente las amenazas que enfrentaba, no deja de sorprender en la Cumbre de Durban la incapacidad de los líderes mundiales a dar una respuesta a la altura de la gravedad de la situación. La firma de un acuerdo in extremis no puede esconder una huida hacia delante de los jefes de Estado y negociadores más preocupados por la reconfiguración de los intereses geopolíticos a escala mundial donde predominan la competición a ultranza, la lucha por los recursos naturales y una carrera por el crecimiento.

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