sábado, 17 de octubre de 2015

Basura electrónica, destino final: Guiyu


“¿Alguna vez te has preguntado dónde acaban los viejos ordenadores usados? ¿Cuál es el destino final de los monitores, teléfonos móviles, teclados, impresoras y PDAs en desuso? Pues lo hacen en Guiyu, en China, una de las ciudades más contaminadas de todo el mundo.

Cuando nuestros viejos aparatos electrónicos, nuestros móviles y algunos electrodomésticos cumplen su función, nos deshacemos de ellos pensando que serán convenientemente reciclados. Incluso hay empresas que se dedican a ello y hasta cobran, asegurando que dichos elementos serán eliminados de la forma correcta. Lo que no nos cuentan es lo que los "recicladores" hacen con estas partes y dónde terminan en realidad los artículos desechados. Capital mundial de la basura electrónica Guiyu, está considerada la "capital de los desechos electrónicos del mundo." La ciudad emplea a más de 150.000 desensambladores de aparatos, recicladores y obreros de rescate de partes, que entre lágrimas provocadas por los gases tóxicos emitidos por dichos desechos, trabajan para recuperar los metales u otras partes de valor que pueden ser reutilizados o vendidos. Esto está lejos de hacerse de una manera organizada; en lugar de tener ordenadores prolijamente apilados en unidades de almacenamiento en espera de ser reciclados, las carcasas de los equipos están esparcidas por las calles de la ciudad y las riberas del río. Enormes marañas de hilos y cables en cada esquina Los trabajadores, los cuales por lo general se especializan en desmontar partes específicas, retiran las piezas de los distintos montones dispersos por todos los rincones de la ciudad y comienzan su ardua y peligrosa tarea a un costado de la calle. Ellos usan sus manos para desmontar las piezas y luego barren lo que queda (tóner de impresora, residuos secos y líquidos, etc.) desde las calles directamente hacia el río. Hay miles de talleres individuales donde los trabajadores “limpian” cables, desmontan los chips de las tarjetas de circuitos, muelen las cajas de ordenadores de plástico en minúsculas partículas y sumergen los tableros en baños de ácido para disolver el plomo, el cadmio y otros metales tóxicos. 
Miles de personas se toman el trabajo de despojar de aislamiento todo el cableado en un intento de salvar pequeñas cantidades de hilo de cobre. El aire de Guiyu huele a plástico quemado y a metales nocivos, pero los trabajadores han aprendido a vivir en estas condiciones. ¿Qué tan legal es el negocio? China prohíbe oficialmente la importación de desechos electrónicos, pero es tan grande la afluencia de dinero que llega a las arcas de los gobiernos locales, que la codicia triunfa sobre todo lo demás. Otro hecho que complica el asunto es la escasez de materias primas para las industrias de China, ya que las fábricas claman por los materiales recuperados de la compactación y pagan mucho dinero por ellos. Además, no es tan fácil acabar con este negocio dado que toda la economía de Guiyu se centra alrededor de esta industria y representa el medio de vida de más de 150.000 personas. Y los pocos funcionarios chinos que reconocen este problema señalan apresuradamente hacia los países más industrializados, acusándoles de ser el origen del problema. Costo En realidad la cantidad de materias primas valiosas que se rescatan de cada ordenador es mínima, por lo que los costos de recuperación no pueden ser muy altos, ya que sino se perdería el negocio. Esto tienta a los recicladores a vender las piezas a China, donde la mano de obra es mucho más barata. Se estima que Guiyu gana más de 70 millones de euros al año de la transformación de unas 1,5 millones de toneladas de basura electrónica y esas cifras aumentan cada año. Dado el rápido avance de las tecnologías y a híper consumismo de ordenadores, portátiles, móviles, tabletas y demás artículos electrónicos, la cantidad de elementos que se desechan es increíble y esta cifra no para de acrecentarse. Daños colaterales Los efectos secundarios ambientales y de salud son extremadamente perjudiciales; el aire está enrarecido y contaminado y el agua no es segura para beber. El plomo y otros metales tóxicos pasan a la sangre de los residentes y les provocan grandes problemas de salud. Los trabajadores queman las juntas y los componentes de los circuitos sobre fuegos de carbón, para fundir la soldadura de plomo y separar los metales; esto libera gases nocivos a la atmósfera y los materiales tóxicos acaban en el suelo. Las cajas de plástico de ordenadores, móviles y PDA se funden, con la consiguiente producción de dioxinas policloradas. El agua potable tiene que ser transportada en camiones, ya que las del río local y las subterráneas son venenosas. 
La población de Guiyu tiene en sus organismos el más alto nivel de dioxinas que causan cáncer en el mundo. La probabilidad de aborto involuntario es seis veces mayor que la media mundial y siete de cada diez bebés nacen con niveles de plomo en la sangre un 50% más alto que los niños nacidos en otros lugares. Greenpeace envió a sus técnicos a Guiyu para analizar muestras de tierra y de agua de la ciudad. Se encontraron más de 10 metales pesados y tóxicos como plomo, mercurio, estaño, aluminio y cadmio, en proporciones alarmantes. ¿Y qué hay de la gente? Los residentes son sólo parcialmente conscientes de los efectos negativos que sus condiciones de trabajo tienen para su salud. Ellos entienden que el trabajo no es el ideal, pero los salarios son casi cinco veces más altos de lo que antes ganaban como agricultores y jornaleros. Una triste realidad de Guiyu es que el 88% de los trabajadores sufren de disfunciones neurológicas, afecciones respiratorias o alteraciones digestivas. Un número similar también padece de diversas enfermedades de la piel.