jueves, 29 de octubre de 2015

Comer hamburguesas, salchichas o bacon es cancerígeno, como el tabaco o el amianto, según la OMS



Un grupo de trabajo de 22 expertos de 10 países considera que hay "evidencia suficiente" de que causa cáncer colorrectal. La carne roja es un carcinógeno "probable", añade.
EP /REUTERS
MADRID.- Comer carne procesada puede aumentar el riesgo de cáncer de colon, según una nueva alerta de la Organización Mundial de la Salud, tras un cambio de clasificación por parte de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), que equipara el riesgo al del tabaco o el amianto (Consulta el documento de la OMS).
El anuncio, que se ha hecho oficial este lunes, se basa en "pruebas suficientes", que han llevado a la IARC a poner la carne procesada en su lista de grupos 1, que ya incluye el tabaco, el amianto y el humo del diesel.
Según explica la OMS, "carne procesada se refiere a la carne que se ha transformado a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación. La mayoría de las carnes procesadas contienen carne de cerdo o de res, pero también pueden contener otras carnes rojas, aves, menudencias o subproductos cárnicos tales como la sangre. Ejemplos de carnes procesadas incluyen frankfurters (perros calientes /hot dogs/ salchichas), jamón, salchichas, carne en conserva (corned beef), y cecina o carne seca, así como carne en lata, y las preparaciones y salsas a base de carne".
"Para un individuo, el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal, el cáncer debido a su consumo de carne procesada sigue siendo pequeño, pero este riesgo aumenta con la cantidad de carne consumida", ha explicado en un comunicado el doctor Kurt Straif, jefe del Programa de Monografías IARC.
Se abre el debate sobre la alimentación
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer equipara el riesgo al del tabaco o el amianto
La Agencia con sede en Francia, y dependiente de la OMS, abre el debate sobre los riesgo de las dietas que abusan de la carne, y viene a aumentar las críticas a la agencia tras incluir hace meses la carne roja como otro producto que aumenta el riesgo.
La carne roja, en virtud del cual la IARC incluye carne de vaca, cordero, buey y cerdo, fue clasificado como un carcinógeno "probable" en su lista del grupo '2A' que también contiene el glifosato, un ingrediente activo en muchos herbicidas.
Esta clasificación es más baja porque se han encontrado "pruebas limitadas" de que causa cáncer. "La IARC encontró vínculos principalmente con el cáncer de intestino, pero también observó asociaciones con cáncer de páncreas y próstata", ha señalado Straif. 
50 gramos diarios
La agencia, cuyos hallazgos fueron analizados durante una reunión de expertos sanitarios celebrada en Francia a principios de este mes, calcula que comer diariamente 50 gramos de carne procesada aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%.
La IARC, que ha evaluado el riesgo de esta carne por primera vez, ha analizado unos 800 estudios publicados. En su opinión, no se puede comparar el nivel de riesgo de cáncer asociado con productos de la misma categoría, por lo que no sugiere que el consumo de carne sea tan peligroso como fumar, por ejemplo.
Desde la Agencia se recuerda que en las políticas sanitarias de algunos países ya se pide a los consumidores que limiten la ingesta de carne roja y procesada, pero dicho asesoramiento suele estar dirigido a los consumidores centrándose en las enfermedades del corazón y la obesidad.
34.000 muertes por cáncer al año en todo el mundo se pueden atribuir a dietas ricas en carne procesada
La preparación del informe de la IARC ya ha provocado reacciones enérgicas de grupos de la industria de la carne, que han advertido que la carne puede formar parte de una dieta equilibrada y que el riesgo de cáncer debe establecerse en un contexto más amplio, evaluando los factores ambientales y de estilo de vida.

La IARC, que no ha realizado recomendaciones políticas específicas, advierte de que, según una estimación de la carga mundial de la enfermedad de la iniciativa 'Global Burden of Disease Project' (GBD)- elaborado por un consorcio internacional de más de 1.000 investigadores- el 34.000 muertes por cáncer al año en todo el mundo podrían atribuirse a dietas ricas en carne procesada.
Este dato se puede comparar con cerca de 1 millón de muertes por cáncer al año en todo el mundo debido al tabaco; 600.000 al año debido al consumo abusivo de alcohol, y más de 200.000 cada año debido a la contaminación del aire.
Por tanto, añaden, si se confirma la relación del cáncer con las carnes rojas, las dietas ricas en carne roja podría ser responsable de 50.000 muertes al año en todo el mundo, de acuerdo a la carga mundial de la enfermedad del Proyecto GBD.
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Ingredientes secretos
Un laboratorio que analiza los alimentos a nivel molecular halló que, en Estados Unidos, el 2 por ciento de los panchos tiene ADN humano, en especial los elaborados como vegetarianos.
El 2 por ciento de los panchos que se comercializan en Estados Unidos tiene ADN humano, y las dos terceras partes de ese ADN se encuentran presentes en las salchichas etiquetadas como vegetarianas. Además, más del 10 por ciento de las piezas analizadas contenían “una cantidad sorprendente de sustituciones o ingredientes inesperados”, como carnes que las etiquetas no declaraban entre sus componentes. El estudio fue realizado por Clear Food (CF), una iniciativa que practica análisis genéticos a los alimentos, y cuya presentación en sociedad fue la investigación de las salchichas.
El reporte analizó “345 muestras de salchichas para panchos y otras variedades –vegetarianas, comunes, estilo tradicional, salchichas de carne vacuna– de 75 marcas diferentes compradas en 10 cadenas de tiendas diferentes”. Los analistas encontraron que “el 14,4 por ciento de las muestras eran problemáticas en algún sentido, debido a la sustitución de ingredientes, su agregado o problemas de higiene”.
La salchichas suelen consistir en “la ‘carne misteriosa’, y los panchos siempre provocaron ansiedad respecto de sus ingredientes”, señala el estudio, que acota que “a mediados del siglo XIX en Estados Unidos circulaban rumores de que algunos carniceros obtenían salchichas estilo alemán económicas sirviéndose de carne de perro callejero”, algo que podrían explicar por qué en inglés el pancho es denominado “perro caliente”, señala CF.
De las 345 salchichas analizadas, el 14,4 por ciento “eran problemáticas en algún sentido”, lo que implicó desde sustituciones de ingredientes supuestamente presentes hasta conflictos con la higiene a la hora de elaborarlas, algo que “ocurre cuando algún tipo de contaminante no dañino resulta introducido en la salchicha, en la mayoría de los casos, ADN humano”. Las sustituciones encontradas fueron de “ingredientes inesperados”, evidencia “de carnes no incluidas en las etiquetas, y ausencia de ingredientes mencionados en las etiquetas, y carne en algunos productos vegetarianos”. En cuanto a lo higiénico, los investigadores hallaron “ADN humano en el 2 por ciento de las muestras” y establecieron que “dos terceras partes de las muestras con ADN humano eran productos vegetarianos”.
En laboratorio, se dio con “evidencia de pollo (en 10 muestras), carne vacuna (en 4 muestras), pavo (en 3 muestras) y cordero (en 2 muestras) en productos que no se suponía que contuvieran esos ingredientes”. El estudio señala que “el cerdo es una sustitución especialmente no bienvenida en cualquier comida, cuando se considera que una cantidad significativa de personas no come cerdo por motivos religiosos”. La investigación relevó que la carne de cerdo fue usada para sustituir otros ingredientes en el 3 por ciento de las muestras analizadas, en la mayoría de los casos en salchichas de pollo y pavo.
Además, “las etiquetas de algunos productos vegetarianos exageraron la cantidad de proteína del producto hasta dos veces y media” y 4 de 21 muestras testeadas “tenían problemas higiénicos” (de hecho, los productos vegetarianos sumaron el 67 por ciento de los problemas de higiene relevados en el estudio).
CF se propone testear alimentos “evaluándolos a nivel molecular” para “descubrir sustituciones, alergenos, gluten, contaminación bacteriana y organismos genéticamente modificados”. “La industria alimenticia fue una caja negra por mucho tiempo, los consumidores deben confiar en que las etiquetas son adecuadas, pero eso no siempre sucede”, explicó Sasan Amini, uno de los fundadores de los laboratorios de los que depende la iniciativa, al presentarla.