Las nuevas minas de litio y las fábricas de baterías que las “acompañan”… o no

La Comisión Europea habla de “hacer competitiva a Europa”, lo cual se traduce en su plan de elevado presupuesto (mil millones de euros) y su objetivo de “fabricar una de cada tres baterías para 2030”. Alemania pretende tener entre 7 y 10 millones de vehículos eléctricos circulando por sus carreteras en 2030. En España y Portugal hay intención de abrir minas de litio y otros metales necesarios para las baterías. Como dato curioso, a cada noticia de la apertura de una mina de litio en cualquiera de los lugares mencionados, observo que a menudo viene acompañada de otra noticia: junto a la nueva mina propuesta construirán una fábrica de baterías o una refinería de litio.

Guadalupe Rodríguez

Por otra parte, Chile, Argentina, Bolivia y Perú tienen litio y minas de litio, pero no tienen fábricas de baterías ni de coches eléctricos. El valor al litio extraído en sus minas se agrega en otras partes, como China, Japón o Corea1 y ahora también en Alemania, Suecia, Hungría o Polonia.
Así se anunció a bombo y platillo en 2018 que Bolivia produciría 400.000 baterías de litio junto a una empresa alemana; que Chile podría fabricar sus propias baterías de litio antes de finales de año, en 2019; y el mismo año que en Jujuy construían la primera fábrica de baterías de litio de Argentina. Aunque después del inicio de las obras e el mejor de los casos, no hubo en ninguno de estos lugares más noticias sobre las mencionadas fábricas, más allá de la mera intencionalidad o la colocación de su primera piedra.
Según denuncian las comunidades afectadas por minería y por estos conatos de fábricas de baterías, en lugares remotos como el desierto de Atacama, la minería de litio significa por cierto el agotamiento de las napas subterráneas, en lo que se centra la oposición ciudadana a la minería. Si miramos al aspecto social, la otra cara de las baterías de ion de litio está en el trabajo infantil, explotación y comunidades desarraigadas.
Pero volviendo al misterio de las fábricas fantasma de baterías de litio cuyos planes suelen terminar esfumándose al mismo ritmo que se anuncian, una explicación que se puede aventurar, es que en parte se están utilizando para convencer de la necesidad del proyecto minero y promocionar supuestas bondades asociadas, como serían la reindustrialización de regiones, la mega inversión (noticias como las arriba enlazadas suelen indefectiblemente mencionar la cantidad de 1.000 millones de euros) y los cientos de puestos de trabajo que darían. A mi me suena a otra estrategia de la industria minera para obtener Licencia Social para Operar. Y todo queda bien atado por la urgencia de llevar a cabo la Transición Energética y caminar el ideal camino que nuestros políticos y políticas están trazando hacia un mundo “más verde”.
Nótese que, a la hora de la verdad, las gigafábricas de baterías y el valor agregado han terminado aterrizando en Alemania (Tesla y la china CATL), Suecia (Nortvolt), y también en Polonia (LG Chem) o Hungría (Samsung SDI y SK Innovation). CATL y SDI abastecen por ejemplo al gigante automovilístico alemán BMW.
El rol de Portugal y España
En la lista de los países productores de litio a nivel mundial no aparecen ni España ni Portugal. Porque simplemente no hay producción de litio en estos países.
De todas formas, no sólo en los proyectos sudamericanos, también en Portugal se anunciaba que Una refinería de litio completará la mina en Montalegre. El gobierno de este país ha concedido licencias de exploración en lugares como Montalegre, Covas do Barroso (Boticas) y Barco (Argemela). Y en España, la comunidad autónoma de Extremadura es la que está especialmente afectada por esta fiebre calenturienta del litio. Las empresas interesadas en el negocio -siempre multimillonario según sus promotores- son principalmente de origen australiano, británico y canadiense, y suelen contar con socios locales que les proveen contexto y sensación de que está “todo bajo control” y que ellos ya se ocupan de los tejemanejes locales, sean estos los que sean.
Tampoco faltan en España las consabidas promesas de fábricas de baterías para convertir al país en “un referente en movilidad eléctrica”, como ahora en el caso de Cañaveral, y su yacimiento de Las Navas (Cáceres), cuya empresa promotora “contempla ya la instalación de una fábrica de baterías en Badajoz”, que seguramente termine en el mismo lugar que todas las demás: o sea, en el limbo de las fábricas de baterías.
Discurso vacío en España, donde no se produce litio desde 2011. La última producción nacional de litio, que se utilizaba para la fabricación de cerámicas y esmaltes, habría tenido lugar en la provincia de Salamanca. Según el Plan Nacional de la Minería, los recursos de litio en España ascenderían a 140 toneladas que se encontrarían en las provincias de Salamanca, Cáceres, Badajoz y Pontevedra.
La verdad, no parece mucho, teniendo en cuenta que de acuerdo a la industria, para 2030 la demanda de litio habrá superado los 2 millones de toneladas. De todas formas, en España hablan de posicionarse para abastecer a la industria con materias primas abriendo minas de litio por doquier, y hablan también de impulsar el coche eléctrico con nuevos planes renove con dineros públicos, disque para llegar al mismo mundo verde. Y como no, de instalar fábricas de baterías en conglomerado industrial que facilite la transición al futuro verde que nos metieron en la cabeza los más poderosos del norte, digo, la industria automóvilística alemana.
La estrategia publicitaria de algunas empresas mineras de dudosa procedencia parece ser atraer presupuestos millonarios como el del fondo de ayuda regional para reabrir antiguos o abrir nuevos proyectos mineros, y ayudas millonarias de la Comisión Europea que a falta de los mismos -pues todo está más en las cabezas de los lobbies industriales que en el propio terreno-, busca desesperadamente proyectos “insignia” funcionando que encajen con sus planes de un futuro verde y sostenible en el que todos quieren salir ganando, sobre todo los amigos de la industria automovilística y otras industrias que mueven los hilos. Y así estamos. Cada vez más comunidades se ven amenazadas con proyectos mineros monstruo, que se presentan en sus territorios de la noche a la mañana, sin ningún tipo de tramitación transparente o siquiera lógica ni qué hablar de información, consulta ciudadana previa o algún tipo de debate.
No hay lugar para la gran minería metálica
A modo de muestra: la resistencia ciudadana de la Plataforma Salvemos la Montaña de Cáceres (España) y otras plataformas que se han formado en Extremadura en contra de proyectos mineros de litio, deja en claro que muchas poblaciones afectadas por proyectos mineros inminentes no están por la labor de convivir junto a las nuevas minas. Lo que dicen las campañas publicitarias en torno a la mina San José de Valdeflorez que amenaza la existencia misma de la montaña de la ciudad, la emblemática Sierra de la Mosca, es que el litio daría “para fabricar 10 millones de vehículos eléctricos” (de los 900 millones que aspira a poner a circular la industria en total). Lo mismo sucede con proyectos que de norte a sur se están proponiendo en Portugal, como el de Covas do Barroso. Allí donde se habla de abrir una mina, surge un grupo ciudadano en contra. Las comunidades locales buscan por su parte proteger el agua, que se usa en abundancia para procesar el litio, y defender la tierra, salvar las montañas amenazadas y las actividades económicas preexistentes, entre otras.
Mientras decidimos si todo esto nos parece bien o mal, veamos lo que sucede en las ya actualmente existentes fábricas de baterías y por qué tal vez no deberíamos ni aspirar a tener tantas fábricas de baterías, ni tantas minas, ni mucho menos a reproducir el mismo modelo consumista y derrochador de recursos que nos ha traído hasta donde estamos.
El caso de las fábricas de baterías en China
China tiene más de la mitad de la producción mundial de litio. Las condiciones y estado de las minas y las condiciones de trabajo y mantenimiento son totalmente desconocidas.
Además, en China, las fábricas de baterías ya existentes emplean algunas a varios miles de trabajadores. Desde este país se reportan falta de contratos, graves deficiencias en la seguridad de las y los trabajadores, condiciones de trabajo altamente estresantes, turnos largos e irregulares, acoso sexual, cuotas elevadas de suicidio entre los empleados. Las horas extra pueden llegar hasta 80 al mes, a menudo no hay ningún tipo de seguro social. El alojamiento de trabajadores es precario.
Los trabajadores están expuestos al envenenamiento con diversos químicos como por ejemplo el cobalto, un carcinógeno, tóxico y que produce problemas respiratorios y genéticos.
Además, hay estudiantes que son obligados a trabajar en las fábricas como condición para graduarse, sin recibir paga, o con sueldos muy bajos.
Por otra parte, no es posible crear ni participar en sindicatos. Los trabajadores que han intentado organizarse han sido rápidamente reprimidos. Las organizaciones no gubernamentales que denuncian cuestiones laborales tienen excesivamente restringido el acceso a financiación y a contacto con redes internacionales de apoyo.
Ha habido vigilancia, amenazas, intimidaciones, persecuciones y penas de cárcel para activistas que han apoyado estas causas laborales. Todo un despropósito.
La experiencia China demuestra la importancia de una buena vigilancia de las cadenas de valor completas de cada producto. Además, es importante un buen mantenimiento de redes internacionales de intercambio de información sobre todos estos temas que afectan a la extracción y procesamiento de las materias primas, así como solidaridad y apoyo mutuo pues a menudo estas cuestiones son desconocidas y son de importancia vital para que la ciudadanía decida lo que le conviene y lo que acepta. Y lo que no.

1Samsung SDI, Panasonic, LG Chem, CATL, SK Innovation
Fuente: https://medium.com/@ecologistadelno/las-nuevas-minas-de-litio-y-las-f%C3%A1bricas-de-bater%C3%ADas-que-las-acompa%C3%B1an-8f3af01461cc - Imagen de portada: El salar de Uyuni en Bolivia, paraíso del litio (y de las fábricas de baterías fantasma) — Foto: Samuel Scrimshaw en Unsplash




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