sábado, 5 de noviembre de 2016

"EE.UU. elige entre una reina de la corrupción y un protofascista"

Jill Stein, candidata del Partido Verde a la presidencia de EE.UU., reclama un cambio en el sistema electoral estadounidense para que el resto de candidatos tenga más opciones.

La candidata presidencial por el Partido Verde, Jill Stein, ha declarado que este año el pueblo estadounidense tendrá que elegir entre los dos candidatos presidenciales "menos fiables y más indeseables de la historia de las campañas electorales del país".
Stein, quien también participó en las elecciones presidenciales de 2012, se mostró convencida de que los votantes quieren tener más información acerca de todas sus opciones, no sólo de los candidatos seleccionados por los partidos Republicano y Demócrata. La candidata afirmó que su intención es "informar y capacitar al pueblo estadounidense" para que pueda "tomar decisiones informadas sobre su futuro".
La candidata por el Partido Verde, que promueve una agenda progresista tanto en políticas energéticas y medioambientales como en sus propuestas económicas y sociales, declaró indignada que los estadounidenses van a tener que que elegir "entre una reina de la corrupción y un protofascista" y se comprometió a trabajar después de las elecciones para acabar con el "corrupto sistema bipartidista".
"Ya sea Donald Trump o Hillary Clinton quien llegue a la Casa Blanca, vamos a tener que luchar en cuerpo y alma para detener la próxima guerra, para detener la Tercera Guerra Mundial, para frenar la catástrofe climática y para evitar que el fascismo tome nuestro país", subrayó Jill Stein, que agregó que para esta lucha EE.UU. necesita "una voz política".
Stein también se manifestó a favor del sistema de voto preferencial, también conocido como 'segunda vuelta instantánea', según el cual, en una campaña con más de dos candidatos, el votante no se limita a marcar un solo candidato en la papeleta, sino que puede ordenar a varios candidatos de acuerdo con sus preferencias, desde la opción preferida hasta la menos deseada. Este sistema habría evitado una victoria automática de Trump o de Clinton, según ella.
"La democracia no puede tratar sobre a quién se odia más o a quién se teme más", concluyó la candidata por el Partido Verde, señalando que si el pueblo estadounidense no consigue cambiar eso, "se habrá perdido toda esperanza".

Fuente: https://actualidad.rt.com/actualidad/222642-eeuu-elige-corrupcion-fascista-clinton-trump
-------------------------

Según The Wall Street Journal, el Gobierno de EEUU quiso hundir investigación del FBI contra la Fundación Clinton
El Departamento de Justicia de EEUU habría negado autorizaciones para citar y entrevistar a testigos. La pesquisa afecta a un estrecho colaborador de la candidata presidencial Hillary Clinton que financió la campaña senatorial de la esposa del subdirector del FBI.
Funcionarios de alto nivel del Departamento de Justicia de Estados Unidos presionaron al FBI para echar abajo una investigación contra la Fundación Clinton, reveló el periódico The Wall Street Journal.
Según fuentes del matutino, persecutores de la oficina de distrito de Nueva York, liderada por la hoy fiscal general Loreta Lynch, impidieron que agentes del buró inmiscuidos en una indagatoria sobre las cuentas de la organización filantrópica analizaran correos electrónicos entregados por dos abogados de Clinton en el contexto de las pesquisas por el manejo indebido de la correspondencia privada de la ex secretaria de Estado.
Se argumentó que en base a tratos hechos por los juristas Cheryl Mills y Heather Samuelson con la cartera de Justicia, los aparatos que contenían los correos debían ser usados limitadamente por los investigadores para el proceso específico del uso de e-mails.
El mes pasado provocó molestia en congresistas republicanos el anuncio de que los equipos entregados por Mills y Samuelson habían sido destruidos por el FBI.
The Journal afirma que en el caso de la Fundación Clinton, el Departamento de Justicia también negó autorizaciones para efectuar citaciones y entrevistas formales a testigos, oponiéndose a que un gran jurado sopesara la evidencia recopilada por el organismo.
Es más, en agosto, un alto funcionario de Justicia habría llamado telefónicamente al subdirector del FBI, Andrew McCabe, para manifestar su rechazo por la insistencia de los agentes en proseguir la investigación.
Es importante indicar que la esposa del subdirector McCabe recibió cerca de $470 mil dólares en donaciones del ex gobernador Terry McAuliffe, un estrecho colaborador de la candidata presidencial Hillary Clinton, para su campaña senatorial por Virginia.
En el marco de las indagatorias sobre la fundación, el FBI en Los Angeles pidió acceder a registros bancarios de la entidad cuando en un caso distinto de corrupción apareció mencionado McAuliffe, quien previamente perteneció a la directiva de la Fundación Clinton.

El Ciudadano

--------------------
“Existe un gobierno permanente en Estados Unidos más allá de republicanos y demócratas”


Entrevista a Leandro Morgenfeld
Leandro Albani
El Furgón


¿La ex secretaria de Estado Hillary Clinton representa un muro de contención para las políticas más reaccionarias dentro de Estados Unidos? ¿El magnate Donald Trump encabeza un movimiento que busca resolver los problemas internos en un país azotado por la crisis económica? ¿La ex senadora, nacida en Chicago en 1947, intenta llegar a la presidencia prometiendo moderación ante la bravura de su oponente? ¿El candidato republicano, que llegó al mundo en 1946 bajo el paraguas de un conglomerado inmobiliario construido por su padre, es la encarnación misma del racismo y los miedos profundos de la sociedad estadounidense? ¿Ambos candidatos se presentan hostiles hacia América Latina, en particular frente a los procesos progresistas y de izquierda como en Cuba, Venezuela y Bolivia?
A pocos días de las elecciones presidenciales estadounidenses del 8 de noviembre, El Furgón dialogó sobre estos temas con Leandro Morgenfeld, historiador, investigador del CONICET y autor de los libros “Vecinos en conflicto: Argentina y Estados Unidos en las Conferencias Panamericanas, 1880-1955”, “Relaciones peligrosas: Argentina y Estados Unidos” y “El ALCA: ¿a quién le interesa? La posición de sectores socioeconómicos y políticos en Estados Unidos, México, Brasil y Argentina con respecto al ALCA”.
–¿Existen diferencias sustanciales entre Hillary Clinton y Donald Trump?
-Existen diferencias. Pero siempre, en las campañas electorales, se tienden a exagerar las diferencias. En realidad, hay consensos de fondo en el establishment, que se van a mantener gane quien gane. Y esto lo garantiza no sólo el presidente electo, sino el Congreso y la Corte Suprema. O sea, el margen de maniobra del presidente en Estados Unidos es relativamente estrecho. Todo indica que Clinton será la primera mujer presidente, pero si ello no ocurre habrá un reacomodamiento del sistema político y Trump será forzado a mantenerse dentro de los parámetros permitidos. En el proceso electoral, para generar la sensación de que los votantes realmente eligen, se exageran y magnifican las diferencias. Así, parece que va a haber un país radicalmente distinto si gana uno u otro. Eso ocurre en otros países y con otros sistemas electorales y políticos. En Estados Unidos, no. Pero el marketing político, como ocurre con la propaganda comercial, gasta millones para vendernos candidatos con packaging muy distinto, pero contenido similar. La política estadounidense está cooptada por el marketing y depende de los cientos y cientos de millones de dólares que se gastan en construir consenso en torno a los candidatos. En “venderlos”.
-¿La política exterior de Estados Unidos puede variar según qué candidato gane las elecciones?
-Hace décadas, existe un “gobierno permanente” de Estados Unidos, más allá de las diferencias entre republicanos y demócratas, y entre los sucesivos candidatos. El sistema político estadounidense, más que alternancia, garantiza continuidad. Los dos partidos del orden representan dos caras aceptables para el establishment. Nunca se pone en discusión el carácter imperial de Estados Unidos. Pueden discutir si en Siria hay que crear o no una zona de exclusión aérea, o si hay que bombardear más o menos al Estado Islámico, pero no cuestionan el fundamento, el carácter de gendarme planetario que cumple Estados Unidos. En general, se van tamizando los candidatos y el sistema purga a los que quieran romper el consenso bipartidista en materia de política exterior. Bernie Sanders sí proponía una modificación sustantiva de la política exterior, pero no pudo llegar, entre otras cosas porque el aparato del partido –y millones de dólares de las coporaciones– se encolumnó atrás de Hillary, como probaron los emails filtrados por Wikileaks.
-¿Los debates presidenciales entre los dos candidatos son reales o simplemente un espectáculo de televisión?
-Los tres debates presidenciales, y el de los vicepresidentes Pence y Kaine, concitaron mucha atención, especialmente por la figura de Trump. La campaña se caracteriza por el altísimo rechazo que provocan ambos candidatos –reflejo de una crisis del sistema político en Estados Unidos– y por su inusual tono agresivo. Estados Unidos es el país donde la telepolítica, o sea la transformación de la política en un show, alcanzó niveles más desarrollados en las últimas décadas. La particularidad de estos debates es que Trump, en algún sentido, es un outsider y no se aviene a muchas de las reglas del establishment político. Basó su campaña en romper con lo políticamente correcto, para intentar canalizar el rechazo al sistema, y en particular a Hillary, que es una fiel representante del establishment económico y político. Como dijo algún editorialista, Trump será muy malo para la política estadounidense, pero es una máquina de generar rating. Todas las primarias, y ahora la elección general, para bien o para mal, giraron en torno a su figura, sus exabruptos, sus acosos a mujeres. Esto impide que se discuta con mayor profundidad sobre los temas centrales de la política, la economía y la sociedad. Es un factor distractivo importante.
-¿Qué análisis se puede hacer de las posturas de Clinton y Trump con respecto a América Latina?
–América Latina apareció poco en los debates presidenciales y en la campaña, salvo por dos temas. Inmigración: Trump culpa a los indocumentados de la crisis de empleo y propone endurecer los controles fronterizos y un plan de deportaciones masivas, mientras que Clinton quiere aprobar una reforma migratoria en los papeles más progresista, pero en realidad con Obama se deportaron más de 3 millones de indocumentados en 8 años, un récord histórico; el Acuerdo Transpacífico: ambos dicen oponerse al TPP, aunque Clinton fue la que lo impulsó como Secretaria de Estado, y en privado dijo a financistas de Wall Street que está a favor de este tipo de acuerdos de libre comercio.
En cuanto al reestablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba y a la relación con los países bolivarianos, no puede esperarse nada demasiado nuevo por parte de los dos candidatos. Trump, con un discurso más aislacionista, insiste en que no hay que gastar recursos “promoviendo la democracia” en países que no la quieren. Su discurso xenófobo y anti-hispano cosecha rechazos en América Latina. Por eso los gobiernos de derecha en la región, a pesar de tener una prédica que a priori sintonizaría más con las propuestas del magnate inmobiliario, señalaron que prefieren a Clinton en la Casa Blanca. Clinton garantizaría la continuidad de las políticas de Obama y tendría mejores condiciones para avanzar con el TPP, al que miran con esperanzas no solo los gobiernos neoliberales. Un eventual triunfo de Trump complicaría la estrategia estadounidense de recuperar el dominio en Nuestra América, desafiado en los últimos años. La victoria de Clinton, en cambio, implicaría mayor continuidad, pero más agresiva hacia los gobiernos no alineados.
-¿El gobierno argentino mantiene afinidad ideológica con alguno de los candidatos en particular?
–Macri tiene una vieja relación de negocios con la familia Trump, y hasta lo alojó personalmente en en su quinta Los Abrojos, hace algunos años. Además, podríamos decir que tiene afinidad electiva por Trump, por ser ambos empresarios y con un discurso neoliberal y promercado. Sin embargo, tanto él como la canciller Malcorra declaran públicamente que prefieren que gane Clinton. Suponen que así habrá continuidad y podrán seguir alineados y subordinados a Washington sin pagar un costo interno. En esa línea, de avanzar el TPP que en su momento impulsó Hillary como Secretaria de Estado, Macri podría llevar al país a sumarse a este mega acuerdo de libre comercio. Trump, como decíamos antes, generaría más rechazo y reflotaría un sentimiento anti-yanqui, con lo cual la subordinación de Macri a la agenda de Washington tendría un mayor costo político interno.