Evitar o disminuir el I=PAT, esa es la cuestión


Peter Hartmann, Director Codeff Aisén, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida.
Es un agrado- y elemental necesidad – leer, aunque sea de vez en cuando, algo que valla mas allá de la farándula, inclusive aquella politiquera; algo mas trascendental y que sea un aporte a nuestro desarrollo humano. Mejor aún cuando ese artículo viene bien ilustrado como lo hace en forma insuperable la revista National Geographic.
En el número de marzo de esa revista viene el artículo “Bienvenido al Antropoceno; La Era del Hombre”, en el cual se afirma que estaríamos ya en una nueva era geológica, definida por nuestro enorme impacto sobre el planeta. O sea, ya pasamos del holoceno a otra era, el Antropoceno, término acuñado por el químico holandés Paul Crutzen, Premio Nobel por el descubrimiento de los compuestos que reducen el ozono. De hecho, el cretácico habría terminado a causa del impacto de un asteroide, nivel al cual estaríamos llegando con nuestra dramática acción antrópica. Las imágenes que respaldan tal afirmación corresponden a Dubai (ciudad artificial con el edificio mas alto del mundo, en pleno desierto, gracias al petróleo del lugar), a una playa Toscana de arenas blanqueadas por una industria química, a un inmenso campo petrolero agotado y abandonado, a una mina de carbón a tajo abierto (demoliendo y contaminándolo todo), a un esturión en frasco de museo (parte de la sexta extinción masiva de especies), a un mar de invernaderos (agricultura industrial en Almería), a un anuncio de tomate perfecto “gracias” a la química (que a su vez deja residuos contaminantes y zonas muertas), a una plaga o invasión de especies de plantas exóticas, a un mega depósito de desperdicios en Bangladesh, a la súper expansión urbana (ciudad de México)…y era que no, una notable foto de la represa Hoover en Nevada (con su respectivo embalse, ceja y líneas de alta tensión), para graficar “un mundo lleno de diques”. Hay también aspectos a los que se refiere el artículo que son difíciles de mostrar en fotografías, como son el efecto invernadero y la consecuente acidificación de los océanos.
Las preguntas de fondo que se hacen en este artículo y que probablemente muchos de nosotros nos hemos hecho también, son: “¿Porqué aumenta nuestro impacto? ¿El crecimiento demográfico es la causa? ¿O es el bienestar económico de la población, que conduce a un consumo mayor de energía y otros recursos? ¿O la tecnología, que ofrecen nuevas herramientas para explotar y consumir? A continuación en ese artículo se presenta la formula I=PAT, como forma de entender y meditar sobre esta cuestión: I (impacto humano) = P (población) x A (bienestar económico) x T (tecnología).
Desde 1900, el Producto Interno Bruto, PIB (una medida de A) y el número de solicitudes de patentes (una medida de T) han crecido mas rápido que la población mundial, que está por llegar a los 7.000 millones. El impacto humano, que ha aumentado a ritmo constante desde la Revolución Industrial, comenzó a crecer exponencialmente después de la 2ª Guerra Mundial, en lo que algunos científicos denominan “la gran aceleración”.
Como concluyen Crutzen y otros especialistas en el final del artículo, la idea es que centremos nuestra atención en las consecuencias de la acción colectiva y en como podríamos todavía evitar lo peor, “lo que espero –dice Crutzen- es que el término ‘antropoceno’ sea una advertencia para el mundo”.
Sin lugar a dudas, lo que se dice en este articulo, en especial en su mensaje final, mas la consecuente meditación a que lleva, es de importancia no menor para una región como Aisén donde nos podemos ufanar de que esas cosas, como las que ilustra el articulo, acá no ocurren (o al menos ocurren menos o en escala menor) y donde quisiéramos mantenernos como reserva de vida. Pues, si nos ocupamos de considerar que lo que hacemos en nuestra región provoca impacto y buscamos concientemente de evitarlo o al menos de mantenerlo bajo, tomándonos en serio la formula I=PAT, en algo habremos aportado. En Aisén aun esta la oportunidad para ello. Ahora, claro, como ya lo hemos dicho en varias oportunidades anteriores, también podemos fácilmente transformarnos en un lugar cualquiera, o peor, de este planeta, siguiendo los malos ejemplos y el mal camino que por lo visto no lleva a buen destino, al menos para el mundo que heredaran nuestros hijos.
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