martes, 10 de noviembre de 2015

Contaminación electromagnética


Según datos del internetworldstats[1], un 45% de la población mundial utiliza actualmente internet. El nivel de uso varía desde el casi 90% de la población de América del Norte al 27% de la población en África. Estamos hablando de un total aproximado de 3.270 millones de usuarios. 

La contaminación electromagnética no es un problema de un estado o de una comunidad. Afecta a todo el planeta. Montse Escutia nos resume el problema y nos habla de la IEMFA, Alianza Internacional para los Campos Electromagnéticos. Según datos del internetworldstats[1], un 45% de la población mundial utiliza actualmente internet. El nivel de uso varía desde el casi 90% de la población de América del Norte al 27% de la población en África. Estamos hablando de un total aproximado de 3.270 millones de usuarios. Si hablamos del teléfono móvil las cifras son más espectaculares. Según datos del especialista en telefonía móvil Tomi Ahonen[2], actualmente ya hay tantos teléfonos móviles como personas en el mundo, es decir, 7.100 millones. Eso no quiere decir que todo el mundo tenga uno. En realidad un 63% de la población lo utiliza y un 20% de la población tiene dos líneas de teléfono. El teléfono móvil está sustituyendo a la línea fija de la que ya “sólo” quedan 1.100 millones de líneas en el mundo. 
LA SUSTITUCIÓN 
De hecho el teléfono móvil, especialmente los teléfonos inteligentes o smartphones, están sustituyendo muchos servicios tradicionales: el cine, la televisión, las agencias de viajes, los bares de citas, las tiendas de cualquier tipo… Hoy en día todo se puede conseguir a través de un teléfono y una conexión a internet. No es de extrañar que la cobertura sea una de las principales preocupaciones de nuestra era. Si se pierde la conexión nos quedamos incomunicados, yo diría que casi paralizados, sin conexión el mundo se para. 
LAS SEÑALES 
Las señales que nos permiten comunicarnos pueden viajar de dos maneras: a través de un cable, como en el caso de los teléfonos fijos tradicionales, la televisión o los ordenadores; o a través de ondas emitidas por antenas como es el caso de los teléfonos móviles o aparatos electrónicos que se conecten a través de la red wifi o cualquier otro sistema que emita lo que se conoce como radiaciones no-ionizantes. Todo ello está creando nuevos campos electromagnéticos a lo largo de todo el planeta. Nadie sabe muy bien si estos campos electromagnéticos afectan y en qué manera a la salud de las personas. Algunos científicos dicen que son inocuos. Otros alertan de que pueden perjudicar a largo plazo favoreciendo la aparición de cáncer. Con un negocio que mueve miles de millones anuales y del que somos tan dependientes es difícil tener un debate tranquilo e imparcial. 
IEMFA, LA ALIANZA INTERNACIONAL 
La IEMFA, Alianza Internacional para los Campos Electromagnéticos, es un organismo mundial independiente formado por un equipo multidisciplinar de científicos expertos en ciencias de la vida desde diferentes enfoques: la biología, la física, la medicina, la epidemiología, desde el nivel molecular, pasando por las células y los tejidos hasta el funcionamiento de los diferentes órganos. Colaboran para proporcionar información coherente sobre la multitud de alteraciones biológicas observadas bajo la exposición a radiaciones no-ionizantes lo que supone una amenaza para la salud pública global. La IEMFA colabora con diferentes instituciones científicas y también con organizaciones no gubernamentales en todo el mundo. 
CIENCIA BIOMÉDICA 
El desarrollo de la ciencia biomédica está aumentando el consenso mundial entre los principales científicos sobre los problemas graves sobre la salud que puede producir a largo plazo la bioacumulación de cambios celulares debidos a los campos electromagnéticos no ionizantes. Aunque la exposición sea a niveles de radiación por debajo de los actualmente permitidos los efectos se acumulan a lo largo de la vida y un son un gran riesgo a largo plazo. La Alianza promueve una nueva manera de abordar el estudio de los efectos de los campos electromagnéticos sobre el ser humano teniendo en cuenta la complejidad biológica de los seres vivos. La información que genera va dirigida principalmente a autoridades sanitarias y a los gobiernos de los diferentes países. 
LA POSTURA DE LA UE 
La UE no regula la exposición de la población a campos electromagnéticos aunque los últimos datos hablan de un 3-5% de la población europea muestra hipersensibilidad electromagnética[3]. La actuación de la UE en relación con los campos electromagnéticos se basa en la Recomendación del Consejo[4] que limita la exposición del público en general a dichos campos. Dicha Recomendación fue elaborada en 1999 y se basó en las directrices dadas por la Comisión Internacional sobre la Protección contra la Radiación No Ionizante (ICNIRP), un organismo formado por científicos independientes y reconocido por la OMS aunque algunas organizaciones han denunciado el conflicto de intereses existente en algunos de sus miembros[5]. La Recomendación propone un conjunto de restricciones y niveles de referencia básicos, ofrece orientaciones a los gobiernos nacionales de los países de la UE, sienta las bases de una legislación europea sobre seguridad de los productos y pide a la Comisión que revise periódicamente los efectos que los campos electromagnéticos pueden tener para la salud. Esta Recomendación, que no es de obligado cumplimiento por los Estados Miembros, sirve de referencia para algunas normas relacionadas como la protección de los trabajadores expuestos a radiación en su trabajo o sobre los equipos terminales de radio y telecomunicaciones. La Comisión revisa los avances científicos en el tema a partir del Comité Científico de los Riesgos Sanitarios Emergentes y Recientemente Identificados (CCRSERI) que ya ha emitido 5 dictámenes sobre el tema (el último publicado en enero de 2015). Por lo que parece todavía no existen suficientes evidencias científicas para revisar los límites de exposición de la población a los campos electromagnéticos. La aplicación del principio de precaución vuelve a brillar por su ausencia. ¿Cómo puede un Comité Científico decir que no hay evidencias cuando hay estudios científicos que dicen lo contario? ¿Cuál es el nivel suficiente de evidencias? ¿Habrá que esperar a que la realidad nos explote en la nariz cuando ya sea tarde? Algunos científicos han denunciado la parcialidad del CCRSERI que sistemáticamente excluye en sus evaluaciones los estudios que demuestran efectos negativos de los campos electromagnéticos en la salud de las personas[6]. 
UN ASUNTO MUNDIAL 
En mayo de este año 190 científicos de 90 países firmaron una apelación a la ONU y a la OMS para proteger a los seres humanos y al medio ambiente frente a la contaminación electromagnética y la tecnología inalámbrica. En ella piden que se adopten directrices de exposición más protectoras contra los campos electromagnéticos (EMF) y la tecnología inalámbrica ante la creciente evidencia del riesgo. Estas exposiciones son una forma de rápido crecimiento de la contaminación del medio ambiente a nivel mundial. La International EMF Scientist Appeal pidió al Secretario General y a los organismos afiliados a la ONU que fomenten medidas cautelares para limitar la exposición de los EMF, y que eduquen al público acerca de los riesgos para la salud, sobre todo para los niños y las mujeres embarazadas. 
IGNORANDO LAS RECOMENDACIONES 
La Apelación destaca las posiciones contradictorias de la OMS acerca del riesgo de los EMF. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS clasificó la radiación por Radiofrecuencia como "Cancerígeno Posible" del Grupo 2B en 2011, y los campos de Frecuencia Extremadamente Bajas en 2001. No obstante, la OMS sigue ignorando las recomendaciones de su propia agencia y favorece las directrices recomendadas por la Comisión Internacional sobre Protección Radiológica No Ionizante (ICNIRP). Estas directrices, desarrolladas por un grupo autoseleccionado de expertos de la industria, siempre han sido criticadas como no protectoras. En ella también se invita a la ONU a aumentar sus advertencias sobre el riesgo de los EMF para los seres humanos y a evaluar el impacto potencial sobre la vida silvestre y otros organismos que viven bajo los auspicios del Programa Ambiental de las Naciones Unidas, en línea con la ciencia que demuestra el riesgo, resolviendo de ese modo esta inconsistencia. Dicha apelación, impulsada por lo que se conoce como EMFscientist.org, sigue abierta a adhesiones y hasta octubre de este año ya suman 215 científicos que han mostrado públicamente su apoyo. Es evidente que los campos electromagnéticos son un problema mundial y que los organismos responsables de proteger la salud de la población han de tomar medidas contundentes y urgentes para que una vez más, el beneficio económico de las empresas no pase por delante de la salud de los consumidores. 

Montse Escuti Fuente original: http://vidasana.org/