martes, 19 de abril de 2016

El desarrollo y las frustraciones

El desarrollo y el crecimiento económico pretenden satisfacer las necesidades fundamentales de la humanidad, a través de la creación de tensiones psicológicas y frustraciones. Galbraith lo afirma explícitamente: “Lo que llamamos desarrollo económico consiste en gran medida en imaginar una estrategia que permita vencer la tendencia de los seres humanos a imponer límites a sus objetivos de ingresos, es decir, a sus esfuerzos".

Está claro que el desarrollo económico sólo puede llevarse a cabo apoyándose necesariamente en la pobreza. No sólo el imaginario económico inventa literalmente escasez, sino que también la pobreza vivida constituye una condición de crecimiento. La presión de la necesidad sirve de motor para poner a trabajar a los seres humanos, mientras que crear la indispensable demanda de masas pasa por la exacerbación de nuevas necesidades.

Los sistemas tradicionales de protección contra la pobreza, en particular, los designados como ‘solidaridad comunitaria’, son directa o indirectamente considerados obstáculos, frenos, resistencias al desarrollo, y denunciados como tales por los expertos. Esta redistribución que permite a menudo a los pobres del Sur no hundirse en la miseria, es la bestia negra de los desarrollistas. Por otro lado, la misma teoría económica hace del crecimiento una condición para la eliminación de la pobreza.

Así pues, no hay crecimiento sin necesidades, no hay remedio a la pobreza sin hundir a la población en la miseria, incluso en la doble miseria: por una parte, la miseria psicológica por la frustración debida a la creación de nuevas necesidades, y por otra, una miseria concreta, casi fisiológica.
 
Sobrevivir al desarrollo. De la descolonización del imaginario económico a la construcción de una sociedad alternativa. Serge Latouche