lunes, 18 de abril de 2016

España: Central Nuclear de Garoña no se reabre pero ¿quién pagará los platos rotos?

“Desde la presidencia de Iberdrola han asegurado que Garoña no se reabrirá y los españoles se preguntan: ¿qué pasará entonces con la central, con el material residual radiactivo que ésta contiene y quién pagará el desmantelamiento de la planta?”

Un central nuclear menos
El 16/12/2012 se dio por definitivamente clausurada la central nuclear de Santa María de Garoña al apagarse el reactor central y ésta cesó sus actividades tras cuarenta y dos años de operatividad, durante los cuales se asegura que se amortizó la inversión inicial. Ignacio Sánchez Galán, presidente de la una de las copropietarias de la central (Iberdrola y Endesa son socias al 50%) habló de falta de eficiencia para justificar que no hubiera reapertura, por lo que aparentemente el próximo paso será la desmantelación de la planta.
¿Cómo funciona una central nuclear?
Este tipo de central depende del calor que se produce durante la fisión nuclear, cuando un átomo se divide y libera energía. El uranio utilizado como combustible sufre constantemente la fisión espontánea a un ritmo muy lento. Es por esto que emite radiación y por lo que es una elección natural para la fisión inducida que las centrales nucleares requieren. Con el fin de convertir la fisión nuclear en electricidad los operadores de dichas plantas tienen que controlar el calor emitido por el uranio, que calienta un fluido que blinda la radiación y a su vez pasa por tuberías y produce vapor de agua sobrecalentado. Éste último irá a las turbinas y generará la electricidad. El uranio suele estar en forma de gránulos de 2,5 cm de largo y del mismo diámetro que el de una moneda, dichos gránulos se disponen en largas varillas que a su vez se agrupan en haces. Los haces de uranio enriquecido producto de la fisión nuclear, se sumergen en agua (que actúa como refrigerante) dentro de un recipiente a presión llamado Almacén Temporal Individual (ATI) o en grandes piscinas, con el fin de que la radiación que siguen emitiendo no contamine el medio ambiente y pueda dañar a las personas. En promedio, una planta de energía nuclear genera anualmente unas 20 toneladas métricas de combustible nuclear usado, que se clasifican como residuos de alta actividad y emiten radiación y calor, lo que significa que con el tiempo corroen cualquier recipiente que los contenga. Además se producen una gran cantidad de residuos radiactivos de bajo y medio nivel, en forma de piezas y equipos radiados. Esto también sucede en laboratorios, hospitales y Universidades que manejan aparatos que emiten radiaciones (como los de los rayos X).
¿Qué es El Cabril?
En la provincia de Córdoba se encuentra la planta de residuos nucleares de media y baja intensidad, que acoge el 95 % de lo que se produce en toda España y está gestionada por ENRESA que es una empresa estatal. Las previsiones indican que en 2030 esta planta completará su cupo de residuos, por lo que pasará a ser un depósito sellado, se le cubrirá con tierra y vegetación y se lo vigilará de cerca durante unos 300 años, con el fin de verificar que no hayan fugas o filtraciones de radiactividad al Medio Ambiente circundante.
¿Y qué pasa con los de alta radiactividad? 
Con el tiempo, el combustible nuclear gastado decae a niveles radiactivos más seguros, pero este proceso requiere miles de años. En la actualidad, la industria nuclear deja enfriar los residuos durante años antes de mezclarlos con vidrio y almacenarlos en estructuras de hormigón súper refrigerados. En 2004 el gobierno decidió la construcción de un ATC (Almacén Temporal Centralizado) cuya ubicación estaría en principio, en Villar del Campo, una localidad de la provincia de Cuenca. Allí se depositaría todo el material radiactivo del país, incluso el que se genere tras el cierre de El Cabril y tendría una vida útil de unos 60 años, tras los cuales debería buscarse una fórmula para dar una solución definitiva a este problema.
Poderoso caballero “Don Dinero”
Como antecedente, se sabe que la desmantelación de Vandellós, la última central nuclear que se desarmó en España costó más de 130 millones de euros, cifra que no incluía la evacuación del uranio enriquecido ni de los materiales radiados a El Cabril. Obviamente Garoña le supondrá un buen pellizco al bolsillo de los españoles. ATC en realidad solo hay uno en todo el mundo y se encuentra en Nuevo México. Los costos de edificación son astronómicos y ni hablemos de lo que saldría el traslado de todo el material que actualmente está en las centrales nucleares tras la construcción de este almacén o los que desde la década de los 70 y 80, España envió a otros países (Francia e Inglaterra) y de los que deberá hacerse cargo en breve.
Una reflexión final
Con el país en crisis económica de la que por más que el Gobierno en funciones diga que está superada, el español medio la sigue sufriendo, ¿de donde saldrán los dineros necesarios para solucionar estos problemas generados por las plantas nucleares? Hablamos de cifras enormes que sobrepasan presupuestos y previsiones, solo para gestionar el desmantelamiento de una central y poder guardar los residuos de las demás. Ante esta realidad ¿cómo puede ser que se siga pensando en apoyar la energía nuclear, si las renovables tienen costos muchísimo menores, no contaminan y no generan residuos?

Fuente: http://www.ecoticias.com/