Argentina: Los agroquímicos saltaron la tranquera y llegaron a las ciudades... advertencia científica y pedido de prohibición

Por Leticia Muñoz

Un equipo de trabajo liderado por el doctor Damián Marino estudia desde hace tiempo los espacios comunes de poblados inmersos en zonas agropecuarias. Comprobaron niveles elevados de glifosato en veredas, baldíos y hasta en plazas públicas.

En los suelos de plazas públicas, donde a menudo juegan niños, en clubes, en veredas de la vía pública, en terrenos baldíos. Son esos los espacios donde un estudio científico halló “niveles de glifosato que, en algunos casos, son hasta 20 veces superiores a los cuantificados en campos de cultivo”. Esos lugares públicos que tienen presencia del herbicida pertenecen a los “pueblos fumigados” del interior del país, poblaciones inmersas en áreas agroproductivas. Con ese fundamento sostenido en evidencias ciertamente alarmantes, desde el Espacio Multidisciplinario de Interacción Socio-Ambiental (Emisa) pidieron a concejales y legisladores la “urgente elaboración e implementación de ordenanzas municipales, leyes provinciales y nacionales que prohíban el uso del glifosato en ambientes urbanos”.
El Emisa es un proyecto de extensión generado dentro de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Damián Marino, junto a Juan Manuel Santillán y Tomás Mac Loughlin, todos de esa casa de altos estudios, expusieron detalles de la investigación y advirtieron el impacto sobre la población si no se toman medidas inmediatas. 
Los tres son parte del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA), que depende de la UNLP. Desde allí se motorizó el estudio de varios años sobre la presencia de metales pesados y agroquímicos en la cuenca de los ríos Paraná y Paraguay. Fue ese el motivo que lo trajo al doctor Marino a Resistencia, el viernes pasado, para exponer los resultados en una jornada organizada por la Red de Salud Popular “Ramón Carrillo”, que se desarrolló en el recinto de sesiones de la Cámara de Diputados.
Marino es licenciado en Química, doctor en Ciencias Exactas, investigador adjunto del Conicet y profesor adjunto del área de Ciencias Ambientales de la UNLP. Bajo su dirección están Tomás Mac Loughlin, licenciado en Química y Tecnología Ambiental (con el doctorado en curso), y becario del Conicet; y Juan Manuel Santillán, quien da sus últimos pasos para terminar la licenciatura en Química. Los tres son docentes universitarios.

Aunque la entrevista propuesta por NORTE el día antes de la presentación en la Legislatura giraría en torno a las conclusiones de la investigación sobre la contaminación del Paraná, datos y un contexto inquietante surgieron casi al final de la charla, cuando los académicos exhibieron un comunicado elaborado desde el Emisa y difundido pocos días antes, que intentaban ganara fuerza entre los actores destinatarios: concejales y legisladores de todo el país.

NORTE: ¿En plazas de qué pueblos encontraron que se usa glifosato?
-Santillán: En todos los pueblos fumigados del país. En veredas de clubes, alrededor de postes de luz, en la vías del ferrocarril.
-Marino: Es una consecuencia del mismo modelo productivo y es un factor evitable. En los pueblos rurales la gente está expuesta por la atmósfera, por polvillo, por la maquinaria y además por las plazas.
-Es difícil asimilar que en una plaza alguien pueda estar usando glifosato.
-Marino: En esos pueblos es natural. Se lo pasan entre vecinos. En los pueblos del interior lo venden “suelto” y la gente lo lleva a su casa. Un problema es la dosis. Usan un chorro, piensan que es poco y agregan más. Está instalado en los cascos urbanos. El mensaje es que los plaguicidas dejaron de ser un problema del campo, cruzaron la tranquera y los límites de las ciudades, y se metieron dentro de nuestras casas. Lo importante es que quienes lo entiendan motoricen la acción.
-Santillán: No hay ningún tipo de control de la cantidad que se aplica. Ni se aplica con control de una receta agronómica. Hay una naturalización del uso de los herbicidas para el cuidado de la jardinería. Y sucede que, como no hay un sistema de escorrentía natural, se acumulan esos productos en un lugar como una plaza. Es amoral porque son lugares donde hay chicos. De entrada no debe tener ningún tipo de discusión. Ni el agrónomo más defensor del sistema agropecuario convencional puede defender de ninguna forma los niveles de glifosato que hay en una plaza.
Política agroproductiva en la mira
-Estamos hablando frecuentemente de pueblos fumigados, de la amenaza de los agroquímicos y de su incidencia en la salud humana. ¿Tenemos un Estado demasiado permisivo que da margen para que ocurra todo eso? ¿Cuál es su visión?
-Marino: La situación es muy compleja. Actúan distintos factores. Cuando se hace un análisis de la historia, el discurso inicial era que los plaguicidas podían usarse, que no pasaba nada. Y se usaron. Lo primero que reacciona es la sociedad, cuando empiezan a verse patrones raros en los pueblos. Empiezan a saltar algunas alarmas y esa presión social instala la discusión. La prensa toma partido. Pero para todo eso ya habían pasado diez años y el modelo agropecuario se había instalado. Después, a través de distintos lobbies económicos, el país entró en un sistema económico dependiente de un programa de retenciones. Entonces, en realidad lo que hay que discutir es la política agroproductiva argentina, lo que implica cuestiones económicas, políticas, sociales, de salud y educación. No es algo en lo que podamos encontrar una solución de hoy para mañana, pero no se puede demorar el inicio de las políticas de Estado, que independientemente de qué intendente, gobernador o presidente tengamos, sostengan en el tiempo un par de pilares para que Argentina cambie.
-¿La discusión de la política agroproductiva podría incluir la prohibición de pulverizaciones con agroquímicos?
-Santillán: Hay una cuestión de fondo. Muchos de los componentes químicos que se utilizan en el modelo de agricultura intensiva, surgen en la historia como armas químicas; están diseñados técnica y científicamente para ejercer efectos tóxicos en algún tipo de especie. Cuando damos estas discusiones, muchos dicen que esto no es un problema porque el compuesto químico queda encerrado en el campo de aplicación. Ahí hay una discusión vinculada a la deriva y a la escorrentía. Pero también hay un componente social, porque normalmente los campos no están alejados de las poblaciones en los pueblos del interior.  Y otro componente sobre el que nuestro equipo trabaja: que las personas que trabajan en el campo viven allí y sus hijos asisten a escuelas rurales. Una cosa es fumigar un campo, otra es fumigar una casa o una escuela donde hay niños. Uno podría ser extremista y decir que el modelo tiene que cambiar, y entonces de un día para otro dejar de fumigar. Al margen, existe un problema concreto: es ilegal e inmoral fumigar a las personas. Las asociaciones científicas internacionales, y una en particular que es la IARC, ha demostrado que aumenta la categoría de peligrosidad del glifosato, por nombrar uno.
Hay otro problema más que hace a la complejidad ambiental y es que las aplicaciones no son sólo de glifosato y atrazina. Son de compuestos químicos. Las interacciones que tienen esos compuestos con el ambiente, con la salud y con las especies animales, son más complejas que decir ‘si aumenta la dosis aumenta la toxicidad’. 
El estudio de eso es una de las patas que más faltan en términos científicos. La complejidad es enorme porque existe, por ejemplo, envasado ilegal y venta en localidades de un compuesto como matayuyos para aplicación a la jardinería. Y se usa en municipios, entes estatales y privados, en los patios y veredas de casas y jardines. Se han encontrado concentraciones de agroquímicos en agua de lluvia en lugares urbanos donde se supone que no son de uso común.
-Marino: Las políticas deben estar orientadas a discutir el modelo productivo que planifica Argentina para los próximos 50 años. Y el emerger de esta línea agronómica como es la agroecología está demostrando que se pueden producir vegetales y cereales sin necesidad de insumos químicos, con manejo. Para eso se forman los agrónomos, que no son recetistas de cócteles de plaguicidas. Nosotros medimos, demostramos que los plaguicidas llegan y lo hacemos para mostrar que es un problema ambiental.
-¿Ustedes creen que la sociedad argentina tiene noción de lo que está pasando, del drama de las poblaciones afectadas, y atiende las advertencias de científicos y de sus estudios?
-Marino: Es poco, pero comparativamente con lo que era antes es un montón. Hoy la gente lo habla, se discute. Aparece cada tanto en la TV, en algún diario. No es suficiente. Hay distintos factores. Pero nosotros estamos convencidos de que, si las organizaciones sociales y los pueblos siguen presionando, se mantendrá vivo el tema. En realidad, la transformación vendrá de la misma sociedad.
20 veces más
En el comunicado del Emisa, que tiene una carilla y fue compartido en redes sociales, se destacan las mediciones que desde hace tiempo realiza el grupo de trabajo sobre el glifosato y su producto de degradación ambiental, el ácido aminometilfosfónico (AMPA) en suelos urbanos de plazas, clubes, veredas y terrenos baldíos de distintos pueblos del interior. “Los niveles de glifosato encontrados son, en algunos casos, hasta 20 veces superiores a los cuantificados en campos de cultivo. Los niveles de AMPA también son elevados, lo que mostraría que el uso del herbicida es sostenido en el tiempo y que no constituye una práctica eventual”, advierte.
Recuerdan desde el Emisa que el glifosato fue categorizado como probablemente cancerígeno para humanos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, en sus siglas en inglés). Y resaltan además que, en vistas de los altos y frecuentes niveles de glifosato medidos en suelos urbanos y las distintas fuentes de exposición ambiental por parte de poblaciones, deben elaborarse e implementarse con urgencia ordenanzas y leyes que prohíban su uso en ambientes urbanos, que promuevan el trabajo comunitario y el manejo de vegetación con herramientas mecánicas o prácticas amigables con el ambiente y que prohíban y multen la venta fraccionada de formulaciones de glifosato para uso doméstico.

Fuente: http://www.diarionorte.com/

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