sábado, 26 de septiembre de 2015

Más sexo salvaje


“La sexualidad como parte de la condición animal puede tener muchas variantes. Pero todas tienen el mismo fin: reproducirse, multiplicarse y de esa manera sobrevivir como especie, aunque algunos métodos se pueden calificar como poco de “escalofriantes”.”

A lo largo del tiempo las especies animales que tienen caracteres sexuales diferentes o sea dos sexos determinados, han ido evolucionando en todos los aspectos, también en la forma de cortejarse y de intercambiar el material genético con el fin de traer al mundo a las siguientes generaciones y por más que algunas parezcan muy “raras” todo tiene una explicación. He aquí algunos ejemplos de ello. 
Abeja común (Apis Mellifera) Tras el cortejo nupcial al que los zánganos someten a la reina, ésta hace su elección y el afortunado copula con ella. Finalizado el acto sexual los testículos literalmente le explotan y el pene se transforma en un tapón (evaginación genital), que impide que otros machos logren fertilizar a la reina. Esta técnica es utilizada por algunas otras especies (su efectividad tendrá obviamente) como es el caso de la araña avispa macho. 
Ácaros de la paja (Pyemotes tritici) Estas minúsculas criaturas que pueden ser parásitos del ser humano tienen unas características muy interesantes: los machos en cuanto nacen atacan a su madre y le succionan los fluidos corporales para poder alimentarse, pero además son sexualmente maduros desde el mismo momento en el que salen de los huevos, por lo que lo primero que hacen es ponerse a buscar hembras, ya que como hemos visto la comida la tienen asegurada por el sacrificio materno. Babosa de mar o Nudibranquio (Opisthobranchia) Entre algunas especies de estos platelmintos hermafroditas (ambos tienen los dos sexos) el acto del intercambio de material genético imprescindible para la supervivencia, es una agresión. Practican la llamada inseminación traumática, ya que ambos especímenes usan el pene normalmente para cazar y a la hora de la copula se juntan tratando de ensartar al otro y salir ileso del duelo. 
Delfines (Delphinidae) Los machos de estos mamíferos marinos son verdaderos adictos al sexo. Quizá se deba a que tienen un pene que gira, se retrae y es prensil y a que la cópula dura unos 12 segundos, así que lo cierto es que no resulta un gran semental y cambia calidad por cantidad. Se ha observado que si una manada de machos jóvenes encuentra a una hembra solitaria, son dados a forzarla a mantener relaciones con uno o con todos. 
Hipopótamo (Hippopotamus amphibius) Todos los hipopótamos excepto los pigmeos, realizan el acto de copular bajo el agua, ya que el extremado volumen de sus cuerpos les impide montar a la hembra o a ésta soportar el peso extra del macho, fuera del medio acuático. El parto de los pequeños también es en el agua. 

Liebre de mar (Aplysia punctata) Es un molusco gasterópodo marino hermafrodita que practica el sexo grupal, organizando “cadenas fecundarias”. Cada espécimen tiene ambos órganos reproductores y para la cópula se juntan varios animales insertando cada cual el pene en el orificio femenino de la babosa siguiente y así sucesivamente, hasta formar una gran cadena sexual, que ocasionalmente se cierra en un círculo. 
Loros de “frente blanca” (Amazona albifrons) Entre estos simpáticos loros como en la mayoría de las aves, el macho “pisa” a la hembra o sea que la monta. Lo raro en estas aves es la forma en la que él la conquista a ella: ambos juntan sus picos y el macho regurgita en el de la hembra. Si el resultado le parece lo suficientemente apetecible, ella cederá a sus encantos sexuales, pues de esa forma la convence de que sabe de comida y será capaz de buscar el alimento correcto para las crías. 


Percebes (Pollicipes pollicipes) A este pequeño crustáceo que suele encontrarse pegado en los cascos de los barcos su inmovilidad debería hacerle la vida sexual difícil. Nada más lejos de la realidad. Es el animal que en comparación con su propio tamaño consigue alargar más su pene. El mito hablaba de que podía ser 40 veces mas grande que su concha, pero hace unos años unos científicos de La Coruña comprobaron que si bien sigue ostentando el título, en realidad su falo es solo una vez y media su tamaño, eso quiere decir que en un paralelismo con un hombre de 1.80 m, su órgano de reproducción mediría unos 2.70 m. 
Polilla adornada (Utetheisa ornatrix) Entre estos insectos el tamaño sí que importa y las hembras lo saben muy bien. Cuanto más grade sea el macho, mayor será la probabilidad de que presente un “regalo nupcial” más interesante. Se le llama así a un paquete cuya denominación científica es espermatóforo, que contiene el esperma, sustancias nutritivas y un alcaloide que espanta a los posibles depredadores de los huevos. 
Rabihorcados (familia: Fregata) Estos pajaritos tienen una espectacular forma de atraer a las hembras. Inflan su buche durante algo más de 20 minutos y conforman con él un bonito globo con forma de corazón, que muestran con orgullo y ansias copulatorias. Cuando una hembra se prenda de su artilugio (elige el más grande y vistoso, pues pertenecerá al más fuerte), el macho aprovecha para poseerla y para asegurarse que solo se concentra en lo que debe, le tapa los ojos con las alas. 
No hay ninguna duda de que la Naturaleza sigue siendo una sabia consejera y que cada especie se lo monta como puede y sabe, con tal de reproducirse y si fuera posible, salir indemne del trance.