sábado, 19 de septiembre de 2015

Reflexiones en torno al desarrollo, la cooperación, el (de)crecimiento y la igualdad


Aurora Moreno Alcojor - Carro de combate

Algo, mucho, está cambiando en el mundo de la cooperación. Hace ya años que se pasa del modelo asistencialista a una visión del desarrollo como algo más profundo, con la idea de crear estructuras útiles y sostenibles en el tiempo. Ahora, se embarcan en un nuevo cambio de paradigma: alternativas al modelo actual para ser parte de un cambio mucho más radical.

De todo esto se habla en las jornadas organizadas por la Coordinadora de ONGD, agrupadas bajo el título ‘Hacia el fin de la desigualdad y la pobreza. Enfoques y alternativas al modelo imperante’, en las que se trataron muchos de los temas  sobre los que habitualmente reflexionamos en este blog. Un encuentro de dos días en el que se dieron citas pensadoras, trabajadores de las ONGD, sociólogos y estudiosos de la cooperación para abordar desde un punto de vista multidisciplinar la realidad de un mundo globalizado donde muchos de los parámetros establecidos han dejado de ser válidos.
Entre ellos, el que asocia crecimiento económico a desarrollo, especialmente en un momento en el que nos enfrentamos, como explicaba Yayo Herrero, hasta hace poco coordinadora de Ecologistas en Acción y actualmente directora de Fuhem, a un triple riesgo de colapso: por la crisis energética, la crisis de materiales y el cambio climático (demostrado una y otra vez a pesar del negacionismo). Un momento en el que las desigualdades se profundizan y los recursos se agotan provocando un profundo conflicto entre el ‘techo ecológico’ (el máximo que podemos consumir en función de los recursos naturales) y el ‘suelo social’ (el mí­nimo imprescindible para vivir). Entre estos dos mundos hay un amplio territorio, pero si queremos que el segundo crezca es imprescindible que el primero disminuya: conseguir que todos los ciudadanos del Planeta accedan a estos mí­nimos exige que los otros disminuyan -“disminuyamos”- nuestro consumo. En esta situación, se impone, por lo tanto, la idea del decrecimiento no como una opción ética, sino como una obligación.  
Una idea que lleva aparejado debates complicados, que no gustan, pero a los que hay que responder. Por ejemplo: ¿es sostenible comer carne o pescado cinco días a la semana? ¿Y tener un automóvil cada uno? ¿Es esto un derecho o un privilegio? ¿Qué pasará si todos los habitantes del planeta pretendieran hacer lo mismo?.
Reflexiones que afectan a las ONGS y al modelo de desarrollo que exportan, pero también a cada uno de nosotros, en tanto que si queremos igualdad real debemos empezar a cambiar nuestros propios modos de vida. 

Viñeta realizada por http://www.4ojos.com/ con algunos de los conceptos explicados en una charla sobre este mismo tema: “El decrecimiento se impone sí­ o sí­”.