Chile: volviendo a construir resistencia productiva luego de los incendios forestales



La región centro sur de Chile sufrió a inicios de 2017 una ola de incendios que perduró por varias semanas y que afectó alrededor de 500.000 hectáreas, incluyendo bosques, monocultivos de árboles y predios de pequeños productores familiares.

Lizzie Días

Decenas de focos activos distribuidos por una amplia región del país donde la combustibilidad de los monocultivos de pinos y eucaliptos, las altas temperaturas y el viento facilitó que el incendio cobrara dimensiones incontrolables. El Pueblo Santa Olga de unos 5.000 habitantes fue quemado por completo, cientos de personas perdieron sus casas en otras localidades, miles fueron evacuadas, teniendo que lamentar el deceso de 11 personas entre habitantes de las zonas directamente afectadas, como también brigadistas que voluntariamente se pusieron a disposición para combatir el fuego.

La plantación de grandes extensiones de pinos y eucaliptos en Chile inició a mediados de la década del 1970, en plena dictadura militar, y desde ese momento el estado las ha promovido e incentivado mediante el Decreto Ley 701 y los llamados “subsidios forestales”. Esto provocó un proceso de destrucción y sustitución del bosque nativo húmedo por monocultivos a gran escala de pinos y eucaliptos que, entre los numerosos impactos que generan, afectaron el agua, disminuyendo su cantidad y calidad. La sequía y escasez de agua sumada a las grandes extensiones de monocultivos favorece la aparición y rápida expansión de incendios forestales. Estas plantaciones están básicamente en manos de dos grandes grupos económicos nacionales: CMPC, de la familia Matte y Arauco, del grupo Angellini, quienes juntos poseen alrededor de 2 millones de hectáreas de tierra.
Tras los incendios, rápidamente se difundieron falsas noticias hablando de “terrorismo mapuche”, intentando culpar al pueblo indígena mapuche del siniestro, a pesar que los incendios no se iniciaron en territorio mapuche. Sin embargo, según algunas organizaciones sociales y movimientos populares, esto no fue más que un intento para que las empresas de plantaciones implicadas evadieran su responsabilidad por los incendios. (1)
En esta ocasión hay además un agravante, un hecho que a pesar de ser conocido, incluso por la institucionalidad pública, no ha sido considerado, y es que la mayoría de las zonas afectadas por incendios coincide con las plantaciones de pinos y eucaliptos en cuarentena desde hace años por estar afectadas por plagas descontroladas. Este hecho cobra mayor importancia al destacar que las empresas aseguradoras no cubren las plantaciones afectadas por plagas pero en cambio sí pagan un seguro por incendio. (2) 
Luego de varias movilizaciones populares, denunciando la responsabilidad de las empresas de plantaciones y exigiendo que no se criminalice más al pueblo mapuche, la Fiscalía, pese a la evidencia, desestimó la posibilidad de indagar en las propias empresas, centrándose en el establecimiento de responsabilidades individuales.
En marzo de 2017, una pequeña delegación internacional (3), acompañada por estudiantes del movimiento popular “Solo el Pueblo Ayuda al Pueblo” y a integrantes del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA), recorrió las regiones del Bío Bío y la Araucanía para conocer en profundidad la realidad de las familias víctimas no solo de los impactos de los monocultivos de árboles sino también de los recientes mega-incendios forestales.
El Movimiento “Solo el Pueblo Ayuda al Pueblo” surge en la ciudad de Concepción como respuesta a la situación de caos provocada por los incendios y para dar apoyo a las familias afectadas. Está integrado por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción, la Coordinadora por la Defensa de los Territorios, entre otros.
“La restauración de los suelos afectados por el fuego es un proceso largo. La ayuda se está enfocando en aquellos predios familiares donde hay resistencia productiva a los monocultivos de árboles. La idea no es decir qué es lo que se tiene que plantar, sino apoyar la cultura productiva del lugar, utilizando siempre que sea posible semillas nativas no intervenidas”, explica uno de los estudiantes integrante del Movimiento.

 “Aquí los predios con monocultivos de eucaliptos o pinos pertenecen en su mayoría a grandes empresas forestales y algunos a pequeños propietarios que plantaron pero que no viven en el lugar. Antes era una zona donde se plantaba trigo, papas, porotos, lentejas, frutales, se recolectaban hierbas medicinales, además de contar con animales de granja como gallinas. A medida que los monocultivos de árboles avanzan las familias campesinas e indígenas son desplazadas o ven como las tierras se van degradando y el agua desaparece”, afirma Lucio del OLCA.

Visitamos la finca de Leonardo y Ruth, campesinos que viven en un predio de media hectárea, en medio de la zona incendiada, a unos kilómetros de la Ciudad de Concepción. (4)

Leonardo y Ruth nos recibieron muy cálidamente en su hogar. Luego de presentarnos, Lira, integrante de “Solo el Pueblo Ayuda al Pueblo”, nos cuenta que “en este lugar el fuego vino desde atrás, pasó por aquí, arrasó con todo y siguió su curso, pasando incluso por encima de las carreteras. Las pocas familias que lograron salvar sus casas fue porque se quedaron solos a combatir el fuego, arriesgando su vida, con los rostros cubiertos, mojándose y mojando sus casas continuamente. Fue un caos. La CONAF [Corporación Nacional Forestal] no llegaba, los bomberos tampoco, ya era un estado de emergencia tal que se dio por perdido el territorio. Las familias que se evacuaron del lugar perdieron todo”.

“Para las forestales esto no es nada”, afirma Leonardo, “pero nosotros, los pequeños propietarios somos lo que estamos sufriendo. Yo tenía una quinta de cerezos muy linda, pero se me quemó toda. Recolectábamos para nuestro consumo, para preparar conservas y mermeladas y para vender. También teníamos ciruelos, manzanas, duraznos, todavía se pueden ver algunas frutas quemadas. Las manzanas eran de muy buena calidad…”.

Ambos son hierbateros, conocedores, recolectores y defensores de las hierbas medicinales del lugar. “La recolección de las hierbas la hacemos en los alrededores de nuestra propiedad, tierras que ahora están quemadas. Recolectábamos toronjil, menta, poleo, rosa mosqueta, palo negro, pata de vaca, maqui, y una cantidad más. Teníamos una bodega con toda la cosecha del año y al pasar el fuego se quemó todo, lo del depósito y lo de los campos. No hay dónde recolectar. También se quemó el gallinero con gallinas y todo, solo se salvó esta casita porque está recubierta con placas de lata”, dijo señalando el pequeño rancho de dos habitaciones en el que estábamos.

“Yo logré soltar algunas aves”, agrega Ruth, “pero otras se quemaron. Eran las aves con las que nos alimentábamos, obteníamos nuestros huevos y carne para cocinar. El eucalipto es el culpable de que aquí se quemara todo. El fuego vino desde las [plantaciones] forestales. Perdimos todo lo que teníamos en nuestra tierra.”

Leonardo nos muestra el campo lindero donde se ven las hileras de eucaliptos quemados. “Yo siempre peleaba con el vecino para que no me pusiera eucaliptus ni pinos, pero fue lo primero que hizo. Por eso perdí todo aquí. Cuando recibieron el subsidio del estado para plantar, habían árboles nativos y los eucaliptos mataron todo, igual que el pino. Además cuando ellos tiran “el líquido” [agrotóxicos] en las forestales ya nos estaban matando todas las hierbas que podemos recolectar. Matan todo lo que hay en el suelo y también matan a las abejas. Imagínense la cantidad de litros de agua que toma cada eucalipto por día, y miren todos los eucaliptos que hay acá. Hoy día tenemos mucho problema de agua. Antes en mi parcela tenía mucha agua, pero ahora ya no, le tenemos que dar agua del grifo a los animales”.

“Para mí la culpa es de las [empresas] forestales que con esto no pierden nada, les pagan aunque los árboles se les quemen, porque tienen seguros. La madera la están sacando igual, será para chipear [hacer astillas de madera] o lo que sea. Las [empresas] forestales trabajan para ganar, nunca pierden. Queremos saber cómo combatir a las [empresas] forestales, ya no queremos que planten más árboles.”

“El incendio acá duró como cuatro días, yo no quería salir de mi casa, cuando finalmente decidí salir con mi vehículo tuve que pasar por debajo de las llamas, creí que iba a explotar, pero me tiré nomás”. Luego del incendio volvieron a su predio y están intentando recuperar el suelo. “Ahora vamos a tener que seguir luchando, voy a plantar de nuevo mi quinta y mis árboles frutales”, dice convencido Leonardo, “va a costar un mundo volver a tener todo igual. Hay quienes dicen que por un año no voy a poder sembrar nada en la tierra, pero yo no puedo estar un año esperando, voy a intentarlo igual”.

El gobierno brinda una ayuda de 1.000.000 de pesos chilenos (US 1.800 dólares) a cada familia afectada para ayudarla a reinstalarse, pero esta cifra es irrisoria para quienes lo perdieron todo. En estas circunstancias la solidaridad popular es fundamental, tanto a través de donaciones como de trabajo voluntario. “Les estamos muy agradecidos a los voluntarios que nos trajeron alambre, mallas, nylon, estacas y nos ayudaron mucho” reconoce emocionado Leonardo.
“Las brigadas voluntarias trabajamos en el cercado del predio, estudiando el suelo, viendo en cada caso qué necesidades tienen las familias, pero al mismo tiempo aprendimos de estas familias sobre el quehacer del campo y por sobre todo nos acompañamos en este duelo, un proceso doloroso para estas familias” afirma Lira.
La realidad de Leonardo y Ruth es tan solo un ejemplo de los cientos de familias víctimas de las consecuencias de un modelo forestal basado en el monocultivo que solo beneficia a quienes más tienen e impactan a aquellos que no tienen voz ni los medios para hacerles frente.
Como si esto fuera poco, en el mes de junio se realizó en la ciudad de Concepción una Conferencia Internacional sobre Biotecnología de Árboles (organizada por la Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal - IUFRO, por su sigla en inglés) para promover los avances en investigación sobre árboles transgénicos, con vistas a mejorar su “productividad”. En diversos laboratorios del mundo y también de Chile, se continúan realizando investigaciones y experimentos en árboles transgénicos para lograr árboles que sean resistentes al frío, a los agrotóxicos, a las sequías, a las plagas, es decir, a gran parte de los problemas que estos mismos monocultivos han producido y exacerbado.
De autorizarse la plantación de pinos o eucaliptos transgénicos en Chile, más extensiones de bosques o territorios indígenas y campesinos serán ocupadas por estos monocultivos. Por esa razón, organizaciones y movimientos sociales salieron a la calles y se manifestaron frente a la sede de la Conferencia para exigir la derogación del Decreto Ley 701 y para denunciar los impactos de los monocultivos de especies exóticas, de los recientes incendios forestales y a decir “no queremos árboles transgénicos en Chile”. (5)
Ya es tiempo que el estado chileno se detenga a escuchar la voz de los afectados por los monocultivos de árboles y que pare de beneficiar a los grandes grupos económicos en detrimento de territorios y comunidades campesinas e indígenas.

Lizzie Días, lizzie [at] wrm.org.uy
Miembro del secretariado internacional del WRM
Fuente: Movimiento Mundial por los Bosques - Boletin Nº 231
1.- El “Terrorismo Mapuche”: La campaña de desinformación para desviar responsabilidades en mega incendios forestales – Alfredo Seguel
2.- Revuelo caso incendios e “intencionalidad”: zonas devastadas estaban infestadas por plagas en plantaciones forestales - Red por la Defensa de los Territorios
3.- La Delegación estuvo integrada por las siguientes organizaciones:  Biofuelwatch; Centro de Estudos e Pesquisas para o Desenvolvimento do Extremo Sul – Bahía (CEPEDES); Fórum Carajás – Maranhão; Campaña Internacional ALTO a los árboles transgénicos; GE Free New Zealand; Global Justice Ecology Project; Movimento dos Trabalhadores Rurais sem Terra (MST); Red latinoamericana contra los monocultivos de árboles (RECOMA); Movimiento Mundial por los Bosques (WRM).
Esta delegación intercambió además conocimientos y experiencias sobre los impactos de los árboles transgénicos. Ver videos en: Investigadores y activistas nacionales e internacionales contra árboles transgénicos y modelo forestal chileno.
4.- Ver reportaje fotográfico aquí
5.- Declaración pública contra el modelo forestal chileno
Campaña Internacional Alto a los Árboles Transgénicos denuncia la violencia de la industria forestal.
Imagenes: ‪Publimetro‬.cl

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