miércoles, 2 de diciembre de 2015

¿De qué sirve realmente la política ambiental de la UE?


COP21, Cumbre de París, Cumbre sobre el clima... No importa cómo se llame porque lo que es, en definitiva, es una nueva oportunidad que las principales potencias tienen para comprometerse con el planeta. De momento, la gran mayoría -un total de 147- han asumido "la meta de los dos grados". Es decir, tienen el firme propósito de conseguir que la temperatura de la Tierra no sobrepase dicha cifra. Sin embargo, pese al optimismo que buscan aparentar, el ambiente que rodea a esta gran cita es más bien pesimista.

Es así y no de otra manera ya que la propia ONU ha calificado como "insuficientes" los pasos que se han dado hasta ahora y porque las emisiones de gases de efecto invernadero de las últimas décadas han sido tales que "el calentamiento ya no se puede revertir". Por eso, todo lo que se haga a partir de ahora será vital para el planeta.
Consciente de ello es el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que el pasado 3 de agosto dio un gran paso en este sentido. Entonces presentó su plan para lograr una reducción de las emisiones de CO2, con el que el resto del mundo, atento siempre a los movimientos que da la primera potencia en cualquier materia, puso la atención en la agenda ambiental.
Un momento clave
Desde la ONU se acogió con beneplácito el plan estadounidense, pero, ¿cómo afecta a Europa el anuncio de Obama?, ¿qué lleva haciendo la UE en este campo desde hace años? Las respuestas pasan por valorar el punto actual en el que nos encontramos: a falta de medio mes para que empiece la Cumbre y ante el final del mandato de Obama.
"El anuncio del compromiso en la reducción de emisiones por parte de EEUU es importante en tanto que estamos ante la primera economía mundial y el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero. Que el país se comprometa a cambiar la forma en la que produce energía y fomente una transición hacia energías limpias es un paso clave en la lucha contra el aumento de las emisiones de efecto invernadero", explica a El Huffington Post Alberto Vizcaíno López, profesor del Instituto Superior del Medio Ambiente.
Sin embargo, Vizcaíno apunta un dato importante: el hecho de que, desde el punto de vista político, Obama "llega tarde". "Esto quizá haga que se quede en un anuncio y no se aplique, sobre todo teniendo en cuenta la lectura que se hace del "Plan de Energía Limpia" como un fracaso del mercado para dar soluciones a los problemas ambientales y la necesidad de una intervención administrativa para garantizar el desarrollo sostenible y la salud de las personas".
Joan Francesc Peris, portavoz de Los Verdes, va más allá: "La propuesta de Obama es positiva en el sentido de que siempre EEUU, junto a China, India y otros países, habían sido los principales oponentes a concretar en cifras reales, verificables, las reducciones de emisiones de gases efecto invernadero, sobre todo, CO2. No obstante, la reducción que propone del 32% de CO2 en las centrales termoeléctricas para el 2030 es claramente insuficiente si observamos el aumento real de la temperatura media del Planeta y son los propios paneles de científicos los que empiezan a ver que el cambio climático, y sus consecuencias, va más rápido que lo determinado en las peores previsiones".
Europa y sus deberes
En cualquier caso, el momento es estratégico: "El anuncio parece presagiar un compromiso de EEUU en la Cumbre del Clima de París favorable a un acuerdo global sobre emisiones de efecto invernadero", añade Vizcaíno. En su opinión, esta cita de los líderes mundiales es clave puesto que viene precedida por múltiples decepciones, motivo por el que se anuncia como "la última oportunidad de frenar el cambio climático y sus consecuencias".
Mientras, Europa sigue trabajando en sus objetivos climáticos y energéticos en tres líneas diferentes: la reducción de emisiones de efecto invernadero, el fomento de las energías renovables y la eficiencia energética.
En este sentido, desde el equipo de prensa de la Comisión Europea, Dimitri Barua explica a El Huffington Post cómo la UE está luchando por poner en marcha una política energética común, puesto que la dependencia energética le cuesta a la UE cada año unos 400.000 millones de euros. Así se lograría, defiende Barua, un nuevo modelo energético que cumpla con los objetivos de lucha contra el cambio climático y garantizar un uso más racional de los recursos, evitando una excesiva dependencia del extranjero.
Más allá de los planes futuros, existen varias medidas emprendidas desde la UE que a día de hoy favorecen la consecución de los grandes retos ambientales, aunque el portavoz de Los Verdes considera que la UE tiene que hacer más y debe hacerlo ya. Así, defiende que los 28 alcanzaron un acuerdo en octubre de 2014 según el que se comprometieron a "una reducción media del 40% de las emisiones para el 2030", respecto a las emisiones de 1990, pero tanto ellos "como la mayor parte de asociaciones ecologistas", plantearon que "el 40% se podía y debía alcanzar en 2020".
Por su parte, Vizcaíno pone énfasis en el trabajo de la la UE en el ámbito del ahorro y eficiencia energética, "el que más influye en nuestro día a día". "Se ha regulado desde el consumo energético de los edificios hasta el etiquetado ecológico".
Actuar en forma inmediata
Precisamente, en el ámbito de la eficiencia energética, Barua apunta a un dato importante para la ciudadanía: "Puede parecer sorprendente, pero en Europa se calcula que el 20% de toda la electricidad se utiliza innecesariamente. No podemos darnos el lujo de ser ineficientes en el uso de la energía. En 2012 revisamos la Directiva de Eficiencia Energética -introduciendo la Certificación Energética de Edificios, por ejemplo- y hoy en día las nuevas edificaciones utilizan la mitad de energía que en la década de 1980 y la industria utiliza aproximadamente un 19% menos de energía que en 2001".
Hay, además, iniciativas interesantes como el llamado "Pacto de los Alcaldes". Se trata de un movimiento europeo en el que participan autoridades locales y regionales que han asumido el compromiso voluntario de mejorar la eficiencia energética y utilizar fuentes de energía renovables en sus territorios. Los firmantes no sólo se han propuesto superar el objetivo de la UE de reducir en un 20% las emisiones de CO2 antes de 2020, sino que también proponen iniciativas como auditorías energéticas, iluminación eficiente, movilidad sostenible...
Poco conocido es también el régimen de comercio de derechos de emisión de la UE. Es uno de los pilares de la política climática de la UE y bajo este régimen, cada Estado Miembro cuenta con una "cesta" de emisiones de gases de efecto invernadero para sus industrias y fuentes puntuales importantes. Es decir, cada uno tiene una cantidad de "derechos" o permisos de emisión para un periodo determinado y cada instalación puede o bien reducir sus emisiones o bien comprar derechos. La idea es que cada vez sean más estrictos y costosos los derechos de emisión, lo que fuerza la reducción de emisiones progresivamente.
"Es el instrumento principal de Europa para luchar contra el cambio climático y situar a la UE en el camino hacia la economía 'hipocarbónica'", explica Barua. Con ayuda de este régimen, la UE y los Estados miembro pretenden respetar los compromisos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero contraídos en el marco del Protocolo de Kioto. "Por ejemplo, el año pasado las emisiones de las industrias que participan en este régimen se redujeron en un 4,5%", explica Barua.
Con todo, ahora los gobiernos tienen su próxima gran meta en la Cumbre de París, cuando los líderes mundiales tienen ante sí la oportunidad del que sería el acuerdo climático "más ambicioso de nuestra generación", en palabras de Barua.