miércoles, 2 de diciembre de 2015

La Energía Nuclear no es la solución


La energía nuclear aporta aproximadamente el 4,4 % de toda la energía consumida en el planeta. En estos momento hay 438 reactores abiertos, incluyendo los de Japón que se encuentran todos parados menos uno. Considerando las emisiones medias del sistema energético

A pesar de sus bajas emisiones, la energía nuclear no es solución al cambio climático por los graves inconvenientes y peligros que conlleva. Además, la aportación nuclear al consumo energético del mundo es demasiado escasa, por lo que su extensión a lo niveles necesarios requeriría unos esfuerzos técnicos y económicos desorbitados. Para Ecologistas en Acción es mucho más práctico, seguro y sensato dedicar esos esfuerzos al desarrollo de energías limpias y a técnicas de almacenamiento de electricidad, así como a medidas de ahorro y eficiencia.
La energía nuclear aporta aproximadamente el 4,4% de toda la energía consumida en el planeta. En estos momento hay 438 reactores abiertos, incluyendo los de Japón que se encuentran todos parados menos uno. Considerando las emisiones medias del sistema energético, sólo contribuyen a evitar el 4,5% de los gases de efecto invernadero, lo que resulta una magra aportación teniendo en cuenta los problemas y peligros que conlleva esta fuente de energía (evitan un 14% de la emisión de GEI en la generación de electricidad).
Las centrales nucleares producen grandes cantidades de residuos radiactivos de muy baja, baja, media y alta actividad que han de ser mantenidos apartados de la biosfera para que las radiaciones ionizantes no dañen a los seres vivos. Aunque menos abundantes en volumen, son especialmente peligrosos los de alta actividad, pues son radiactivos durante cientos de miles de años. La gestión de estas sustancias implica grandes esfuerzos tanto técnicos como logísticos y, a menudo, en muchos países del mundo, corre a cargo del dinero público o de tasas satisfechas por los consumidores. Esto ha sido así en la Unión Europea hasta 2005, en que el Consejo de la Competencia tomó cartas en el asunto. Así y todo, el canon satisfecho por los productores de residuos no será suficiente para cubrir el coste total de la gestión.
Además de la generación de los residuos, está el problema de la seguridad. El accidente de Fukushima trajo otra vez a primera línea de debate el riesgo que supone tener las centrales nucleares en funcionamiento. En el caso de Fukushima, las aún no resueltas fugas radiactivas aumentaron el sufrimiento provocado por el terremoto y el posterior tsunami.
Para que la energía nuclear fuera una verdadera alternativa al cambio climático, debería aumentar sustancialmente su participación en el mix energético, lo que, por otra parte, implicaría la electrificación masiva del transporte. Habría que multiplicar su contribución por un factor 5 al menos para que pudiese jugar algún papel y aportasen aproximadamente el 20% de toda la energía. Eso implicaría emprender construcción de centrales en todo el mundo a toda velocidad. Según el OIEA existen solo 70 reactores en construcción, lo que resultaría claramente insuficiente, pero además esta cifra incluye todo tipo de proyectos. Es decir, estarían disponibles menos de la cuarta parte de las centrales necesarias para alcanzar dicho objetivo.
La ampliación del parque nuclear supondría la multiplicación de los residuos a gestionar y el aumento del riesgo de accidente. Pero además, el acceso a esta fuente de energía de países más pobres y menos desarrollados democráticamente implicaría un aumento grave de la inseguridad por la falta de controles democráticos sobre las empresas por parte de los organismos reguladores, que sería necesario crear en esos países, y por parte de la sociedad civil. Según el MIT (Massachussets Institute of Technology) una de las causas del accidente de Fukushima fue la falta de independencia de la Agencia de Seguridad Nuclear japonesa, que le impedía hacer un seguimiento cabal de la situación de las plantas nucleares. No es fácil imaginar organismos reguladores independientes y firmes en países sin cultura democrática, ni tradición de separación de poderes, cuando ni siquiera los tenemos en países que presumimos de garantías democráticas, como España o Japón.
Asimismo, el avance de la tecnología nuclear en esos países puede dar lugar a la tentación del uso de las tecnologías nucleares de doble uso para el desarrollo de armas nucleares, con el consiguiente aumento de la proliferación nuclear y de la inseguridad mundial. Tenemos el reciente ejemplo de Irán que puso en marcha un programa de enriquecimiento de uranio mediante centrifugación gaseosa: es imposible discernir si las centrifugadoras iraníes son para fabricar combustible o para fabricar uranio enriquecido para las armas nucleares.
El incremento de la potencia nuclear no puede ser muy rápido, en cualquier caso, dado que el tiempo de construcción supera los 10 años, incluso en los reactores más nuevos que se están realizando en Europa, los de Olkiluoto (Finlandia) y Flamanville (Francia). El coste de cada uno de estos reactores triplica ya lo que se presupuestó y supera los 9.000 millones de euros, lo que supone otra gran dificultad para lanzarse a la aventura nuclear: de dónde sacar la enorme cantidad de recursos económicos necesarios, especialmente en la actual situación de crisis financiera y de políticas de austeridad. Aunque los costes por reactor no superasen los 4.500 millones (la mitad de los anteriores), estaríamos hablando de un gasto de 9 billones de euros, que supone del orden del ¡13% del PIB mundial!.
Además, las centrales consumen uranio, un combustible que no es renovable. Las reservas de uranio baratas y fácilmente extraíble del mundo son limitadas y darían para unas décadas al actual ritmo de consumo. Un aumento del número de plantas forzarían a abrir nuevas explotaciones mineras, con el consiguiente impacto sobre el medio ambiente y la salud de las poblaciones cercanas. Se encarecería el precio del uranio y sus reservas se agotarían mucho antes.
Las centrales nucleares regulan mal su potencia, por lo que difícilmente pueden convivir en un mix energético masivamente de renovables. Por todos estos motivos, es obvio que la energía nuclear no es una solución al cambio climático. Por el contrario, la apuesta nuclear dificultaría avanzar en la solución del problema al detraer recursos que deberían dedicarse a las renovables y dificultar la implantación de estas últimas en un mix con una base nuclear.

Ecologistas en Acción http://www.ecologistasenaccion.org/