martes, 1 de diciembre de 2015

La Cumbre de París y el calentamiento global que nos empuja al abismo


La Izquierda Diario

Se especula el aumento catastrófico de 4 °C a nivel global. La barrera del punto de no retorno está fijado en el aumento de 2 °C. Especialistas lo califican como la entrada al fin de la civilización y de la vida.

Con la presencia de más de 195 países se realiza en París a partir de este 30 de noviembre la XXI Conferencia de Naciones Unidas para el Cambio Climático, también conocida como Conferencia de las Partes (COP21) o Cumbre de París, en donde se busca llegar a un acuerdo que evite elevar la temperatura global por sobre los 2 °C, lo que, de lo contrario, nos haría traspasar el punto de no retorno de una espiral ascendente de consecuencias apocalípticas.
Los datos duros
El drama se desató luego de que se dieran a conocer los últimos datos sobre el calentamiento global provocado por los gases de efecto invernadero. La Organización Mundial del Medioambiente señaló que en el año 2014 (el más caluroso de la historia) se batió el récord de emisión de gas de este tipo con el aumento de dióxido de carbono (CO2) en un 143 % en comparación con el de la era preindustrial, sobrepasando las cuatrocientas partículas por millón en la atmósfera. James Hansen, ex director del Goddard Institute de la NASA plantea que el límite de sustentabilidad de la civilización humana está en la barrera de las trescientas cincuenta partículas por millón. Por su parte, la Oficina Meteorológica Británica augura un aumento de la temperatura global en 1 °C para finales del 2015. Sin embargo, el horror se concentra en el aspecto exponencial del crecimiento del calentamiento global, impidiendo elaborar planes efectivos de largo aliento, puesto que con el tiempo la pendiente se vuelve más pronunciada y se acortan los plazos para buscar una solución real.
En el año 2007 el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) predijo que para el año 2100 la temperatura global aumentaría 1 °C, pero en 2008 el Centro Hadley para la Investigación de la Meteorología modificó esta información, pronosticando un aumento de 2 °C para la misma fecha. En el mismo año la ONU predijo un aumento de 3,5 °C para 2100, afirmando que este aumento ya de por sí implicaría la desaparición de todos los hábitats naturales del planeta, llegando a convertir, por ejemplo, al Amazonas, “pulmón del planeta”, en un desierto. Este aumento también aniquilaría casi todo el plancton oceánico, destruyendo la base de la cadena alimenticia marina. A su vez, estas enormes sequías regionales quebrarían el sistema agrícola internacional provocando superhambrunas jamás antes vistas, con sus consecuentes conflictos político-militares. A esto podemos sumar el hecho de que jamás en la historia de la humanidad esta experimentó una temperatura global de este tipo.
Sin embargo, información más reciente fue empeorando aún más el panorama, ya que no haría falta esperar al 2100. En 2009 Hadley corrigió sus datos prediciendo un aumento de 4 °C para el mismo 2060, mientras que el Global Carbon Project y el Copenhague Diagnosis calcularon el aumento para el 2100 de entre 6 °C y 7 °C, respectivamente. Y en 2010 la ONU volvió a corregir la información, fijando para el 2050 un aumento de 5 °C, mientras que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) fijó un aumento de 2 °C para el mismo 2017 (el doble de lo que en 2007 el IPCC había pronosticado para el 2100) y de 3,5 °C para el 2035. Es decir, un aumento catastrófico de la temperatura a nivel global que implica la aniquilación total de la vida en la Tierra.
El caso de la Extinción Pérmica
Los sectores más preocupados del campo de la ciencia toman como referencia eventos geológicos similares como las llamadas Grandes extinciones. Es lo que sostienen varios especialistas, como el climatólogo de la Universidad de Cambridge Peter Wadhams que, junto a otros referentes, integra el Arctic Methane Emergency Group (AMEG), organización científica que forma parte de la COP21. Este sector, a su vez, es respaldado por activistas y comunicadores sociales tales como el periodista Thom Hartmann, en consonancia con ONG’s del tipo Green World Rising, que han difundido un alarmante material titulado Last Hours, en vistas de la COP21.
La Tierra ha experimentado en toda su historia cinco grandes extinciones, las que aniquilaron a más de la mitad de la vida. La más famosa de todas es la quinta, la extinción del Cretácico (hace sesenta y seis millones de años), debido a que fue la responsable de la desaparición de los dinosaurios. Sin embargo, la peor de todas fue la tercera, la extinción del Pérmico (hace doscientos cincuenta millones de años), también conocida como La Gran Mortandad. Esta extinción fue responsable de la desaparición del 95 % de la vida en la Tierra. Para alcanzar tan alto grado de mortandad, la vida fue atacada por diversos flancos. Sin embargo, fue uno solo el detonante: el efecto invernadero provocado por los gases emanados de una erupción volcánica de características extremas. La principal hipótesis apunta a un meteorito gigantesco cuyo cráter de 500 km fue descubierto en 2006 en la Tierra de Wilkes, Antártida, el cual provocó una onda sísmica de tal magnitud que repercutió en el lado opuesto del globo con la irrupción de las Siberians Traps. Este vulcanismo extremo, comprobado, arrojó a la atmósfera tal cantidad de gases de efecto invernadero que el calor retenido llegó a descongelar las fuentes de gas metano ubicadas bajo las costas oceánicas. Este gas metano, que potenció la espiral ascendente en el calentamiento global, provocó a su vez la proliferación de las bacterias anaerobias en el océano, las que emitieron de conjunto tal cantidad de sulfuro de hidrógeno que además de envenenar los mares debilitaron la capa de ozono a un nivel jamás experimentado, exponiendo a la calcinación por rayos ultravioleta a los pocos sectores sobrevivientes sobre la faz de la Tierra. El resultado de conjunto fue la aniquilación del 95 % de la vida en el planeta y la más larga odisea terrestre por su recuperación, en donde el mundo tan solo fue un páramo desértico dominado por los hongos.
¿A las puertas de una sexta extinción?
En nuestros días, la amenaza de extinción se vuelve una realidad cuando vemos que la emisión de gases de efecto invernadero provocado por más de cien años de impunidad e irracionalidad imperialistas podría superar a la provocada por la erupción de las Siberians Traps. Los científicos Natalia Shakhova e Igor Semiletov han venido estudiando la emisión de gas metano en la Siberia Oriental producto del derretimiento del Permafrost de las estepas y lechos marinos. El gas metano, en el corto plazo, tiene un efecto invernadero cien veces más poderoso que el CO2, y solo el 1 % de los depósitos siberianos estudiados por Shakhova y Semiletov (sin contar el resto de los yacimientos ubicados en Siberia, Alaska y el Ártico) serviría para doblar la cantidad de metano actual de la atmósfera. Según estos cálculos, el colapso sería inminente, ya que esta emisión masiva de gases, ya en curso, pisaría el acelerador del calentamiento global.
El enfrentamiento en la Cumbre de París
La Cumbre del Clima busca acordar un pacto que gestione la descarbonización de la economía internacional, para evitar aumentar la temperatura global más allá de los 2 °C, dado que esta cifra es considerada como el límite tras el cual el calentamiento global tomaría las dimensiones catastróficas anteriormente expuestas. Hay seis países isleños preocupados, puesto que sufrirían su desaparición en las próximas décadas con el aumento del nivel promedio del mar como consecuencia del derretimiento del Ártico. Este acuerdo que se busca entraría en vigor recién en 2020 (aunque con el fin de que perdure hasta el 2050) y requeriría, según la AIE, de una inversión de 13,5 billones de dólares y la ayuda internacional para los países pobres. Sin embargo muchos sectores críticos apuntan contra el IPCC, que representaría la posición oficialista (ONU) de la Cumbre, ya que cuestionan el carácter conservador de sus datos y políticas. El IPCC promueve acuerdos de largo plazo que apuesten a invertir en geoingeniería y se basa en cálculos que no integran el factor metano en la ecuación del calentamiento global. El grupo AMEG cuestiona justamente este hecho, que tendría como fin evitar radicalizar las políticas hacia los grandes grupos económicos petroleros, principales responsables del calentamiento global, y considera a la Cumbre de París como la última oportunidad para buscar un verdadero giro en la política de acuerdos para revertir el fenómeno climático que nos empuja al abismo.