jueves, 3 de diciembre de 2015

La flota ‘ballenera’ japonesa parte hacia la Antártida para cazar por lo menos 300 ballenas

Japón pretende cazar más de 300 ballenas antes de que termine la temporada en 2016 y cerca de 4.000 durante los próximos doce años como parte de un programa científico para la investigación de estos animales. 

La flota ballenera japonesa ha partido este martes hacia la Antártida para reanudar la caza de estos mamíferos tras un año de parón por una sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y después de las críticas de países como Australia y Estados Unidos, uno de sus principales aliados. Japón pretende cazar más de 300 ballenas antes de que termine la temporada en 2016 y cerca de 4.000 durante los próximos doce años como parte de un programa científico para la investigación de estos animales. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó en 2014 que Japón debe detener la caza de ballenas en el océano Antártico y una Comisión Ballenera Internacional dijo en abril de 2015 que el país todavía debe justificar su necesidad de matarlas. 


Sin embargo, Tokio ha recalculado su plan de caza establecido para temporada 2015/16 reduciendo el número de ballenas de la raza minke hasta 333, dos tercios menos que en temporadas anteriores. "El año pasado, lamentablemente, con el dictamen de la CIJ no pudimos cazar ballenas", ha dicho Tomoaki Nakao, el alcalde de Shimonoseki, ciudad situada al oeste del país y en la que se ubica la flota ballenera y que ocupa una parte del distrito electoral del primer ministro japonés, Shinzo Abe. "No hay un día más feliz que hoy", ha afirmado Nakao, dirigiéndose a la tripulación en una ceremonia celebrada antes de partir. Japón, que desde hace tiempo sostiene que la mayoría de las especies de ballenas no están en peligro de extinción y que comer su carne forma parte de su cultura alimentaria, empezó con la denominada "caza científica" en 1987, un año después de que entrara en vigor una moratoria internacional sobre la caza de ballenas. La carne de ballena termina vendiéndose en las tiendas, aunque la mayoría de los japoneses no la consumen. Activistas medioambientales condenaron la decisión de Japón. "Es completamente inaceptable que el Gobierno japonés ignore a la Corte Internacional de Justicia", ha lamentado en un comunicado Junichi Sato, director ejecutivo de Greenpeace en Japón.