miércoles, 9 de marzo de 2016

Extractivismo, patriarcado y derechos humanos



Los abusos de un modelo de despojo. Al fuerte componente de violencia contra activistas mujeres, se agrega que además eran indígenas y pobres; violencia con una fuerte connotación de género y una indiferencia aun mayor por parte del estado.
 
En memoria de Rosa Muñoz *
Por R. Gómez Mederos


Me lo dijo el río, fue la frase que Berta Cáceres mencionó a la televisora BBC de Londres en ocasión de haber ganado el premio Goldman , el llamado Nobel Verde, uno de los premios más importantes del mundo a favor de la defensa de la ecología y el medioambiente; el motivo: el haber ganado la batalla contra la poderosa constructora china Sinohydro, el Banco Mundial y el estado de Honduras; por cierto demás está decir la enorme desigualdad de fuerzas que intervinieron en el conflicto; así y todo Berta Cáceres y el pueblo lenca, la mayor etnia indígena de Honduras, organizado a partir de este conflicto para luchar contra la construcción de la represa de Agua Zarca, ubicada en el noroeste de Honduras, sobre la cuenca del Río Gualcarque , un rio de gran significación espiritual para los pueblos indígenas, y de una enorme biodiversidad , vital para el desarrollo cultural y social de dichos pueblos.
Según Global Witness, el asesinato de la líder indígena constituye un deceso más de una larga lista que va aumentando año a año y que tiene a las grandes corporaciones extractivistas globales como las mayores protagonistas de dichos hechos.
La ONG, Global Witness, documentó 147 muertes en 2012 en comparación con 51 en 2002. En Brasil 448 activistas vinculados a la defensa de los bienes naturales y la lucha que rodea todos los conflictos por estos, dejaron el saldo de, entre 2002 y 2013, 109 activistas en Honduras, 58 en Perú, 67 en Filipinas y en Tailandia 16, además de las persecuciones, amenazas y causas armadas a dirigentes y promotores civiles que se pronuncian en contra de la devastación del ambiente.
Pero estos asesinatos tienen como victimas primordialmente a mujeres; el caso de Berta Cáceres era conocido por la ONU, porque previamente fue amenazada en reiteradas oportunidades, Zeid Ra’ad Al Husein, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había pedido al Gobierno de Honduras que la protegiera, precisamente por estas amenazas.
Al fuerte componente de violencia contra activistas mujeres, se agrega que además eran indígenas y pobres; violencia con una fuerte connotación de género y una indiferencia aun mayor por parte del estado.
Según un reciente informe aparecido en el diario El País, la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de los Derechos Humanos denuncia al menos “1.700 agresiones diversas a estas mujeres: intimidación y hostigamiento, amenazas, campañas de desprestigio, violencia, detención irregular... Las activistas que defienden la tierra y el territorio son quienes sufren más agresiones, según los datos de esta organización; después, las que trabajan contra la violencia de género…”
En el mismo sentido, Alda Facio, experta independiente de la ONU sobre discriminación contra la mujer, afirma “Cuando nosotras defendemos los derechos humanos estamos desafiando a la vez las normas culturales, religiosas o sociales sobre de la feminidad y el papel pasivo que debemos desempeñar en nuestras sociedades patriarcales. Y eso genera hostilidad”.
Sofía Gatica, la activista argentina premiada con el Goldman, también fue blanco de agresiones directas contra su vida, de hecho fue golpeada y amenazada a punta de pistola por luchar contra la transnacional Monsanto que está fracasando en su intento de poner una planta en la localidad de Malvinas Argentinas en la provincia de Córdoba.
La insistencia con que el estado, en complicidad con las empresas, quiere imponer en los territorios de América un modelo de sumisión, encuentra, a las mujeres en pie de guerra en todos los ámbitos que sea necesario, y en algunas ocasiones tuerce el brazo del poder de turno, como los dos recientes fallos de la justicia argentina, por un lado la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que falló a favor del pueblo de Andalgalá en su pedido de amparo por el emprendimiento Agua Rica por entender que era la vía adecuada para "evitar el daño inminente al medio ambiente", pero además destaca la importancia de “la prevención del daño a futuro en temas ambientales (principio precautorio, Ley General del Ambiente) y resalta la realización de estudios científicos y la participación ciudadana como factores esenciales a la hora de autorizar -o no- emprendimientos de semejante magnitud; todo ello ausente en el presente caso…”
Pero el otro logro es la aceptación del Juez Casanello de la Asamblea Jáchal no se Toca, asamblea compuesta mayormente por mujeres, como querellante en la causa por la contaminación del Río Jáchal por parte de la transnacional Barrick con un millón de litros, aproximadamente, de cianuro; además ordeno un amplio estudio relativo a las aguas subterráneas de los departamentos de Iglesia y Jáchal de la provincia de San Juan; determinar si el agua de los afluentes de los ríos Potrerillos, Las Taguas, La Palca, Río Blanco y Río Jáchal drenan a los conductos subterráneos que llevan el agua para el consumo humano; análisis en vegetales y animales y muestras de suelo, como también ordenó que la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires realice un estudio sobre la población de las localidades de Jáchal e Iglesias para determinar si existió algún tipo de repercusión en su salud; pero la medida también considera una exhortación a las autoridades nacionales y provinciales para que provean de inmediato agua potable y alimentos no contaminados a toda la población que pudo haberse visto afectada por el derrame de cianuro.
El asesinato de Berta Cáceres pasa a formar la larga lista de luchadoras que han tenido que enfrentar asiduamente los embates de un sistema donde su única lógica es la ganancia a cualquier precio; pero su memoria y su lucha también abonará la semilla que viene creciendo sin retorno en el mundo entero contra las injusticias y las desigualdades.
Referencia:
* Activista contra la minera Barrick desde el principio de la lucha del pueblo de Jáchal contra la empresa. Formo parte del Grupo llamado Madres Jachalleras, hizo un cáncer producto de la contaminación del agua del Río Jáchal, fue perseguida y difamada junto a su compañera de lucha María José Salazar, aun llevando la pesada enfermedad a su cuesta , lucho hasta el final de su vida contra Barrick, predijo el desastre que luego ocurriría años después

Fuente: noalamina.org