Peligros del naturalismo acrítico

 Jorge Riechmann

Al fin y al cabo, la naturalización de lo social y lo cultural ha sido una de las armas favoritas de las fuerzas reaccionarias durante milenios, como bien saben los movimientos sociales que han luchado contra el patriarcado, la opresión religiosa, la dominación de clase, el racismo, las tergiversaciones nacionalistas o la represión de las sexualidades divergentes: sobran los ejemplos de construcciones culturales opresivas para grupos sociales específicos que eran legitimadas en virtud de su “naturalidad”. Incluso las políticas más abismalmente malignas –las políticas nazis de exterminio masivo, por ejemplo— han buscado legitimarse apelando a la naturaleza, y así el mismo Hitler –en una conversación con Rauschning que éste anotó— declaraba: “Tenemos el deber de despoblar, lo mismo que tenemos el deber de cuidar adecuadamente a la población alemana. (...) ¿Quiero yo eliminar estirpes enteras de un pueblo? ¡Sin duda alguna! Así aproximadamente, hacia ahí caminamos. La naturaleza es cruel. Por eso, también nosotros podemos serlo.”
 
Debemos ser especialmente rigurosos a la hora de invocar la naturaleza (en nuestro caso, a la hora de fundamentar nuestra propuesta de biomímesis). Hay que intentar trazar con nitidez las “distinciones fundamentales” a las que se alude, puesto que un naturalismo acrítico puede sin duda prestar apoyo ideológico a los sistemas de dominación que –por otra parte— han desempeñado un papel fundamental en el surgimiento de la crisis ecológica actual.

Biomímesis: respuestas a algunas objeciones. Jorge Riechmann -Ilustracion: Eneko

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