sábado, 26 de marzo de 2016

¿Otro mundo es posible?


Hugo Salinas

¿Otro mundo es posible? ¿Existe alguna posibilidad de modificar las grandes desigualdades socio-económicas existentes entre un ínfimo número de personas y la gran mayoría de la población? ¿Es posible eliminar todos los efectos perversos del actual sistema socio-económico, tales como el desempleo masivo, la pobreza extrema, la corrupción generalizada, la política como negocio, el sicariato, los paraísos fiscales, las fuerzas armadas y policiales al servicio del dinero, la droga, la corrupción, etc., etc.?

A principios del año 2016, Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, afirmó: “Simplemente no podemos aceptar que la mitad más pobre de la población mundial posea la misma riqueza que un puñado de personas ricas que cabrían sin problemas en un autobús” [1].
Que 62 personas sean más ricas que la suma de riquezas de tres mil seiscientos millones de personas, es más que escandaloso. Y que de esas 62 personas más ricas del mundo, 59 sean hombres y sólo 3 sean mujeres, nos muestra juntas todas las aberraciones de la “civilización occidental”.
Una civilización que bajo el manto de “democracia” continúa miles de años de dominación, exterminio, rapiña, esclavitud, servilismo y apropiación total de los bienes duramente producidos y construidos por los pueblos del mundo y, en especial, del Sur. Con el manto del “terrorismo” o “invasión de inmigrantes” pretenden ocultar las grandes desigualdades socio-económicas generadas durante estos miles de años de oprobio y humillación.
Sobre el particular, existe algo substancial a precisar. Una cosa son las desigualdades y otra, muy distinta, son las diferencias.
Las diferencias entre las personas, como entre los dedos de una misma mano, son de orden físico, intelectual, e incluso psíquico. Las diferencias tienen relación directa con las particularidades de cada ser humano. En cambio, las desigualdades tienen una naturaleza muy distinta.
Que la mayoría de la población mundial nazca pobre y muera extremadamente pobre, o que unas cuantas personas nazcan ricas y mueran inmensamente ricas, no tiene relación con la naturaleza propia del ser humano. Este fenómeno de lesa humanidad obedece a una forma de organización socio-económica impuesta a sangre y fuego. Además, este modus vivendi bien interiorizado en nuestro comportamiento, es relativamente reciente en la Historia de la Humanidad.
Y este será el substrato fundamental de todo el contenido de este libro: mostrar la causa fundamental de estas grandes desigualdades socio-económicas así como su alternativa de solución.
Todo indica que la solución está al alcance de nuestras manos, y que otro mundo es realmente posible. Para demostrarlo, utilizaremos algunos nuevos conceptos, redefiniremos otros, así como nos serviremos de una nueva visión de la economía y de la sociedad que, en su conjunto, constituye lo que se podría llamar una Teoría del Cambio. No tengamos temor a enfrentar nuestra realidad, ni seamos indiferentes a lo que, tanto “a los de arriba” como “a los de abajo”, hace mucho daño y obliga a vivir en un clima de inseguridad permanente.
Construyamos una sociedad de Libertad, Igualdad, y Fraternidad. Hagamos realidad estas hermosas frases que nos han legado nuestros padres. En otros términos, construyamos la sociedad del Buen Vivir, muy caro a nuestros orígenes, la civilización tawantinsuyana.

Nota:[1] 62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial | Oxfam International
Fuente: Rebelión - Imagen: ‪www.caritasmexicana.org‬