Intentan salvar a las marsopas de la extinción inminente

Las vaquitas son captura incidental, atrapadas y ahogadas en redes ilegales colocadas para el pez totoaba. (Paula Olson/NOAA)

Por Elisabeth Malkin

SAN FELIPE, México — En las aguas marinas poco profundas del Mar de Cortés nada una marsopa cuya existencia misma está en peligro. La marsopa marina de nariz chata es el cetáceo más pequeño del mundo. La especie vive sólo en el rincón norte del Mar de Cortés. Pero la voraz demanda en China por un pez que comparte su hábitat ha llevado a la marsopa miniatura al borde de la extinción.
 
No quedan más de 30 marsopas, según una estimación en noviembre basada en el monitoreo de sus clics de ecolocalización. La mitad de las marsopas contadas un año antes ha desaparecido.
Los conservacionistas han aconsejado a México sobre cómo salvar a la marsopa, pero todos los recursos empleados, incluyendo la protección de la Armada mexicana, han resultado infructuosos contra el comercio ilegal de la fauna silvestre. “Si continuamos en el mismo camino, no tendremos marsopas dentro de dos años”, dijo Barbara Taylor, experta en mamíferos marinos en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos.
Las marsopas son simplemente víctimas de la captura incidental, atrapadas y ahogadas en cortinas de redes de enmalle ilegales colocadas para un pez en peligro de extinción llamado el totoaba. La vejiga natatoria del pez es disecada y llevada de contrabando a China, donde comensales ricos pagan miles de dólares por el manjar, al creer que tiene poderes medicinales.
Para alimentar ese apetito, los pescadores ilegales del totoaba han matado al 90 por ciento de la población de marsopas desde 2011, de acuerdo con un programa de monitoreo en el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático de México.
Ahora que quedan tan pocas marsopas, los expertos que asesoran al gobierno mexicano han propuesto un esfuerzo de último recurso: capturar a varios especímenes y mantenerlos en un corral marino como una manera de conservar la especie. El plan involucraría entrenar a delfines de la Armada de EE.UU. para ubicar a las marsopas, luego capturarlas y transferirlas a un corral marino en su hábitat a lo largo de la costa del Mar de Cortés. La mayoría de las marsopas permanecería en el entorno silvestre.
Pero son muchas las incógnitas, dijo Taylor, empezando por si los delfines podrán ubicar a las marsopas, o si se podrá capturar a alguna.
Incluso en el mejor de los casos, es poco probable que criarlas en cautiverio restaure la población. Una marsopa hembra da a luz a una cría cada dos años.
Si la propuesta sigue adelante, la marsopa se uniría a otras especies al borde de la extinción —como el cóndor de California y el tamarino león dorado, en Brasil— que están siendo cuidadosamente manejados en alguna forma distinta a la de su entorno natural. Sería el primer esfuerzo de este tipo para un mamífero marino.
Hace dos años, el gobierno mexicano impuso una prohibición de dos años contra las redes de enmalle en casi 13 mil kilómetros cuadrados del hábitat de las marsopas y envió su Armada para imponerla. El gobierno también destinó 74 millones de dólares en compensación para las comunidades camaroneras y pesqueras del norte del Mar de Cortés. La esperanza era que dos años serían tiempo suficiente para terminar de desarrollar redes que no dañen a las marsopas.
Personal de un barco de la Sea Shepherd Conservation Society busca a pescadores con redes de enmalle ilegales. 
(Tara Pixley para The New York Times)
Sin embargo, los pescadores locales argumentan que las capturas de las nuevas redes son demasiado escasas para ganarse el sustento, y las autoridades se han mostrado comprensivas. “Nadie dejará sus redes de enmalle”, dijo Lorenzo Rojas Bracho, experto en mamíferos marinos.
La imposición prometida también se ha quedado corta. Eso fue evidente en febrero a bordo del Sam Simon, una nave operada por la Sea Shepherd Conservation Society. En un acuerdo con la Armada mexicana, la organización ambiental ha patrullado el hábitat de la marsopa, sacando redes ilegales del agua y detectando a pescadores ilegales. “Vemos actividad ilegal casi todos los días”, dijo Oona Layolle, líder de la campaña de Sea Shepherd, llamada Operación Milagro.
En febrero, un barco pesquero se detuvo a apenas unos cientos de metros del Sam Simon. Un miembro de la tripulación arrastró un gancho en el agua, buscando una red de enmalle. El Sam Simon envió un dron por encima del pequeño barco y éste se alejó de prisa, sólo para volver con más miembros de la tripulación a bordo, que lanzaron objetos contra el dron antes de irse de nuevo. Incluso con una llamada a la Armada mexicana, nadie llegó.
A pesar de una promesa el año pasado del presidente Enrique Peña Nieto, el gobierno aún no ha actuado respecto a una prohibición permanente a las redes de enmalle.
“Si no puedes eliminar las amenazas, la población sigue disminuyendo”, dijo Samuel Turvey, investigador en la Sociedad Zoológica de Londres. “No hay tiempo para la autocomplacencia”.

Fuente: http://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/?url=/clarin/content/view/full/58222

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