Luces a lo lejos
Lo primero fue decidir sobre el tiempo. Quienes aseguraban que no nos quedaba mucho quizás tenían razón, pero lo primero fue decidir que no había ninguna prisa, que el tiempo era nuestro ya para siempre. A veces nos llegaba un rumor insidioso, una voz interior que nos decía que el camino que habíamos elegido era equivocado, así que de la misma forma tuvimos que decidir cómo tomarnos ese ruido. Lo hicimos nuestro también. Rafael Daza Bravo Sabíamos que más allá había otras casas, así que imaginábamos con ilusión el próximo encuentro. Aunque de igual manera admitíamos que el contacto podría ser decepcionante, incluso destructivo, y para eso también nos preparábamos. Al fin y al cabo ya habíamos decidido igualmente que ellas, las personas con las que inevitablemente habríamos de encontrarnos, éramos nosotras. Una tarde por fin echamos abajo el muro. El paisaje se abría seco. Ráfagas de viento empujaban polvo y gravilla sobre nuestras tierras y se colaban por las grietas de la casa. Hasta ...