La muerte del bosque es también la muerte del espacio común
En los primeros meses de la pandemia, cuando el miedo, la incredulidad y la angustia poblaban el día a día, el bosque era el único lugar en el que estaba permitido salir a caminar. Por la naturaleza de su amplitud, era el único espacio público que aún podía transitarse con cierta libertad. El único requisito era no estar enferma, y por supuesto llevar una mascarilla encima por si acaso te encontrabas con alguien en algún momento del recorrido. Esa primavera de 2020 anduve sola o acompañada por distintos caminos, encontrándome con vecinos a los que solo podía saludar en la distancia, y allí, entre los árboles, conseguía liberarme del peso de mantenerme encerrada en casa. Todo parecía florecer al margen del silencio o del barullo que pudiéramos hacer nosotros. Más resplandeciente a mis ojos, quizá, porque había espacio suficiente en nuestras vidas para el silencio y para la observación. La vida vegetal parecía florecer con mayor libertad, siguiendo su curso, aunque fu...