jueves, 7 de enero de 2016

Argentina: Sin desalojo a la esperanza


La única esperanza es la acción, decía Jean-Paul Sartre renunciando a los altares de la academia y embarrándose los pies con el hedor de los condenados de la tierra. Muchas décadas después, ante la inminencia del avance del negocio de la muerte, la Asamblea General del acampe-bloqueo a Monsanto siembra acción y esperanza impidiendo a la empresa instalarse en la localidad de Malvinas Argentinas, Córdoba. Pero la represión desconoce los calendarios y no hay descanso para los que luchan: en vísperas de año nuevo una orden de desalojo puso en alerta a los asambleístas.
Por Mariano González
“La justicia es como las serpientes: solo muerde a los descalzos”
Eduardo Galeano

En Malvinas Argentinas, el agua aún baja turbia como el dolor de los embarazos perdidos y trae entre sus pliegues barrosos a la muerte invisible. Desde el cielo se siembran finales de piedra en los pulmones y más cáncer que alimentos mientras los niños sueñan goles atragantados por el ruido del avión mosquito.
La orden firmada por el Fiscal de Instrucción Víctor Hugo Chiapero, llegó el 30 de diciembre a las manos de la Asamblea. El año se sacudía la ropa y comenzaba a adquirir el color del recuerdo. La intimación sonó como un eco metálico tras las sierras: o se levanta el bloqueo o los verdugos del poder se abrirán paso por entre esa maleza de gente que resiste más que la soja que los mata. En medio de esa modorra que hiela los relojes de diciembre llegó la orden de desalojo exigiendo el levantamiento del acampe y la liberación del acceso para “permitir la libre circulación e ingreso de personas y cosas en el predio de la empresa Monsanto”.
Desde septiembre del 2013, vecinos, organizaciones y movimientos sociales se encuentran en estado de asamblea poniendo el cuerpo sobre la ruta provincial A-88, desafiando al monstruo del agente naranja. La orden de desalojo palideció el atardecer y dejó a las claras la maniobra política avalada por todos los órdenes gubernamentales que se disponen a maquillar de diálogo los palos que bajarán sobre los que no se rinden, acentuando aún más la disociación entre el discurso y la materialización en el universo de las decisiones políticas.
La intimación, además de llegar un día antes de que se entrara en feria judicial, carecía de toda legitimidad ya que desde el 2014 un amparo declaró inconstitucional la ordenanza mediante la cual el Honorable Concejo Deliberante de Malvinas Argentinas permitía la instalación de la planta de Monsanto. La orden desconoce, incluso, la normativa vigente en la ley provincial de convivencia ambiental que establece que ninguna empresa a la que se le haya rechazado el estudio de impacto ambiental puede presentarlo nuevamente. La Secretaría de Ambiente Provincial había rechazado el informe presentado por Monsanto en febrero del 2014 por serias carencias técnicas y omitir información necesaria para su posterior permiso, como la explicación sobre el tratamiento de los desechos generados y el agua a utilizar.
Amparados en esto y con el patrocinio del abogado Darío Ávila, las Asambleas presentaron un pedido de nulidad al juez Roberto Comejo, quien lo rechazó a las pocas horas dejando en vigencia la orden de desalojo y poniendo en estado de alerta y de asamblea permanente a los que sostienen el acampe.
Durante el mediodía del 31 de diciembre una conferencia de prensa dio luz a la palabra de la Asamblea diciendo que “la legalidad no corre para aquellos que defienden la vida, pero sí corre para las multinacionales que nos matan, saquean y contaminan”. Mientras tanto, Monsanto afila el lobby de impecable traje y corbata y el silencio nubla los calendarios en los medios de comunicación socios de la multinacional. Mientras tanto, Monsanto compra el silencio que seguirá sembrando las semillas patentadas para el biodiesel. Mientras, la Asamblea seguirá caminando por los caminos de la vida, sembrando rebeldía y cosechando futuro, aunque el tiempo hiera los cuerpos.
La maniobra política materializada en el brazo judicial, muestra los dientes de la represión y de la criminalización de la protesta como castigo que discipline las rebeldías por venir y delimite las esferas de manifestación. Los juristas seguirán rezando al artículo 194 del Código Penal impuesto por el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía para criminalizar a los que luchan.
El año se demoró unos minutos en el barro, lejos de las oficinas de las empresas que parecen ministerios, o viceversa. Dicen que la vieron quebrar el cielo de un rojo augurio y que en la oscuridad danzaron los pañuelos que tapaban los rostros de los compañeros. Dicen que la vieron allí y no derramada de los labios del brindis. Dicen que esa noche danzó descalza al calor de un fuego hasta que la noche se tiñó del frío de las brasas viejas. Dicen, los que allí estuvieron, que esa noche no fue la cáscara de una palabra sino la más dulce de las acciones, parida entre el sueño y el dolor. Dicen que esa noche, todos la miraron a los ojos; a ella: la esperanza.

Fuente: Agencia de Noticias Pelota de Trapo