viernes, 9 de octubre de 2015

Su recesión no es nuestro decrecimiento

Alexis J. Passadakis, Matthias Schmelzer

1) Nuestra meta: Los derechos sociales: de forma global y concreta
¿Cuál es nuestro objetivo con la crítica al concepto de crecimiento económico, y por qué creemos que es necesario esbozar unas líneas de vuelo para una economía decrecentista en esta coyuntura? Nuestro objetivo es establecer los derechos sociales a nivel mundial, de manera que una buena vida sea posible para todo el mundo. Nuestra alternativa como economía decrecentista justa no se centra simplemente en la "supervivencia de la humanidad" o en "salvar la naturaleza" de una forma abstracta, como ya hacen otras muchas voces que critican la noción de crecimiento ilimitado. Este tipo de perspectivas corren el peligro de oscurecer los derechos sociales concretos tanto individuales como colectivos. En lugar de ello, nuestro objetivo es satisfacer tanto la demanda de la justicia social y la igualdad en el aquí y ahora, como en el futuro. Al igual que en el pasado, cuando los granjeros ingleses fueron expulsados de los bienes comunes por la aristocracia terrateniente, la cuestión social no se puede considerar como algo separado de los valores ecológicos –a pesar de que se haya hecho con frecuencia en el pasado–. Después de una época en la que las empresas transnacionales se han ido apoderando de cada vez más recursos naturales, y en vista de la creciente biocrisis mundial (como la crisis climática, el pico del petróleo, la pérdida de biodiversidad, la degradación de la tierra, etc.), que amenaza de forma dramática la supervivencia de cientos de millones de personas, la justicia (global) sólo puede significar justicia socioecológica. Y un centro de coordenadas claro que apunta en esa dirección es el simplemente una economía decrecentista.
2) La naturaleza es limitada y resiliencia
El crecimiento ilimitado en un planeta finito es imposible. Los economistas neoclásicos eliminan de nuestro campo de visión la existencia de la naturaleza y su resiliencia. Tanto la materia, el espacio y el tiempo, como las dimensiones de lo que llamamos realidad, desaparecen en sus libros de texto. La naturaleza aparece sólo en la forma de recursos, que cuando escasea puede ser sustituida por el aumento de las inversiones del capital. Hoy en día, tanto la producción y la reproducción que se lleva acabo en nuestra sociedad se basan fundamentalmente en ella: ya que el planeta nos proporciona servicios (aire limpio, campos agrícolas, etc.), y materias primas que se extraen de ella y se transforman. Debido a esto la naturaleza tiene límites, que obviamente no pueden ser compensados por capital. Por supuesto, sería posible calcular los costes asociados al uso de máquinas de polinización artificial para un huerto en California, pero cuando no haya más abejas, realmente estaremos en serios problemas.
La bio-crisis global, sobre todo, la crisis climática, y el hecho de que pronto se alcanzará el pico de producción de petróleo (Peak Oil), imponen límites externos sobre el crecimiento económico. La conexión entre la explotación de las fuentes de energía fósil altamente concentradas y el sistema capitalista de crecimiento hace que el pico del petróleo (con pronósticos que van desde 2005 hasta 2020) sea un fenómeno especialmente crítico. La cuestión será simplemente cómo vamos a responder a ello: de una forma caótica y violenta, o con una planificación democrática y cooperativa. Sucesos climáticos mortalmente extremos y guerras por los recursos naturales proyectan grandes sombras futuras. Esto no mejorará las condiciones de las luchas sociales mundiales.
3) Desacoplar la economía no es posible
Los últimos años se ha visto un renacimiento de los conceptos como crecimiento "sostenible" o "verde", el Nuevo Pacto Verde u otras variaciones del capitalismo "verde". Los think tanks desarrollan nuevos conceptos, para que los políticos puedan crear nuevas mayorías. Lo común a todos estos enfoques es la noción de que una completa disociación entre el crecimiento económico del uso de recursos naturales y la destrucción del medio ambiente es posible. La creencia de que las innovaciones tecnológicas, las energías renovables, el aumento en la eficiencia del uso de los recursos y del sector servicios de la sociedad "verde" –objetivos proclamados para desmaterializar el crecimiento– serán capaces de hacer posible que el producto interno bruto siga creciendo, mientras que al mismo tiempo se usen cada vez menos energía fósil u otros recursos limitados. Este desacoplamiento –en la medida absoluta en la que sería necesario– es una completa ilusión. Por lo que la necesidad de reducir las emisiones de CO2 en los países industrializados del hemisferio Norte, manteniendo al mismo tiempo su crecimiento económico, exigiría unos aumentos de eficiencia de los recursos naturales y unos avances tecnológicos que están más allá de lo que es técnica y políticamente posible. Esto es debido también a la forma en que funciona nuestra economía, que nos aporta la evidencia histórica de una tasa decreciente en innovación y el fracaso de las estrategias de desacoplamiento hasta la fecha. Por lo tanto, crecer económicamente fuera de la biocrisis actual no es una opción viable. Por otra parte, la reducción de la economía a un nivel saludable en el Norte es necesario para que las regiones más pobres del sur tengan otro tipo de opciones diferentes para ellas mismas en el futuro a medio plazo (ej. Buen Vivir, Ubuntu,...).
4) "Leur récession n'est pas notre décroissance!"
... Fue un eslogan durante las protestas contra la crisis en el 2009 en Francia ("Su recesión no es nuestro decrecimiento!"). Porque una cosa es cierta: Nuestra idea de una economía decrecentista no es simplemente reducir el tamaño de las economías dentro de las estructuras económicas y sociales existentes y relaciones distributivas –ya que esto llevaría a recortes sociales masivos, pobreza y otros síntomas de la crisis capitalista, como los que estamos actualmente experimentando. Dentro de las estructuras crecimiento-dependientes que existen en la actualidad, una economía estanca o en recesión implica que los aumentos en la productividad no pueden ser compensados por el crecimiento económico, por lo tanto el desempleo aumenta rápidamente. La demanda inevitablemente disminuye, la crisis se intensifica, y la recesión viene acompañada de deflación. Al mismo tiempo, los ingresos fiscales administrados disminuyen, los sistemas de seguridad social comienzan a estar bajo presión, y la deuda se incrementa a pasos agigantados. Todo ello conduce a una peligrosa espiral de recesión y empobrecimiento. En el capitalismo crecimiento-dependiente se cumplen los siguientes pasos: contracción = recesión = crisis social.
5) ... y su austeridad no es nuestro decrecimiento!
La transformación hacia una economía decrecentista exige luchar por una nueva gramática económica, una que abogue por una justicia social y una buena vida para la gente de todo el mundo. Esto implicaría, como consecuencia, una reducción del PIB. Sin embargo, centrarse únicamente en el imperativo de reducir la economía puede caer en ser un mensaje reduccionista y peligroso. Esto se hace evidente dentro de las diferentes variedades neoliberales-conservadoras o neo-feudales que son criticas con el crecimiento económico hoy en día, especialmente en la República Federal de Alemania, que con sus argumentos de raíz ecológica se unen al coro reaccionario de: "Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", o "Tenemos que apretarnos el cinturón" y convierten la critica hacia el crecimiento en un argumento de base para justificar la austeridad y los recortes en los servicios sociales.En oposición a esto, el concepto de una economía decrecentista basada en la solidaridad lleva a una reducción negociada de la producción y el consumo de una forma democrática con el fin de permitir que los derechos sociales sean una realidad para todo el mundo, tanto a nivel mundial, ahora como en el futuro.
6) No hay un buen crecimiento, sólo una buena vida!
El decrecimiento no está dirigido a la especulación abstracta y utópica de una sociedad que emerge después del capitalismo, sino que tiene como objetivo reconocer a menudo dinámicas socio-económicas y ecológicas que no se ven, y la correspondiente reorientación de las estrategias emancipatorias. Los gobiernos y las empresas transnacionales se oponen a esto. Y lo mismo puede decirse de los que agitan contra la crisis actual el lema "No a los recortes, más crecimiento", como los burócratas de la Federación Europea de Sindicatos.A pesar de la necesidad de hacer retroceder los recortes sociales, se cae en la ilusión de que los problemas sociales pueden ser resueltos por un mayor crecimiento. Durante décadas, las tasas de crecimiento de los países industrializados han ido disminuyendo, algo que es debido, no sólo a los límites del crecimiento (como el aumento del costo de los recursos, la destrucción del clima, etc.), sino también a las barreras internas del desarrollo capitalista (como la saturación relativa de la demanda). El crecimiento por sí solo no ha sido suficiente para reducir el desempleo estructural efectivo (debido a la tendencia de crecimiento sin empleo) que existe desde hace tiempo; ni tampoco aumenta el bienestar público; por lo que la marea no levanta todos los barcos. El cénit del petróleo es también un serio desafío a las estrategias pro-crecimiento de la izquierda tradicional. Las guerras libradas para asegurar las materias primas, las catastróficas perforaciones en aguas profundas y los millones de refugiados son una parte integral del modelo de crecimiento basado en los combustibles fósiles. El crecimiento se opone al objetivo de los derechos sociales globales. Porque los valores abstractos de cambio y las oportunidades de acumulación para unos pocos, hacen que una buena vida para todo el mundo sea imposible.
7) Adiós, Keynes - buenos días Keynes y más allá…
La formulación de políticas keynesianas falló en los 70/80, cuando el modelo económico ya no era capaz de satisfacer los mismos ritmos de producción de capital. En pocas palabras: el modelo de crecimiento keynesiano alcanzó su límite. La respuesta fue la contrarrevolución neoliberal, como Milton Friedman, el propio cerebro de la misma, la llamó. Pero igualmente, el modelo de crecimiento neoliberal del capitalismo financiero también está en crisis. A pesar del fracaso del keynesianismo –sobre todo en el contexto global– y de que los límites ecológicos cada vez son más evidentes, todavía hay esperanzas para una nueva fase keynesiana, en forma de un programa de crecimiento ecológico keynesiano que vaya más allá del capitalismo financiero característico del mercado neoliberal, algo que hace perder la perspectiva del problema real. Aunque muchos conceptos analizados por la izquierda emancipadora –incluso la keynesiana– siguen siendo importantes, especialmente los que se enfocan a reducir la injusticia social y la explotación: en forma de una redistribución radical, disminuyendo las horas de trabajo, y potenciar una economía más democrática y un control cada vez mayor de los capitales y la inversión. Es necesario reconceptualizar todos estos conceptos y ligarlos a ideas que van más allá de la perspectiva actual, como la (re)apropiación de los bienes comunes, la desglobalización, la existencia de nuevas formas de trabajo, la soberanía alimentaria y la democracia energética, bajo los principios de una economía que no tiene como ultimo imperativo “el crecer”, sino que tiende hacia la estabilización. Por lo que es necesario descubrir el Keynes oculto, la teoría del Estado estable y preguntarse cómo esbozar una sociedad liberada de la obligación de trabajar y del afán de lucro. Todo esto hace necesario atravesar e ir más allá de Keynes, con el fin de alcanzar un modelo decrecentista justo.
8) Reducir la producción, reducir las horas de trabajo, redistribuir la riqueza, regular la inversión
El decrecimiento implica una ruptura con la lógica superficial y de suma positiva formuladora de políticas de distribución y de la ilusión de una economía basada en la escasez artificial, en la que sólo hay redistribución cuando la economía crece. No sólo se ha demostrado que el "efecto goteo" ha fallado completamente; sino que el crecimiento contribuye directamente a la producción del llamado “subdesarrollo” y al incremento de las desigualdades sociales. A pesar de que hay suficiente para todo el mundo. Por lo tanto la riqueza debe ser distribuida equitativamente, y sin el objetivo de hacerla crecer constantemente. Para que esto sea posible, no sólo necesitamos un ingreso mínimo, sino también un ingreso máximo, como el movimiento decrecentista francés demanda.
El decrecimiento también dice adiós a la ilusión de una sociedad con pleno empleo basado en el crecimiento económico. Debido a que durante mucho tiempo, las tasas reales de crecimiento no han sido suficientes para integrar la fuerza de trabajo, debido a los aumentos en la productividad y a la mercantilización dentro del mercado de trabajo. La alternativa a permitir pasivamente que grandes sectores de la sociedad sean cada vez más pobres y "obsoletos" es la de acortar las horas de trabajo para todo el mundo. Además, de que la reducción del número absoluto de horas laborales asalariadas es realmente necesario para una reducción a largo plazo del PIB. 20 horas son suficientes –para empezar–. Y no lo olvide: hay una vida más allá del trabajo asalariado, que –como enfatizan siempre las economistas feministas– forma gran parte del trabajo necesario para la (re) producción de la sociedad!. El cual ha de ser distribuido entre todo el mundo.
La reducción de la jornada laboral aunque forme parte de la arena de los engranajes de la economía pro-crecimiento crea una debate necesario y estratégico, pero que por sí solo no es suficiente. Al final, una "racionalización" masiva de esta política por parte de las empresas sería su respuesta, donde el imperativo de obtener beneficios, y de crecer, no serían cuestionados. Las nuevas formas de transacción demonetizadas, una simple economía solidaria y el cultivo / manejo de los bienes comunes son elementos cruciales. Al mismo tiempo, es necesario intervenir de una forma real en el capitalismo financiero existente, para controlar la inversión de una forma democrática y darle la vuelta – alejándola de los sectores basados en los combustibles fósiles y en el crecimiento para orientarla hacia la "economía del cuidado", el valor de uso de servicios organizados entorno a bases sociales y una reorganización socio-ecológica. Y en vez de abogar por el servicio de la deuda (pública), luchamos por la cancelación de la misma. La deuda ha de desaparecer!
9) Más allá del capitalismo
Todos aquellos que intentan seriamente ir más allá de una crítica hacia el crecimiento y luchar por el decrecimiento de la economía han de hacer frente a enormes desafíos, porque es cuestión de una transformación fundamental de la sociedad, que ha de hacerlo desde sus propias raíces. Conceptos tecnocráticos plausibles para una economía decrecentista, como proyectos en forma de islas ejemplares existentes dentro de la economía solidaria son algo esencial, pero no son suficientes si el proceso de acumulación capitalista sigue en marcha. El crecimiento está impulsado por la autorrealización ciega del capital: el dinero se invierte en la producción con el fin de ganar más dinero, lo que implica un aumento en la producción del valor. De este modo, el decrecimiento significa que las oportunidades de auto-valorización del capital han de disminuir y las reivindicaciones ficticias sobre activos, inflados por los mercados financieros, no pueden ser una realidad. Además, con el fin de llegar a una economía justa y ecológica, muchas instalaciones de producción– sobre todo en los sectores asociados al uso de combustibles fósiles –deben cerrarse como base para una transformación hacia una economía decrecentista (desinversora). Ambos significan la destrucción del capital. No hay otro camino alrededor de este núcleo central de la economía política, si queremos que los derechos sociales globales sean una realidad, y por lo tanto no hay forma de ignorar la cuestión del poder. El problema: el proyecto neoliberal de globalización, con su liberalización de mercados (OMC, FMI), su privatización, su desregulación y sus ataques a los agentes sociales colectivos, que han incrementado el poder del capital transnacional activo de una forma exponencial. FAQ: ¿qué constelación de agentes sociales, con que intereses, medios y estrategias tiene la voluntad y la capacidad de establecer una economía decrecentista justa y la necesaria desmercantilización y demonetización de los diferentes sectores de la (re)producción?
10) Buen Vivir más allá de la tradición y la modernidad
La idea del eterno crecimiento, ligada a la idea del homo economicus, es un componente integral del concepto de modernidad. Es hora de abandonar esta idea aquí y ahora. Pero la buena noticia es: "Nunca hemos sido modernos", como Bruno Latour descubrió y Donna Haraway confirmó. Tampoco somos los "dromomaniacs" (fanáticos de la velocidad) que hemos sido llamados por el urbanista francés Paul Virilio. Pero incluso si abandonamos el crecimiento –Adiós, adiós!– seguiremos reclamando conceptos modernos como los derechos humanos y la democracia, que han sido el fruto de largas luchas por la emancipación. El decrecimiento no significa abandonar la idea de la posibilidad de que exista progreso sino de liberarlo de su asociación con la creencia de que implica acumular bienes y crecer económicamente. Por lo tanto, el decrecimiento no significa volver a la tradición, a la edad de piedra, o ceder a un todo vale pos-modernista. El decrecimiento se toma en serio la situación post-colonial y la constelación multipolar causada por el ascenso de los países en vías de industrialización, y por ende, la cuestión de la justicia global y la igualdad. La utopía concreta de la buena vida (buen vivir) en una sociedad igualitaria sin crecimiento constituye un nuevo punto de orientación más allá de la tradición y la modernidad. La idea de una economía decrecentista justa reabre el horizonte de oportunidades que van más allá de la posición dominante de gobernar concepciones económicas e imperativos. Es una cuestión de de-colonización de la imaginación, de la desmitificación de las concepciones fetichizadas tales como crecimiento económico, progreso, trabajo asalariado, eficiencia y PNB. Preguntando caminamos ...
11) Trans-comunalismo en lugar de post-democracia
La democracia ha sufrido duros ataques con las diferentes oleadas neoliberales desde los 70/80. Pero el ultimo asociado a las condiciones de emergencia producidas por la crisis económica mundial y los planes de rescate masivos a los bancos se ha llegado a la post-democracia. Los impactos sociales de la crisis y las consecuencias también sociales de la bio-crisis actual han aumentado considerablemente la presión sobre las estructuras democráticas. Por lo tanto, una economía decrecentista justa requiere de nuevas instituciones democráticas, que signifique la reconstitución de la democracia local y nacional. Una democracia europea y una democracia global todavía son un largo camino por recorrer. Por tanto, la reestructuración de la producción conlleva la desglobalización, por ende una nueva articulación del nivel local con el nacional y a su vez con el mundial sobre la base de nuevos procedimientos democráticos. Entre ellos el control de los mercados financieros, y especialmente de las inversiones. No vamos a caer en la trampa del localismo miope. Tampoco la del chovinismo racista en vista de los flujos migratorios y de las nueve mil millones de personas estimadas que viven en este planeta. Por lo tanto, es necesario inventar estrategias democráticas trans-comunales.
12) El horizonte del decrecimiento
Batallas defensivas contra las políticas de austeridad afectarán a la segunda fase de la crisis, que comenzó en la zona euro. Estas luchas contra los recortes sociales son y seguirán siendo defensivas. Un proyecto en modo ofensivo para llegar más allá (de la fuerza neoliberal financiera de mercados) del capitalismo no es todavía evidente. Pero se necesita un nuevo horizonte con el fin de centrar nuestras energías. Uno de los puntos guía (direcciones) que marca este nuevo horizonte es el de una economía decrecentista (con base solidaria).
El altermundialismo o los movimientos de "justicia global" (que comprenden los sindicatos, grupos políticos, redes y organizaciones) con su posición anti-neoliberal desempeñaron un papel importante en la reconstitución de la cuestión social después de los largos años de neo-liberalismo “pensé unique" de los años 90. Alrededor de 2007/08 –simbolizado por la creación de la Justicia Climática Ahora! en la Cumbre del Clima en Bali, la primera conferencia sobre decrecimiento en París, y sobre todo por los movimientos indígenas en el Foro Social Mundial de Belem, etc.– comenzó la reconstitución del campo de la ecología política crítica, la justicia ambiental y climática.
Es imprescindible para nosotros que la justicia ecológica se convierte en un componente integral de potencial de segundo ciclo del movimiento de "justicia global". El horizonte por el decrecimiento une las cuestiones sociales y ecológicas (de distribución), conecta micro-prácticas con conceptos macroeconómicos y une de forma trans-comunal lo local con lo nacional y con lo global. El decrecimiento económico es una perspectiva para un movimiento ofensivo que conecta lo viejo con lo nuevo dando lugar a un horizonte que viene para quedarse.

 Fuente: - Diagonal