SURPLUS,Terrorismo de consumo




El pasado viernes se proyectó en la ciudad de Bariloche “SURPLUS” en el Ciclo Ecologista de Videos auspiciado por Piuké y Che Papá.

Comprar, comprar, comprar
Surplus analiza el enfermizo consumismo que se ha venido instalando poco a poco en la sociedad globalizada. El comprar por comprar, el comprar por impulsos, el comprar sin necesitar, cómo el comprar nos hace más materialistas y superficiales, cómo empeoramos como personas al cerrar los ojos ante los verdaderos problemas...
Surplus hace su reflexión atacando no sólo a los consumidores, sino -y especialmente- al sistema capitalista que promueve estas actitudes, que permite la avalancha de mensajes publicitarios que puebla las calles. Es innegable, claro, el marcado sesgo ideológico de la visión social propuesta por el director.
Un montaje frenético y una música continua se adaptan perfectamente a lo que el Erik Gandini grita a voces: ¡frenemos este terrorismo consumista!SURPLUS

(SUPERAVIT) [2003]
Superavit supone una representación perfecta y excepcional de la cultura antisistema. El film de Gandini no recurre a la humanización del problema para reforzar su tesis. No cae en esa despreciable trampa política que obliga a proponer alternativas antes de criticar el orden actual. Superavit no construye, destruye. Sus principios son los de atacar con todas las armas posibles, destrozar sin escrúpulos la moral imperante, aunque esto suponga utilizar métodos ilícitos según el esquema racional (político y cinematográfico).

Los elementos cinematográficos a los que recurre tampoco se ajustan al rigor que se presupone en el género documental. Es pura manipulación. Y es éste precisamente su mayor interés. Denuncia la macro-propaganda tomando prestadas sus más descaradas armas de persuasión, con un doble objetivo: atraer adeptos a su causa y llamar la atención sobre el peligro de dejarse llevar por un caudal de inocente información politizada. Entre una edición frenética, un constante acompañamiento musical y un inagotable juego de montajes audiovisuales, Surplus logra poner en evidencia las contradicciones del sistema, cargar de entusiasmo su anti-discurso de cara a un público irascible.

"En 2003 la productora sueca ATMO lanzó a las vías de distribución alternativas (es decir, internet) su película "Surplus, terrorized into being consumers". Responsable de otros títulos de claro contenido político (GITMO: The new rules of war o Sacrificio - Who betrayed Che Guevara?), ATMO ha conseguido que el boca a boca extienda el film hasta los círculos especializados, tanto festivales de cine documental como universidades y foros de debate socio-político.

Pero Surplus es más que un documental político. Por un lado supone una representación perfecta y excepcional de la cultura antisistema, al implicarse y tomar partido en lugar de mantener una distancia prudencial respecto al material que trata (meta perseguida también, por cierto, en la discutible El taxista ful). Pero además lo hace -y aquí es donde el film gana enteros- recurriendo a técnicas que mezclan la tradición vanguardista europea (de Vertov a Godard) con esa estética naciente y polémica que solemos llamar videoclipera.

Otros títulos recientes del cine documental han explotado también el inagotable terreno de la globalización. En La pesadilla de Darwin Hubert Sauper optaba por huir de los grandes temas y acercaba su cámara a los secretos de uno de los minúsculos escenarios en los que hace estragos la trampa del libre mercado. En The Take Naomi Klein y Avi Lewis tomaron también una pequeña muestra (el corralito argentino) como exponente representativo de un problema global, pero a diferencia del trabajo de Sauper el film canadiense caía en un inaceptable didactismo y en un falso optimismo que escondía, en realidad, su superficialidad. Cabe señalar, por cierto, la poca originalidad de sus responsables al tomar las melodías de Gotan Project (La revancha del tango) como banda musical; las mismas notas sonaban en Surplus un año antes...

Pero ni éstos ni los demás proyectos similares tienen la ambición de ATMO. El film de Gandini no recurre a la humanización del problema para reforzar su tesis (como La pesadilla de Darwin). No cae en esa despreciable trampa política que obliga a proponer alternativas antes de criticar el orden actual (como The take). Surplus no construye, destruye. Exactamente igual que sus protagonistas. Porque, digámoslo claro, la película de Gandini es un arma, un artefacto de propaganda del pensamiento antisistema. Como tal, sus principios son los de atacar con todas las armas posibles, destrozar sin escrúpulos la moral imperante, aunque esto suponga utilizar métodos ilícitos según el esquema racional (político y cinematográfico). La intención queda clara desde el principio: al diablo la moderación. Se trata de negar (no cuestionar, no poner en duda) la validez de los modelos políticos conocidos en la Historia Actual (la etiqueta que empieza a usarse para abarcar desde el fin de la II GM hasta nuestros días), de Lenin a Keynes, de Marx a Adam Smith.

No es casualidad que los primeros planos nos remitan a la tragedia de Génova en 2001, hito de nuestra era que convirtió en mártir a Carlo Giuliani. Surplus se alinea abiertamente con el movimiento del Black Block y cualquier forma de lucha activa. Niega las normas básicas de un “contrato social” que considera tramposo y criminal. En consecuencia, los elementos cinematográficos a los que recurre tampoco se ajustan al rigor que se presupone en el género documental. Es pura manipulación. Y es éste precisamente su mayor interés. Denuncia la macro-propaganda tomando prestadas sus más descaradas armas de persuasión, construyendo una micro-propaganda, un duelo ideológico (del que sale vencedor) con un doble objetivo: atraer adeptos a su causa y llamar la atención sobre el peligro de dejarse llevar por un caudal de inocente información politizada. Entre una edición frenética, un constante acompañamiento musical y un inagotable juego de montajes audiovisuales, Surplus logra poner en evidencia las contradicciones del sistema (palabra odiosa, lo sé), cargar de entusiasmo su anti-discurso de cara a un público irascible. El resultado es curiosamente honesto, puesto que plantea su posicionamiento desde el primer minuto. Pero además consigue aprovechar la urgencia, la necesidad de las posturas radicales, para hacer que el film lata con una fuerza innegable. Es esa misma urgencia la que salvó a Medem en su aventura con La pelota vasca. La piel contra la pierda (mucho menos honesta, pero igualmente viva). Y es esa misma necesidad la que a menudo olvidan los documentales políticos.

No cabe duda de que, incluso en su estilo radical, la película es imperfecta. Fallan sobre todo las secuencias que nos describen el vacío existencial de un joven multimillonario, en las que el gamberrismo deja paso a lo pueril. También puede entenderse como un error haber ilustrado en su desenlace esa supuesta Arcadia que nos propone John Zerzan. La representación de la utopía es tan tentadora como traicionera. Pero también en este caso, de un modo similar al que vivimos con el film de Medem, los errores no alcanzan a solapar el vigor del manifiesto.

El pasado verano Michael Glawogger nos recordó, con su extraordinaria Workingman’s death, que todavía sigue vigente el modelo de sinfonía visual, de documental pictórico sin rastros de reportajismo, inmortalizado hace un siglo en los films de Vertov, Ivens, Ruttman o Vigo. De algún modo Surplus recupera esa tradición, aunque partiendo más bien de los ensayos derivados de ella en los años setenta de la mano de Godard. Aunque suene a blasfemia, nunca una película estuvo tan cerca de aquella frase del eterno enfant terrible: ¿Dónde está hoy en día Eisenstein? En los anuncios de pantys. Ahí reside el sano ejercicio de ATMO, en dar la vuelta a los anuncios de pantys."

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