- Argentina: Misiones - pinos, pasteras y mentira





La provincia de Misiones nació bella con su selva misionera, pero
también creció con vocación sufrida. La historia del despojo comenzó
con los conquistadores españoles sometiendo a los pueblos guaraníes
originarios de la zona, quitándoles su libertad y desarticulando su
forma de vida.

En tiempos más recientes, Misiones sangró por su selva, talada
indiscriminadamente y en condiciones inhumanas para la industria
maderera. Por el río Paraná se fueron yendo en jangadas los preciosos
lapachos, timbós, ybira-pitás, peteribís y tantos más, rumbo al
mercado nacional y mundial. En poco más de un siglo la selva
misionera se redujo a un tercio de la superficie original.

Paralelamente creció la actividad agropecuaria. La yerba mate, cuya
cosecha originalmente era de yerbatales naturales, fue sustituida por
la extensión de la producción bajo cultivo, compartiendo el espacio
territorial con el té, citrus y tabaco. Hubo concentración de la
tierra, con grandes plantadores, pero también se impulsó un programa
estatal de colonización agrícola a partir de una estructura
básicamente familiar, a pequeña y mediana escala  propiedades que en
general oscilaban entre 25 y 50 hectáreas , con cultivos anuales y un
cultivo central de yerba.

En torno a esta estructura se desarrolló una población rural que
trabajaba en su gran mayoría en tareas agrícolas de preparación del
suelo, siembra, cosecha. También habilitaba a que los peones tuvieran
un pedazo de tierra para vivir allí con su familia, lo que les
permitía tener cierta soberanía alimentaria.

Esa situación comenzó a tener un vuelco a partir de la década del
40, cuando se instala en Puerto Piray, municipio del departamento de
Montecarlo, la empresa nacional Celulosa Argentina para la producción
de pulpa de papel, dando inicio a la plantación de monocultivos de
pinos. Esa fábrica de celulosa, inserta en el modelo de sustitución
de las importaciones, debió enfrentar una gran resistencia obrera, en
el año 1968, por denuncias de condiciones insalubres de trabajo.

En los años de la dictadura, y sobre la represión del movimiento
social, se produce una reconversión de la economía. Se pone en marcha
un proyecto para la construcción de mega fábricas de celulosa con la
mayoría accionaria de Celulosa Argentina: la fallida Celulosa Puerto
Piray S.A.(actualmente una fábrica obsoleta), y Alto Paraná S.A.

La expansión forestal adquiere gran impulso en 1998 con la ley de
promoción forestal 25080, que otorga una serie de beneficios:
subsidios para plantar, subsidios a través de la devolución del IVA,
exención de impuestos (de ingresos e inmobiliarios), eliminación del
cobro de guía y una enorme estabilidad fiscal por 30 años, que el
gobierno provincial puede ampliar a 50.

Esto, sumado a la desregulación de la yerba del mercado
consignatario (que aseguraba al productor un precio de venta superior
a sus costos y negociaba su venta con los grandes molinos), fue el
tiro de gracia al sistema de producción familiar.

Los colonos y los cultivos de citrus, té, yerba, tabaco, se vieron
desplazados por el avance de las plantaciones, fundamentalmente de
pino Elliotti  cuya resina quema la hoja de la yerba y no permite
que crezca abajo , pero también pino Taeda y eucaliptos. Las chacras
fueron compradas para forestación o utilizadas en algunos casos por el
propio colono para la plantación de pinos creyendo que era un gran
negocio, lo que luego demostró no ser tal para ellos.

Los colonos que perdieron sus chacras se urbanizaron; se debilitó la
figura predominante del empleador rural y con ello también las fuentes
de trabajo que generaban. Fue el desmantelamiento de la población
rural. En el departamento de Montecarlo, por ejemplo, había parajes
en los que en promedio vivían más de 150 familias, y que
desaparecieron o sufrieron notables pérdidas. A la vez que se perdió
población rural, surgieron numerosos asentamientos urbanos y
suburbanos en la zona.

Ese viejo sistema de apropiación que, si bien daba trabajo, se
apoyaba en la explotación de los trabajadores, no cambió por otro más
equitativo. La propiedad de la tierra se concentró y luego se
extranjerizó. Alto Paraná fue comprada en 1996 por la empresa chilena
Celulosa Arauco y Constitución (Celarauco), del grupo Angelini, que
luego compró también Celulosa Puerto Piray. Esta última transacción
ha sido denunciada como un proceso de fraude violento al Estado
municipal, ya que para poder venderla hubo que condonar deudas que la
fábrica tenía con la municipalidad. De los 10 millones de dólares que
debía al municipio terminó pagando 200.000 pesos argentinos
(aproximadamente 50.000 dólares), más 300 hectáreas de tierra, dos
camiones, una pala caterpillar. La llegada de estos capitales
extranjeros no fue gratuita para el erario público.

La entrada de Alto Paraná en escena provocó una concentración de la
tierra en la provincia de Misiones. A modo de ejemplo, solo en el
municipio de Piray la empresa posee el 62,5% de la tierra, y junto
con otras tres reúne el 83%. A nivel de la provincia, las 233 mil
hectáreas de Alto Paraná representan el diez por ciento del suelo
provincial (1).

Y la concentración no es solamente de la tierra sino también de la
materia prima: los pequeños aserraderos se fueron quedando sin acceso
a la madera, rezagados en materia tecnológica, y cerraron, aumentando
el desempleo. Por otro lado, los trabajadores no fueron
necesariamente absorbidos por la nueva fábrica ya que con la
creciente tecnificación, las tareas en las plantaciones de árboles,
como la plantación y la cosecha, que al principio generaban empleo,
fueron sustituyéndose por máquinas y agrotóxicos.

Hoy, con este modelo, el escenario es que el 53% de la población de
la zona no tiene trabajo, y del 47% que tiene ingreso, el 86% gana
menos de un salario mínimo.

A eso se suma la pérdida de agua en la provincia. Originalmente la
deforestación por la tala excesiva fue el principal factor de pérdida
de agua, en la medida que la desaparición del bosque alteró el ciclo
hídrico. Luego, las plantaciones a gran escala de árboles exóticos y
de rápido crecimiento, con su enorme eficiencia para aprovechar el
agua a través de sus raíces que llegan a las profundidades del suelo,
agudizaron el problema.

Las plantaciones de árboles destruyeron selva misionera,
concentraron y extranjerizaron la tierra con la consiguiente
inequidad social y pérdida de soberanía, desplazaron sistemas
agrícolas familiares, causaron un sinnúmero de impactos sobre el
ambiente y la salud (2). También trajeron consigo, al decir de uno de
los hijos de la tierra misionera, la gran mentira  La gran mentira
de habernos transformado en el polo foresto-industrial más importante
del país, para lo que hubo que pagar millones de dólares, más la
destrucción de la selva y de las organizaciones sindicales y
sociales.

Detrás de la gran mentira es necesario desnudar la realidad de la
Misiones forestal, en momentos en que la industria de monocultivos de
árboles intenta presentarse en el Congreso Forestal Mundial como una
actividad ecológica. Para Misiones, el desarrollo forestal de las
plantaciones está lejos de traerle un equilibrio vital, como anuncia
el eslogan del Congreso.

Por Raquel Núñez  raquelnu@wrm.org.uy
, en base a la recorrida realizada con Elizabeth Díaz por el norte de
la provincia de Misiones, con el generoso acompañamiento y valiosa
información y testimonios de Ruben Ortiz, Juan Yahdjian y varios
vecinos de la comunidad Piray 18 y del resto de la zona.

(1) La invasión forestal, Darío Aranda, publicado el 26 de Julio
de 2009 en Página 12, accesible en
http://www.wrm.org.uy/paises/Argentina/invasion_forestal.html

(2) Misiones: la selva de Quiroga convertida en pinos para
celulosa, Ricardo Carrere, julio de 2005,
http://www.guayubira.org.uy/celulosa/informeMisiones.html

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