EN LA ANTÁRTIDA NO HAY LUGAR PARA LOS “PESADOS”





El pingüe negocio de los cruceros a la Antártida, que hace furor de algunos años a esta parte, está a punto de finalizar. Alarmados por el creciente número de embarcaciones de gran porte que se llegan hasta el continente blanco, desde las Naciones Unidas se comenzó a analizar la posibilidad de vetar el ingreso de aquellas que utilicen o carguen combustibles con una densidad mayor a 900 kilogramos por metro cúbico (HGO por sus siglas en inglés), es decir, los glamorosos cruceros.
Si la Organización Marítima Internacional (OMI) pone el gancho para que esto sea así, a partir de 2011 se terminarán las postales que muestran a sonrientes pasajeros con un fondo blanco y pingüinos incluidos. Según se escuchó en los pasillos de ese organismo internacional –que tiene la última palabra en la materia-, la prohibición regiría a partir de los 60 grados Latitud Sur.
Las empresas del sector calcularon que se perderán el 45 por ciento de las ganancias ante un mercado que, por la prohibición, elegirá otros rumbos para sus vacaciones. Se perdería alrededor del 33 por ciento de los viajantes que aprovechan los cruceros que hacen escala en alguna paradisíaca playa brasileña, la costa uruguaya, puntos de la Argentina y hasta las Islas Malvinas, para llegarse a la Antártida.
Los combustibles cuestionados, conocidos como “pesados”, y que tienen una temperatura de 15 grados centígrados, esconden el peligro de que en caso de un derrame provocarían un fuerte impacto sobre el ecosistema.
“Si llega a haber un problema de derrame de combustibles, las dificultades propuestas desde el ambiente, climáticas, y de aislamiento geográfico, hacen que se complique mucho la posibilidad de respuesta rápida y eficaz para controlar y minimizar las consecuencias negativas”, destacó Verónica Cirelli, líder del Proyecto Antártida y Océanos Australes de la Fundación Vida Silvestre.
Las condiciones climáticas de la Antártida son un factor de riesgo que dificulta la recuperación de un ambiente habitado por poblaciones muy vulnerables. Además, esas mismas características del clima producen una lenta pero constante degradación. La opción que ven los especialistas es la de cambiar el tipo de combustible.
De parte del sector del empresariado turístico se ha comenzado una serie de reuniones con el objetivo de solicitar un aplazamiento de la medida. También han comenzado a movilizarse los empresarios de buques de transporte de carga, que no podrán circular si llevan en sus bodegas ese tipo de combustible.
Fuente: medioymedio.com.ar

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