jueves, 23 de septiembre de 2010

The Ecologist pone en evidencia cómo funciona la industria láctea en Estados Unidos.





The Ecologist, revista de referencia sobre medio ambiente fundada en 1970, ha realizado una investigación encubierta sobre la producción intensiva de leche en California, Estados Unidos. Lo que ha encontrado no recuerda la tierna imagen de un vaso de leche sacado de una vaquita lechera que pasta tranquila en una colina verde, sino intimidación, uso de pesticidas y contaminación.
En el Valle Central de California están las plantas de producción láctea más grandes del mundo, varios cientos de granjas lecheras. Y es también, según señala la investigación que The Ecologist ha desarrollado junto a la Sociedad Mundial para la Protección de los Animales (WSPA, siglas de su nombre en inglés), el campo de una batalla entre los activistas de la comunidad y los pequeños granjeros, contra las todopoderosas megagranjas.
Los investigadores encubiertos describen las instalaciones como una línea de producción en masa, con largas filas de vacas con las ubres extendida yendo y viniendo de salas de ordeño rotativas. Es un ciclo continuo y diario que se detiene sólo cuando la producción de leche comienza a disminuir, y los animales son re-impregnados o enviados al matadero.

Datos inquietantes sobre la producción de leche de vaca

Creo que ya he dicho esto antes, probablemente, como ahora, después de leer una de las respuestas de Umbra Fisk a los lectores de Grist. Lo repetiré: queremos saber la verdad, pero ¿estamos listos para ella? Luego de leer cómo se produce la leche de vaca en Estados Unidos, probablemente muchos comenzarán a considerar bebidas alternativas.
Explica Umbra que, al igual que el ser humano, las vacas producen leche para alimentar a sus crías. Así, para que produzcan suficiente leche para el consumo humano son preñadas artificialmente. Su periodo de gestación dura nueves meses, durante la mayoría de los cuales se extrae su leche. Para aumentar su capacidad de producción, suelen inyectárseles hormonas de crecimiento bovino que pueden generar en los animales una infección llamada mastitis.
Una vez nacidos, los terneros son apartados de sus madres para integrarse en el ciclo de nuestra alimentación: las hembras se convierten en vacas lecheras durante unos cuatro años -su esperanza de vida media es de 20 años- luego de lo cual son consideradas “gastadas” y destinadas al matadero. Los terneros pasan al matadero directamente y terminan convertidos en filetes.
La leche animal tiene un sabor particular que no he conseguido en otra bebida. Cuando lo hecho mucho de menos, procuro comprar leche de una granja de los Pirineos que supongo producida por una vaca que pasa sus días pastando sin presiones y alimentando a sus lactantes cuando toca. Y cuando no logra encontrar esta leche -no se distribuye a gran escala- busco al menos una certificación orgánica y de sostenibilidad que calme un poco my culpa.
El resto de las veces, me divido entre la leche -obviamente no es exactamente leche- de almendras y avena. Las hay de soja y arroz también, pero prefiero el sabor de las almendras y la avena. Además, me sientan muy bien en el estómago.

Vía | www.theecologist.org
Fotografía | Dave Gingrich
Vía | www.grist.org
Fotografía | David Monniaux