jueves, 30 de septiembre de 2010

Rusia quiere arrasar su 'arca de Noé' vegetal





El Gobierno de Dimitri Medvédev planea destruir una reserva de variedades frutales extintas para convertirla en una urbanización de apartamentos de lujo.

La leyenda dice que, durante el cerco nazi a Leningrado, cuando muchos rusos optaron por el canibalismo ante la táctica de las tropas de Adolf Hitler de matar a la ciudad de hambre y frío, varios científicos murieron rodeados de semillas comestibles en la Estación Experimental de Pavlovsk. Prefirieron la inanición y la muerte antes que destruir para siempre algunos especímenes únicos en el mundo. 

Pavlovsk, fundada en 1926 cerca de la actual San Petersburgo por el botánico ruso Nikolai Vavilov, guarda una colección única de casi 6.000 variedades diferentes de árboles frutales y plantas. Muchas de ellas, el 90% según algunas estimaciones, sólo existen allí. Hace tiempo que se extinguieron en el resto del planeta. Y ahora, en pleno Año de la Biodiversidad de la ONU, el Gobierno de Dmitri Medvédev quiere meter los bulldozers para levantar en la parcela apartamentos de lujo. Más de 600 variedades de manzanas, 75 de peras, 1.000 de grosellas y otro millar de fresas, entre otras muchas, se perderán para siempre. 


La decisión ha enfurecido a la comunidad científica internacional. Las variedades vegetales custodiadas en Pavlovsk son una especie de seguro de vida para la humanidad frente a pestes mundiales u otras catástrofes. Como otros bancos de semillas y colecciones de plantas, son un arca de Noé vegetal con el que repoblar el planeta si hay una sequía global o una pandemia. 

"Una pérdida tremenda" 
"Las colecciones científicas no deberían sacrificarse por beneficios económicos cortoplacistas ni debería permitirse que se degraden por falta de financiación", protestaron la semana pasada en un duro comunicado la Sociedad de Ecología de EEUU (ESA) y el Instituto Americano de Ciencias Biológicas (AIBS). "Urgimos al Gobierno ruso a impedir los planes inminentes de arrasar el lugar para urbanizarlo", exigió el presidente de la ESA, Terry Chapin, porque "destruir de manera deliberada esta colección única de plantas sería una pérdida tremenda para las generaciones futuras". 

La presión internacional no ha servido para detener los planes gubernamentales. Tras una campaña para enviar al Kremlin consignas contra el derribo a través de Twitterayer se alcanzaron las 50.000 peticiones el propio Medvédev anunció el 13 de agosto en esta red social de mensajes instantáneos que abría una investigación sobre el asunto. Los resultados no han convencido. La agencia encargada de subastar el suelo de Pavlovsk, la Fundación Rusa de Construcción de Viviendas, anunció la semana pasada que pretende retrasar unos cinco años la destrucción de la colección de plantas forrajeras, las destinadas al ganado, para posibilitar su mudanza a otro lugar. Pero ni palabra de la famosa colección de frutas y bayas. La subasta de esta parcela estaba prevista para mañana. 

"Siguen en pie todas las razones para que estemos extremadamente inquietos por el destino de esta diversidad, incluso si apreciamos este paso positivo dado por los promotores", declaró hace unos días Cary Fowler, director ejecutivo del Global Crop Diversity Trust, una organización vinculada a Naciones Unidas que trabaja en todo el mundo para garantizar la diversidad de los cultivos. 

Prohibido el paso

Durante el verano, la peor sequía de los últimos 130 años en Rusia ha arruinado una cuarta parte de la cosecha de cereales del país y ha provocado una ola de incendios. Sin embargo, las autoridades rusas mantuvieron su decisión de arrasar su arca de Noé vegetal, donde podrían estar algunas soluciones a sus problemas. El 27 de agosto, el director de la estación, Fyodor Mikhovich, denunció a la agencia RIA Novosti que la Fundación Rusa de Construcción de Viviendas le había prohibido, como al resto de investigadores, entrar en las parcelas de la colección de frutas y bayas. "Me dijeron que era su propiedad y que no metiera mis narices en ella", lamentó el director, que lleva 32 años al frente de la institución. 

El escándalo de Pavlovsk ha llegado a España. Luis Ayerbe, director del Centro Nacional de Recursos Fitogenéticos, pone la polémica en contexto: "El 80% de las variedades locales agrícolas mundiales ya ha desaparecido. Y unas pocas se conservan en lugares como Pavlovsk. Son fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria del mundo". 

El centro de Ayerbe es el encargado de completar el inventario español de variedades agrícolas, 70.000 tipos custodiados en 34 bancos desperdigados por todas las comunidades autónomas. En España, donde según Ayerbe las administraciones dan importancia a estos depósitos y no sufren recortes económicos, las empresas que comercializan semillas o árboles piden continuamente a los bancos variedades tradicionales para mejorar las modernas y hacerlas más resistentes a las sequías o a las plagas. Si los bulldozers arrasan Pavlovsk, se perderán para siempre cientos de mecanismos vegetales para resistir a futuros desafíos. Ayerbe se ofrece a salvar el tesoro. "Si la FAO [la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación] decide coordinar un rescate, podríamos participar", sostiene. 


La Asociación Española de Ecología Terrestre también ha reaccionado y estudia emitir un comunicado de condena. El catedrático de Botánica de la Universidad Rey Juan Carlos, José María Iriondo, miembro de la asociación, se muestra "indignado" por la posible eliminación de la estación. "Todas las colecciones de variedades vegetales son importantes, pero esta, además, es especial, porque Vavilov fue el padre de todas las demás".